MAYARÍ, Holguín.—Incrementar la siembra de tabaco, hacer crecer las plantas y cosechar las hojas con exquisitez ponen a prueba a los productores del importante rubro en este municipio.
Los propósitos se manifiestan desde el 2012 al echar a andar el programa especial de desarrollo del tabaco que ha fijado como cota a conquistar el 2020, año en el que deben estar en explotación 669 hectáreas.
No se trata de planes elaborados a la ligera, según definiciones del ingeniero agrónomo Wilfredo Olivares González, director agrícola de la Empresa de Acopio, Beneficio y Torcido de Tabaco Holguín. Se ha tenido en cuenta la progresiva incorporación de cosecheros y tierras, así como el uso de los sistemas de riego en desarrollo en las zonas de cultivo.
“Las 669 hectáreas serán rotadas anualmente a la mitad con siembras de frijol, una planta mejoradora de suelo porque le incorpora nitrógeno y materia orgánica, al tiempo que trunca el ciclo de hongos y otros organismos patógenos”.
Para demostrar la viabilidad y progresos del proyecto propone datos que califica de imprescindibles: “En el 2012, cuando se dieron los primeros pasos del programa solo había 16 hectáreas, y ya en la campaña 2014-2015 arribamos a 87,5. Lo más sorprendente es que en la del 2015-2016 serán 136, lo que equivale a un ritmo de crecimiento promedio anual de 40”.
Otra persona al tanto de los pormenores de los planes en auge es Baudelia Quiala Chacón, jefa de la Brigada de Atención a los Productores en la UEB de Acopio y Beneficio de Tabaco Mayarí, para quien constituye un éxito la posibilidad de suministrar a la industria en la campaña que está a punto de concluir más de 103 toneladas, la mayoría correspondiente a la variedad Corojo 2006, de uso en cigarrería.
Hoy tienen 83 productores, casi todos usufructuarios de tierras. Los rendimientos promedian 1,3 toneladas por hectárea, superior a los de periodos anteriores. La calidad de la compra supera el 55 %, lo cual consideran bueno los entendidos en la materia.
Aunque está por hacer el balance definitivo de la campaña, no hay dudas que la misma ha resultado compleja, plantea la especialista. A su juicio, entre las incidencias negativas se reportan la falta de atención a algunas parcelas debido a la inexperiencia de los cosecheros de reciente incorporación, los efectos de la actual sequía sobre parte de los pozos empleados por los labriegos para el riego y los estragos de lluvias inesperadas en el momento de desarrollo de los semilleros.

VUELVE EL CULTIVO TAPADO
A solicitud de las máximas autoridades nacionales del ramo, el municipio retoma el cultivo tapado de tabaco, lo cual desencadenó a la vez la decisión de que sea el único territorio de la provincia que tenga sobre sus hombros la responsabilidad de desarrollar el complejo procedimiento.
Actualmente tres productores lo desarrollan en igual cantidad de hectáreas, cifra que crecerá hasta 11 en la campaña venidera. Tal propósito incluye el respaldo material necesario, como demuestra la llegada de los elementos para los cobertizos, es decir, telas acrílicas, alambres y postes.
Al concluir un lustro serán 70 hectáreas dedicadas al tabaco tapado. Para entonces esa área debe asegurar una producción media de 100 toneladas, refiere Wilfredo Olivera, entusiasta promotor de acciones dirigidas al mejoramiento de los suelos luego que un reciente análisis agroquímico de las áreas arrojó alcalinidad mayor de la requerida por las plantas para hacer efectiva la absorción de alimentos.
Una de las sugerencias de aplicación inmediata consiste en incorporar a la mayor parte de las parcelas materia orgánica completamente descompuesta. El experto aconseja hacerlo tres meses antes de la cosecha para lograr un proceso óptimo. El saldo será hojas de tabaco con superior contenido de grasa y más elásticas, lo que equivale a mayor calidad y aceptación comercial.
