
De Hot Springs (Estados Unidos, 1943) a Quebec (Canadá, 1945), y de ahí, al mundo de hoy —hijo de las complejidades de siempre—. Un largo periplo en la hoja de vida de una agencia con el desvelo de lograr una generación de Hambre Cero y desaparecer la pobreza de la faz y el vientre del planeta. Proyectos que, si bien ambiciosos, descubren la esencia humanitaria que le acompaña —desde su nacimiento— a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Fue en Canadá, donde vio la luz su institución oficial durante el primer periodo de sesiones de la Conferencia de la Organización en 1945. Y desde entonces, las pruebas de fuerza no han escaseado, tampoco los retos ni las buenas iniciativas. Lo cierto es que desde la hora cero de su natalicio hasta hoy, Cuba ha sido no solo “un activo colaborador y un ente receptivo, sino además, fundador y uno de sus mejores alumnos”.
Quien así habla es el Doctor Theodor Friedrich, alguien a quien la concreción de “una opción y deseo claros: venir a Cuba”, le ha marcado la vida. Muy accesible a la prensa, no puso “peros” al diálogo con Granma, en un intento por revelar a la FAO en su esencia, a los umbrales —este viernes— de los setenta octubres de la organización y de celebrarse por vigésimo sexta oportunidad el Día Mundial de la Alimentación.
“La FAO es una organización de asistencia técnica y de colaboración, y desde el inicio, se ha orientado en diferentes áreas de trabajo, dando pautas y directrices para atender los temas de sostenibilidad y desarrollo agrícola”, asevera.
“En otras naciones a veces se hace un proyecto y después cambia el gobierno y cambia también la atención o el proyecto muere, nadie le da seguimiento. Aquí en Cuba eso ha sido diferente… Son de reconocer los Programas de la Agricultura Urbana y Suburbana, cabalmente implementados, y espero que lo mismo suceda con la intensificación sostenible de la producción agrícola en los sectores rurales, que es nuestra preocupación actual con Cuba”.
—A pesar de ser un país eminentemente agrícola, solo un discreto por ciento (el 5 %) está vinculado directamente a las labores agrícolas en la nación…
—La tendencia que notamos aquí es mundial: la gente está huyendo del campo, está huyendo de la Agricultura y concentrándose en las ciudades. Es un fenómeno difícil de controlar, pero también tiene su origen en la recepción de la agricultura y en la forma en que ha sido desatendida en algunos países, donde para un agricultor significa trabajo duro e ingresos pobres. Entonces podemos revertir esto un poco con inversiones en el sector y una mayor atención a la población rural.
“Otro aspecto es la intensificación sostenible. Convertir la forma en que hacemos agricultura, introduciendo métodos menos duros y más aprovechables y sostenibles. Ante la poca población agrícola, también tenemos que enfocarnos en la mecanización, desde la agricultura de conservación, en la atención a tecnologías que faciliten las labores agropecuarias y diversificar las producciones, pues los desiertos de monocultivos son una forma de agricultura que no resulta atractiva para la gente, ni para una producción sostenible de alimentos. Y creo que ahí también necesitamos ver un cambio de filosofía”.
Sobre los principales proyectos concretados y en proceso, Friedrich observó: “hemos abarcado prácticamente todo el sector en el mandato de la FAO: pesca, manejo de recursos marinos, programa forestal, producción agrícola y ganadera, manejo de plagas, la nutrición, cadenas de valor…
“Actualmente, estamos enfocados en el programa de país, con las prioridades de aumentar la producción de alimentos y de semillas de una forma sostenible, así como garantizar la seguridad de los alimentos de modo sano en toda la cadena y atender el cambio climático. Con mira hacia esto tenemos ahora dos grandes proyectos: uno en la intensificación sostenible de la producción de granos, y el otro, en la cadena de leche y carne; dos sectores que aprietan mucho (la agricultura) en Cuba”.
—Si tuviera que realizar un diagnóstico médico como experto y amigo del país, ¿con qué adjetivos definiría las relaciones Cuba-FAO en el camino hacia la generación de Hambre Cero, y también hacia una convivencia armónica con el medio ambiente y donde la agricultura sea un pilar de desarrollo común?
