FOMENTO, Sancti Spíritus.—Al menos en la zona central del país la frase “fue a dar a Sopimpa” se traduce literalmente como caer muy lejos, mudarse a lo más intrincado —acaso donde el diablo dio las tres voces— o en el peor de los casos cumplir un destierro del que quizá no se regrese nunca.
Ubicada en un punto intermedio entre Fomento, Manicaragua y Trinidad, en plena Sierra del Escambray, y convertida en cabecera del Consejo Popular homónimo, la comunidad de Sopimpa, sin embargo, no resulta el fin del mundo, mucho menos para sus hijos —unos 1 900 habitantes—, que a lo largo de los años han aprendido a adorarla como si se tratara de la metrópoli más excéntrica.
Según versiones folclóricas, el caserío heredó su denominación de un incidente que algunos campesinos acostumbran a contar con dotes de Juan Candela: cierto día una yegua apodada Pimpa se desbocó por uno de los atajos que atravesaban estos montes y su jinete, que a duras penas lograba mantenerse sobre la cabalgadura, en el desespero por detenerla gritaba a voz en cuello: ¡Sooo, Pimpa!, una súplica que desde entonces sirve para bautizar el sitio.
El destacado intelectual Abel Prieto, que descubrió la comunidad en los años más duros del periodo especial, ha testimoniado más de una vez su admiración por la gente de allí que, con tal de salvar el movimiento de artistas aficionados y ofrecer su arte a los vecinos, experimentó la fabricación de finísimos pinceles con pelo de chivo, atrevimiento que en buena medida ilustra la capacidad innovadora y de resistencia desarrollada en el vecindario.

SOLUCIONES DE MONTE ADENTRO
Hasta los predios de Sopimpa y zonas aledañas trepó no hace mucho todo el dispositivo gubernamental que se encarga en territorio espirituano de implementar el programa de atención a las comunidades rurales, estrategia que concilia asignación de recursos y participación ciudadana en función de resolver los problemas más acuciantes de la población y que en unas 80 comunidades de toda la provincia ha permitido solucionar alrededor de 500 planteamientos desde finales del pasado año hasta la fecha.
“Como nuevo de paquete” fue el término con el que Filando Rosa, guajiro de la región que recibió ingreso por un reciente padecimiento de otitis, ponderó los trabajos en el llamado Consultorio Médico Extendido —actual denominación para el antiguo hospital de montaña—, un centro imprescindible en estos predios que ganó confort, mejor mobiliario y hasta planta de radio para situaciones de emergencia.
Lo mismo pudiera decirse de la escuela primaria Juan Abrantes, que mutó su carpintería deteriorada por puertas y ventanas más contemporáneas, o del resto de la infraestructura de la producción y los servicios, incluidos el centro comercial multipropósito y el círculo social obrero, este último arrendado en fecha reciente.
La transfiguración de la zona no comenzó precisamente en Sopimpa, sino mucho más abajo, en La Guanábana, y se extendió como la pólvora por Jíquima, Alfonso, Corina, Sierra Alta, Manacal y La Bija, donde en su mayoría la población no se sentó a mirar los toros desde la barrera.
Para Roberto Cobas Aliaga, un camagüeyano que desde 1976 se aplatanó en la región y hoy dirige el Consejo Popular, su jurisdicción no es El Dorado, pero tampoco el infierno de Dante, una convicción que, según él, ha podido aquilatar “lo mismo en las verdes que en las maduras”.
LOMA ARRIBA Y LOMA ABAJO
Como islas en medio del lomerío quedaron Sopimpa y varios poblados de la zona cuando el 2 de junio de 1988 una crecida arrogante arrasó el mítico puente ferroviario sobre el río Agabama y fracturó el ramal Trinidad-Placetas, vía expedita que facilitaba las comunicaciones con el norte y con el sur del macizo montañoso, que no ha sido posible recomponer desde entonces.
La línea férrea se mantiene prestando un limitado servicio de coche motor desde Trinidad hasta Méyer y desde Placetas hasta Sopimpa, que si bien es apreciado por la mayoría de los montañeses, resulta insuficiente para satisfacer sus necesidades más perentorias.
Por ello quizá de todo cuanto se ha hecho en los últimos días en esta suerte de cruzada contra el deterioro, nada ha sido tan agradecido por los lugareños como la reparación de los caminos que conducen hasta la carretera de El Pedrero, un enlace obligado para bajar a la cabecera municipal y también para subir a respirar el aire inmaculado de la sierra.













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mem dijo:
1
23 de septiembre de 2015
08:17:06
fernando baez morrabal dijo:
2
23 de septiembre de 2015
10:18:50
Lurisdel dijo:
3
23 de septiembre de 2015
11:56:27
Yomayki dijo:
4
23 de septiembre de 2015
12:03:42
Janier acosta Respondió:
21 de junio de 2016
21:33:31
jorge Luis Medina Mendez dijo:
5
24 de septiembre de 2015
11:21:09
guillermo de la rosa dijo:
6
25 de septiembre de 2015
15:48:45
Elien Rodríguez dijo:
7
5 de marzo de 2022
21:11:54
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