ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Liborio Noval

Hace casi siglo y medio de aquel 20 de octubre y, sin embargo, una nación entera se sigue emocionando cada vez que lo escucha, y se imagina al músico y poeta que supo ir a la gloria y al cadalso, escribiendo sobre la montura, y la ciudad ardiendo. “Que Bayamo fue un sol refulgente”, decía la Bayamesa de la Guerra. La canción que se quedó en ocho versos que invitan a pelear, retan a la muerte necesaria y prometen vida eterna. Es el himno de Bayamo, la marcha de la bandera, el himno nacional de Cuba. No nació por encargo ni en un concurso, lo compuso una y otra vez un pueblo entero que se sacrificó para tener patria.

Todas las naciones se van formando de comunidades que se reconocen singulares y únicas, y tejen lentamente su madeja de palabras, comidas, costumbres, gestos, ritos, fiestas, trabajos, prejuicios, recuerdos, olvidos. Pero las hay que también necesitan gestas, epopeyas en las que un pueblo impar se ratifica y se vuelve dueño de sí mismo entre dolores y hazañas, victorias y derrotas, esfuerzos supremos y jornadas asombrosas. Este fue el caso de la formación de la nación cubana.

Bien visto, no podía ser de otro modo. La isla más extensa del Caribe, situada en un lugar demasiado estratégico, colonia de comunicaciones y militar del imperio español, se había convertido en un gigantesco emporio, exportador ingente de azúcar para Europa y Estados Unidos, sobre la base de moler las culturas y las vidas de un millón de esclavos traídos de África. Cuba estuvo en la punta de la tecnología mundial, la gestión de negocios capitalista, grandes avances de las técnicas, el confort, las letras, las artes y el pensamiento, mientras la gran masa de trabajadores era exprimida hasta la muerte y la condición humana de cientos de miles de personas era humillada y negada. ¿Qué identidad del pueblo de la isla podía formarse así? Ni soñar con una identidad nacional. Y al mismo tiempo, la opresión colonial se hizo cada vez más dura y agobiante, centrada en la exacción y el atropello.
Cuando la América ibérica se independizó, la clase dominante criolla prefirió apoyar a España, y durante todo el siglo XIX se aferró a su sistema explotador, sus riquezas y su lugar social privilegiado. Se negó a ser clase nacional, y fue antinacional cada vez que lo consideró necesario.

Carlos Manuel de Céspedes les exigió a sus compañeros ponerse de pie, y el 10 de octubre de 1868 destrozó los imposibles. Por eso José Julián Martí, un muchacho habanero, comenzó así su poema: “No es un sueño, es verdad, grito de guerra… Los iniciadores destruyen imposibles; los revolu­cio­na­rios aprenden a domarlos y a trabajar con ellos. Los mambises que sostuvieron la pelea en más de media Cuba durante diez años tuvieron que volverse superiores a ellos mismos, no solo a sus circunstancias. Céspedes liberó a sus esclavos la primera mañana, pero el cálculo político, los valores heredados y el racismo les ponían obstáculos a la justicia en el amanecer de la libertad. Martí escribió, veinte años después: “aquella arrogante e inevitable alma de amo con que salieron los criollos del barracón a la libertad (…) como atolondró al espantado señorío la revolución franca e impetuosa”. La independencia y la abolición tuvieron que fundirse y ser una, la forma de gobierno tuvo que ser republicana y reunir la libertad personal y las libertades ciudadanas. Para hacer realidad la hasta hacía poco impensable identidad nacional y poder reconocerse como cubanos, todos, líderes y pueblo, tuvieron que recorrer un camino largo y muy difícil.

La guerra revolucionaria cambió los términos de los problemas. Ella se alimentó del sacrificio, el heroísmo y la participación de muchos miles de personas humildes, hombres, mujeres, familias. Dar la vida, pasar hambre y todas las escaseces, combatir, perseverar, todas las formas de la entrega y el altruismo se hicieron cotidianas. La bandera del triángulo rojo y la estrella solitaria se volvió sagrada, y la marcha, el campamento, el héroe, el amado y la amada, la jornada de sangre y de muerte, se expresaron en canciones. Próceres y pobres de todos los colores aprendieron que la rebeldía les daba a sus luchas y sus necesidades más sentidas probabilidades de éxito. Y todos aprendieron a sentirse hermanos mientras compartían todas las vicisitudes. En aquella fragua tremenda nació la identidad nacional cubana, de contenido y objetivos populares.

Frente al final sin triunfo, la Protesta de Baraguá fue la expresión mayor de la intransigencia revolucionaria cubana y como tal adquirió un extraordinario valor político y simbólico, pero también hizo visible el paso de la bandera de la revolución, desde los grandes y medianos propietarios a gente de origen popular.