Ante las dificultades objetivas planteadas por los productores para obtener la materia orgánica a causa de la lejanía de los sitios donde se localiza y las dificultades al contratar medios para transportarla, la alternativa es el abono verde a partir de la siembra de canavalia, leguminosa que enterrada durante la etapa de preparación de las áreas aporta nutrientes al suelo.
Arturo Aguilera Rodríguez, productor con experiencia en el tabaco tapado desde el 2007, reconoce que la aplicación de la ciencia y la técnica es la vía a través de la cual obtiene resultados sobresalientes. En la hectárea que explota en la zona de Guayabo acaba de lograr 2,2 toneladas de la variedad Habana 2000.
Asegura que su reputación no le dejaba otra salida. En la campaña 2012-2013, tras obtener 3,71 toneladas de la variedad Corojo 2006 sembrada al sol en una hectárea, fue proclamado el mejor agricultor pequeño del país en la producción de tabaco, a lo que se sumaron los resultados de la etapa siguiente, en la que en la misma parcela alcanzó 3,4 toneladas.
Compite apasionadamente con su padre Arturo Aguilera Segura, quien ha lidiado con el tabaco por más de 24 años y es visto como uno de los mejores cosecheros del territorio. Siempre dispuesto a buscar soluciones encaminadas a mejorar los resultados, este hombre creó en el 2003 un sistema de enfriamiento por aspersores que coloca en la parte exterior de los techos de las casas de curar tabaco con el fin de regular la temperatura y humedad de las hojas. Así la influencia de la innovación en el aumento de la calidad de las capas dio luz verde a la recomendación de aplicarla en otras partes del país.
El “viejo” Arturo cree que llegó la hora del despegue definitivo del cultivo en general del tabaco en Mayarí. El agua, que dependía de las bondades de la naturaleza, pronto estará al alcance de los productores por medio de las obras del Trasvase Este-Oeste. Con ese elemento a favor, queda la actitud de quienes intervienen en el largo proceso que comienza en los surcos y termina en la industria, insiste.
SI DE SEÑALES SE TRATA…
Como en todo empeño productivo, en este que apunta a la prosperidad económica de las personas y del país hay señales preocupantes que, pasar por alto, sería reacción de tontos.
Wilfredo y Baudelia sostienen en común que la incorporación de usufructuarios se ha visto entorpecida por la dilatación de las entregas de tierras.
La prolongación de los periodos de aprobación de permisos también ha influido en la demora de los productores en la construcción de aposentos para el tabaco, instalaciones de las que se requieren dos por cada hectárea en explotación.
De igual modo, sobre la disponibilidad de esos locales ha repercutido la falta de madera y las vicisitudes que acompañan su traslado desde las zonas boscosas a las de desarrollo del tabaco.
También hay insatisfacción con un grupo de presidentes de las Cooperativas de Créditos y Servicios porque no extrajeron a tiempo los productos químicos que suministra el Grupo Empresarial de Logística del Ministerio de la Agricultura (Gelma) para aplicar en las parcelas.
Baudelia asegura que hasta la campaña precedente la UEB de Mayarí era la responsable de hacer llegar directamente los referidos recursos a las manos de los productores; sin embargo, al cesar esa responsabilidad a partir de este año por decisiones superiores, apareció la irregularidad descrita. Por eso propone no dilatar la evaluación minuciosa de la operación.
Entre otras cuestiones que desvelan está el atraso de la ampliación de la nave de la escogida principal de la UEB. A estas alturas el nuevo local debía estar terminado, pero la no adquisición a tiempo de cemento y acero lo mantiene en la fase de cimentación, lo que conspira contra el ascenso en áreas sembradas y producción de hojas.
Cuando existen de por medio tantos recursos invertidos y aspiraciones de progreso económico y social para el municipio, las circunstancias imponen a los actores involucrarse masivamente en la solución de las deficiencias diagnosticadas para que el proyecto productivo en marcha fluya y aporte los dividendos esperados.













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