
MANICARAGUA, Villa Clara.—Yulexis Moya Alarcón vino al mundo el pasado 29 de octubre, en el hospital materno Mariana Grajales de Santa Clara, con cuyo alumbramiento suman poco más de 4 600 los infantes nacidos en la zona comprendida en el Plan Turquino manicaragüense desde su aparición en 1976.
Ahora, a sus escasos 32 días de nacida, ella es incapaz de comprender los desvelos de muchísimas personas que visten batas blancas para que su mamá Magüín Alarcón lograra el feliz parto, e incluso, tal vez nunca llegue a conocer a los médicos, enfermeras, neonatólogas, genetistas y otros especialistas que durante varios meses trabajaron sin descanso con el propósito de que su nacimiento llegara a puerto seguro.
Gracias a esa labor, unas veces anónima y otras más visible, los indicadores de salud mostrados por esa abrupta geografía villaclareña resultan de lujo, en especial los de mortalidad materna e infantil, incomparables con etapas anteriores al triunfo de la Revolución, donde ninguna estadística confiable pudo asegurar las verdaderas cifras de infantes y madres fallecidas.
De acuerdo con datos aportados por el doctor Arnaldo Meneses Oramas, director municipal de salud, en los 39 años de existencia del Plan Turquino en Manicaragua, allí han nacido 4 641 niños, un número que dice a las claras cuánto han tenido que trabajar para lograr que madres y pequeñines puedan salvarse.
De igual manera, cita otras estadísticas que asombran, como el hecho de estar el municipio por debajo de cuatro fallecidos por cada 1 000 nacidos vivos en los últimos años, incluyendo el 1,5 que alcanzó en el 2014, indicador más bajo de su historia.
En el caso del bajo peso al nacer, el municipio más montañoso de Villa Clara reporta este año 4,5, parámetro que en el Plan Turquino resulta ligeramente inferior, al igual que la mortalidad escolar y en menores de cinco años, que está en cero.
Referente a la mortalidad materna, Adán Villavicencio, director de la policlínica Paula María Pérez Morales, de Jibacoa, explica que en ese lapso de casi cuatro décadas, reportan una sola madre fallecida; en tanto, en las últimas dos décadas, solo tres infantes murieron, primando como causa las malformaciones congénitas.
A explicar las razones de tantos éxitos, el Dr. Villavicencio menciona en primera instancia la labor de los médicos y enfermeras de familia, quienes desde sus 14 consultorios dieron eficaz seguimiento a las embarazadas y los recién nacidos, además del empeño del Grupo Básico de Salud asociado a la policlínica de Jibacoa, entre otros actores.
UNA DOCTORA DE ALTURA
Durante 20 años, desde que se graduó en 1995, la doctora Arletty Vázquez Fariñas ha estado vinculada a los pobladores del Plan Turquino, primero en la empresa cafetalera Jibacoa y luego en el consultorio médico número once, donde atendió a una población de más de 1 000 habitantes.
De igual manera, ha laborado como vicedirectora docente y de asistencia médica, y tras su regreso de la misión cumplida en el Estado Plurinacional de
Bolivia, Arletty se capacitó para realizar ultrasonidos, empeño en el cual labora actualmente.
“Nunca he querido desligarme de esta zona porque aquí reside una población de mucha nobleza y humildad, que te atrapa con su cariño. La relación entre nosotros ya es casi de familia”, asegura la doctora, quien añade que han sido dos décadas de muchos sacrificios; viajando a caballo, en camiones, en tractores o en lo que sea, pero también de mucha dicha.
Al respecto, señala la alegría que ella siente cuando puede comunicar a la madre que todo va bien, que su hijo viene sin problemas o decirle el sexo del bebé. “Ver en su rostro la satisfacción no tiene precio. Solo una madre sabe lo que se siente cuando llega ese momento”, refiere Arletty.
También reconoce la tristeza que la embarga cuando sucede lo contrario y debe comunicar a la futura mamá la necesidad de interrumpir el embarazo por determinadas razones incompatibles con la vida o que su bebé está fallecido intraútero. “Ese día no como, no duermo y de verdad que siento una pena muy grande”.
En 20 años de labor, la doctora manicaragüense puede decir con satisfacción, que la inmensa mayoría de los niños nacidos en esas empinadas montañas han pasado por sus manos de alguna manera, ya sea como médico de familia, directiva o en la sala donde realiza los ultrasonidos genéticos.
Entre los mayores gustos, la doctora menciona las múltiples ocasiones en que, gracias a su labor y la de muchos otros especialistas, ha logrado salvar la vida de un niño, de la madre o de ambos.
En ese caso recuerda una paciente que llegó al cuerpo de guardia con dolor abdominal, y al hacerle el ultrasonido observó un peritoneo, es decir presencia de sangre en la cavidad abdominal. En ese instante ordenó a la mujer no moverse hasta que llegaran los especialistas del Sistema Integral de Urgencia Médica, quienes acudieron con inmediatez y a las dos horas ya estaba operada en Santa Clara, salvando su vida.
Por deleites como ese, y otras muchas experiencias vividas, la doctora Arletty Vázquez Fariñas, una mujer que prefiere las alturas, asegura que no se irá jamás del lomerío.













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Anar dijo:
1
3 de diciembre de 2015
08:41:49
penelope dijo:
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3 de diciembre de 2015
10:42:59
Mercedes Simpson dijo:
3
3 de diciembre de 2015
13:27:30
Dayan dijo:
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3 de diciembre de 2015
20:30:45
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