Dos opciones antirrevolucionarias confrontó el proceso nacional: el anexionismo y el reformismo. El primero se nutrió de intereses esclavistas y fue medio de presión, pero también motivó a algunos activistas sinceros que veían en Estados Un­i­dos al polo de modernidad y democracia. Después de Yara y Ba­raguá, el anexionismo ya solamente pudo ser entreguismo, incapacidad de ser cubano o traición.[1] El reformismo viejo, conforme con ser subalterno, pedía que se le concediera al colono ser súbdito. El nuevo reformismo autonomista quiso suplantar al pueblo que subestimaba, pasar por representante politiquero de Cuba ante la metrópoli y ayudar a que no hubiera otra revolución.

A ambos les cerró el paso la nueva epopeya desatada por Martí en 1895. El pueblo de la isla se fue en masa a la guerra revolucionaria, a conquistar la independencia, forjar la nación y crear el Estado cubano, y pasar a la vez la escuela creadora de personas libres con capacidades originales y experiencias formadoras, los ciudadanos de la república nueva del proyecto martiano, iniciadora de la segunda independencia americana. Las cubanas y los cubanos se sacrificaron en una guerra total, y el Ejército Libertador derrotó al colonialismo. Las culturas de Cuba, contiguas o en conflicto durante el decurso colonial, que habían adelantado mucho sus intercambios a partir de la Revolución de Yara, ahora se fusionaron en medio de aquella prueba suprema. Se plasmó así la cultura nacional cubana, que en sus dimensiones populares posee una enorme carga de acumulaciones políticas.

A diferencia de países en los que lo popular guarda distancia de lo político y disimula la exclusión o subalternidad de la gente común, en Cuba se produjo una imbricación muy fuerte de ambas dimensiones en el curso de la formación revolucionaria de la identidad cubana y la constitución política e ideológica de la especificidad nacional. Las creaciones simbólicas fundamentales de la cultura política cubana están más cargadas de sentidos populares que de proposiciones y elaboraciones de grupos selectos. Es así con el patriotismo nacionalista, la unión entre justicia social y libertad, la vocación republicana democrática, la negación de la anexión a los Estados Unidos, el antimperialismo, y también con las ideas más contemporáneas de socialismo e internacionalismo.

Entre 1898 y hoy la nación y la cultura cubanas han vivido una intensa historia, jalonada por acontecimientos y procesos trascendentales. La ocupación militar estadounidense y la implantación del neocolonialismo, con la complicidad subalterna de la burguesía cubana, y el triunfo y el despliegue de la revolución socialista de liberación nacional a partir de 1959, fueron dos hitos fundamentales. En la coyuntura del 2015, el día de la cultura nacional nos encuentra inmersos en un nuevo episodio de la larga batalla. Estados Unidos, que no ha abandonado en modo alguno su objetivo estratégico de destruir el socialismo cubano y socavar nuestra soberanía nacional, emprende ahora una “ofensiva de paz” dirigida a apoyar iniciativas, representaciones, relaciones y valores capitalistas, y debilitar los fundamentos morales y espirituales de la sociedad y la manera de vivir que hemos construido entre todos.

Las respuestas a la política imperialista no pueden separarse de las acciones dirigidas a defender y profundizar nuestro socialismo, que serán, en realidad, lo decisivo. La defensa y la exaltación de la cultura nacional es una acción de la mayor importancia. Pongamos en el centro al patriotismo popular y de justicia social, logremos que la bandera nacional esté al alcance de todos y hagámosla flotar por todas partes, por todo el país. Seamos, como Antonio Maceo, obreros de la libertad, y que sea nuestra la consigna del poeta; “que no deben haber dos banderas / donde basta con una: la mía”.


[1] Martí, que siempre vela por nosotros, nos ha dejado textos que es bueno releer, como “Vindicación de Cuba” o el poema “Al extranjero”.

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el socialismo real dijo:

1

19 de octubre de 2015

20:21:48


Hay que buscar las vias posibles para que nuestro pueblo tenga la posibilidad de compra ó adquisición de nuestra bandera nacional, muchos cubanos quieren exhibir la enseña nacional en sus casas, hay que llenar las calles de cubanía, medios de comunicación y entidades estatales, hay que buscar vías para contrarrestar y nó subestimar las corrientes anexionistas que corren por todo el país, la acción es indispensable ahora, no se puede postergar ni mirar hacia otro lado, no se puede ser ingenuos ni blandos, hay que salvar la Patria, hay que salvar la Revolución, hay que salvar el Socialismo.