—Creo que estas relaciones son muy buenas, desde el punto de vista médico. Para la FAO, Cuba siempre ha tenido un puesto especial, una atención especial, casi un amor especial. Mi decisión de venir aquí como representante fue una opción y un deseo claros: yo quería venir a atender este país. Hasta el director general ve a Cuba con cariño. De la parte cubana, siento que es recíproco. Este acompañamiento es para que Cuba sea un ejemplo de agricultura sostenible a largo plazo y de soberanía alimentaria.
—Este Día Mundial de la Alimentación (DMA) tiene una connotación especial porque marca el inicio de una nueva Agenda, la de Desarrollo Sostenible, ¿con qué expectativas se va a celebrar la fecha?
—El cambio de la Agenda del Milenio hacia la actual, de Desarrollo Sostenible, cuando se ve bien es drástico y significativo. Es una agenda más integrada, abarca todos los sectores de la vida humana de este planeta. Y dice que no habrá desarrollo sostenible si no lo es en los tres pilares: en lo social, lo económico y lo ambiental. Estos no se pueden dividir. Que de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, el mandato de la FAO abarque 14, indica cómo están integrados entre sí. Es un cambio de paradigma también.
—Resulta nítida la posición delineada de Cuba en el diseño de políticas públicas, en función de la protección social y la agricultura (tema central del DMA), no en balde a pocos meses del triunfo revolucionario se aprobó la primera ley de reforma agraria. ¿Considera que esto la convierte en aliado estratégico de cara a una región que si bien fue la única en cumplir las principales metas mundiales en torno al hambre, es también el área de mayor disparidad entre ricos y pobres?
—Sí, es un gran aliado, Cuba siempre ha sido muy activa y ha implementado instrumentos como la distribución de productos normados, los programas de alimentación escolar, los huertos en las escuelas para llevar juntos educación y producción, las casas de la tercera edad y la atención a sectores vulnerables, a pesar de ser un país de pocos recursos, tiene gran voluntad política. En ese sentido, es un aliado muy valioso. También cumplió las metas más importantes contra el hambre.
—Ante el restablecimiento de relaciones diplomáticas Cuba-Estados Unidos; y el mantenimiento del bloqueo, por otro lado, ¿cómo podría ayudar el levantamiento de esa medida unilateral a dar el salto que la agricultura cubana necesita?
—Ese bloqueo es un elemento obsoleto y el mismo presidente Obama lo ha dicho. Ni ellos mismos consideran que sea ya un instrumento válido. Esperamos que se levante porque efectivamente tiene su repercusión en la agricultura y en la seguridad alimentaria del pueblo. Cuba no produce la mayor parte de sus alimentos por una serie de razones, entre ellas el acceso a la información técnica, a tecnologías y a vías de comunicación, el intercambio que se dificulta con el bloqueo, y aumenta además el costo de muchos alimentos, como el arroz.
“Un intercambio libre entre el sector agrícola estadounidense y el de Cuba no solamente posibilitaría la importación de alimentos, sino también la producción agrícola aquí con la llegada de insumos, maquinaria, fertilizantes, productos químicos. Esta apertura tendría gran repercusión y facilitaría la competencia entre el productor cubano y las importaciones”.
—Durante estos años de acompañamiento a nuestro país: anécdotas, momentos cruciales… ¿cuánto ha marcado Cuba a Theodor Friedrich?
—Definitivamente la anécdota más marcada en mi memoria personal es la intervención de Fidel en la Cumbre de 1996. Yo tuve la suerte de poder atender este evento en vivo. Estaba a pocos metros del Comandante en Jefe, antes de su discurso y luego en la conferencia de prensa. Recuerdo la presencia de él, su personalidad, su actuación allí… Todo el personal en la sede de la FAO estaba muy emocionado. Había muchos presidentes y estuvo también el Papa de entonces, pero creo que nadie ha tenido el impacto que causó Fidel, con su sinceridad, con su franqueza y sus palabras claras y útiles, marcando el rumbo para el futuro. Eso es algo que vale para la historia.


















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Juan Silveira dijo:
1
15 de octubre de 2015
10:15:02
Miguel Esquivel dijo:
2
15 de octubre de 2015
17:20:05
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