
VUELTAS, Villa Clara.—Yudiel Ramos Pérez, pudo ser tornero, mecánico, electricista, chofer o quién sabe cuántos trabajos más podría haber desempeñado atendiendo a la destreza e inteligencia que lo caracteriza. Sin embargo, cuando debió decidir el rumbo de su vida, no lo pensó dos veces y optó por continuar el camino de su padre: sería campesino.
Con solo 21 años de edad, él es uno de los 31 soldados desmovilizados del servicio activo en las FAR o el Minint en Villa Clara, que en los últimos años decidieron solicitar tierra a través del Decreto Ley 300, para trabajarla y hacerla producir.
“Transité por el servicio militar dentro de las tropas guardafronteras, a las cuales agradezco muchísimo por la disciplina y el sentido de la responsabilidad que inculcaron en mí, además de enseñarme varios oficios como la mecánica y otras cuestiones que llevaré conmigo mientras viva”, señala con orgullo Yudiel.
Cuenta asimismo, que llegado el momento de elegir el futuro a seguir, algunos trataron de convencerlo para que continuara en la vida militar, mas siempre tuvo claro que su lugar estaba en la finca Mamey, al lado de sus progenitores, Wilfredo y Silvia, quienes siempre inculcaron en el vástago, que la labor de agricultor también era una manera honrada de ganarse la vida.
Fue así como, en septiembre del pasado año, le fueron entregadas poco más de nueve hectáreas de tierra con el fin de dedicarlas al cultivo del tabaco, una siembra que no es nueva para él porque ya su padre ha experimentado en el fomento de esa aromática hoja.
DE TAL PALO TAL ASTILLA
Desde niño, el pequeño Yudiel Ramos recorría la finca junto a su padre, unas veces a pie y otras a caballo, y hasta una guataca hubo que fabricarle para que él pudiera “ayudar” al viejo en sus quehaceres.
Cuenta su mamá Silvia, que en cuanto llegaba de la escuela, en lugar de ponerse a jugar como los demás chicos de la comarca, él corría a cambiarse el uniforme por un short y un par de botas, e iba junto a Wilfredo para auxiliarlo en lo que hiciera falta.
Eso sí, siempre ha sido un muchacho muy serio y responsable para sus cosas, señala la madre, quien pondera el recio carácter y la voluntad que lo identifica, lo cual hace presagiar que llegará a ser tan buen campesino como su papá.
Por su parte, el padre no puede negar el orgullo que siente por su hijo, a quien considera relevo y continuador de todas sus creaciones en la finca Mamey, perteneciente al poblado de Aguada de Moya, en el Consejo Popular Vueltas.
En realidad, he tenido que enseñarle muy poco, porque como se crió entre bueyes, surcos y plantaciones, ya conoce la mayoría de los secretos del campo, reconoce Wilfredo, quien piensa que su hijo triunfará en el nuevo empeño porque tiene madera para eso y mucho más.
Al respecto, el exsoldado, convertido ahora en agricultor, explica que el tiempo le ha jugado una mala pasada para iniciar la siembra de las posturas de tabaco, varias veces perdidas a causa de fenómenos climáticos adversos, mas ha sabido aprovechar las oportunidades que brinda la naturaleza a fin de fomentar cultivos como la yuca, el frijol, el ajo y el boniato, entre otros.
Lo importante es no perder un segundo. Si algo te sale mal, hay que buscar soluciones, no problemas. Esa es la filosofía que aprendí de mi padre, y si él triunfó en el campo, yo también lo haré porque no puedo defraudar su confianza.













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