JORGE LUIS PARRA PANEQUE dijo:

2

20 de octubre de 2015

05:18:01


DESDE GUNEA ECUATORIAL///Colaboracion MES Un dia como este dia/// sobre un corcel muy triunfal//nuestro himno nacional//por Perucho se escribia//Bayamo se enardecia///por su estirpe soberana/// y la patria muy lozana/// inspirando rebeldia /// le dio placer a este dia ///de la cultura cubana.....

abelboca dijo:

3

20 de octubre de 2015

08:34:23


El Himno de Bayamo derivó, posteriormente, en el Himno Nacional, pero no es el himno nacional. Hay que tener cuidado con este tema de trascendencia nacional. La música del Himno de Bayamo sufrió matices al convertirse en Nacional, aunque la esencia de la misma se mantuvo. La letra del Himno de Bayamo era el doble del actual Himno Nacional. Al de Bayamo se le suprimieron todas las estrofas que hacían referencia al gobierno español, y en particular a las tropas españolas. Por eso, una cosa es el Himno de Bayamo, o otra el Himno Nacional. Me parece que esto debe enseñarse en las escuelas y la prensa debería publicar el Himno de Bayamo original para que la población conozca las diferencias entre ambos himnos. La historia, compañeros, hay que respetarla y divulgarla tal cual ha sido. Gracias.

MIGUEL ANGEL dijo:

4

20 de octubre de 2015

10:13:27


TODO LO Q SE HA EXPUESTO ES CIERTO, PERO LA ESENCIA DEL TRABAJO ES EXCELENTE, DONDE SE REALIZA UN RECORRIDO HISTORICO ENALTECIENDO NUESTROS VALORES, LO IMPORTANTE SR ABELBOCA ES Q NUESTRO HIMNO NACIONAL NACIO EN EL COMBATE, ESTABA MUY INFLUENCIADO POR LA MARSELLESA, INCLUSO SUS NOTAS MUSICALES, FUE EVOLUCIONANDO HASTA LLEGAR AL GENUINO, MADURO, SE PERFECCIONO, COMO LA MAYORIA DE LAS OBRAS REVOCIONARIAS, PERO NADIE SE ATRVE A ARREBATARLE LA AUTORIA AL INSIGNE PATRIOTA PERUCHO FIGUEREDO, NI TAMPOCO NEGAR LAS CONDICIONES DE CONMATE, DE PATRITISMO EN Q FUE CREADO, PERDURANDO HASTA NUESTROS DIAS. DESDE LA REPUBLICA DE ANGOLA, EN COLABORACION MEDICA. FELICITO AL LIC FERNANDO MARTINEZ POR SU EXCELENTE TRABAJO. ABRAZOS.

ENRIQUE RODRIGUEZ dijo:

5

20 de octubre de 2015

11:52:29


cubano-americano de MIAMI: COMO BAYAMES ME SIENTO ORGULLOSO DE BAYAMO Y DEL DIA DE LA CULTURA NACIONAL CUBANA. ! VIVA BAYAMO! VIVA CESPEDES! VIVA MARTI! VIVA FIDEL Y RAUL!

ENRIQUE RODRIGUEZ dijo:

6

20 de octubre de 2015

11:53:59


VIVA BAYAMO!,SOY CUBANO-AMERICANO DE MIAMI Y BAYAMES DE LA QUE ESTOY ORGULLOSO. VIVA FIDEL Y RAUL!

ENRIQUE RODRIGUEZ dijo:

7

20 de octubre de 2015

11:57:22


ESTA EQUIVOCADO,ABELBOCA.EL HIMNO NACIONAL,SU NOMBRE OFICIAL ES EL HIMNO DE BAYAMO O LA BAYAMESA ( no confundir con la cancion ).o sea el himno de cuba es el himno de BAYAMO. CUBANO-AMERICANO DE MIAMI

Raubel dijo:

8

20 de octubre de 2015

15:28:35


Felicitar a todos los patriotas dentro y fuera de nuestra sagrada Isla de Cuba en el día de la Cultura Nacional, Abelboca cae usted en ambigüedades de nuestra historia, nuestro Himno Nacional es este compuesto por Pedro Figueredo (perucho) y que nuestro pueblo ha mantenido a través de la tradición oral al desaparecer la escritura original en el acto heroico del incendio de la ciudad de Bayamo el 12 de enero de 1969, las cusas por la que se retiran las últimas estrofas son conocidas al establecerse relaciones diplomáticas con la nueva España diferente a aquella que nos colonizo y nos sometió al yugo opresor dejaron de existir las razones de ofender a un pueblo trabajador y que se lanzo también a la lucha contra la monarquía y fundo una República, hoy cantamos con orgullo nuestro Himno Nacional nacido con el nombre la bayamesa haciendo alución a la Marsellesa francesa canto que represento a la República, no confundamos esta bayamesa con la canción la bayamesa de Céspedes y Fornaris a una bella mujer de Bayamo Luz Vázquez canción romántica y trovadoresca aunque cargada de un alto sentido patriótico.

Celestino Lopez dijo:

9

21 de octubre de 2015

12:59:11


Defender la patria y sus conquistas, el arte mas comprometido que nunca y ni un paso atras. Cuba con mayuscula.