ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
A pesar de la proliferación del turismo, la pesca se mantiene como actividad distintiva de la comunidad. Foto: Sotolongo, Carlos Luis

TRINIDAD, Sancti Spíritus.—Cuando en el lejano 1833, los comerciantes de origen norteamericano Fe­derico Freeman y James Fate solicitaron privilegios para construir un ferrocarril entre la villa trinitaria y el cercano puerto de Casilda, lo hicieron convencidos de que por mucho tiempo no habría manera  tan segura y expedita para entrar y salir a la pujante ciudad como aquel fondeadero de barcos que comenzaba a ganar reputación en el centro del ínsula.

El camino de hierro que por fin se concluyó hacia 1856 —uno de los tramos más antiguos de Cuba— se estiró hasta el promisorio Valle de los Ingenios y hacia 1920 se entroncó con el Ferrocarril Central; luego, a inicios de los cincuenta, el Circuito Sur enlazó a Trinidad por carretera con sus vecinas Sancti Spíritus y Cien­fuegos y, tiempo después, el aeródromo construido al sur de la ciudad acortó distancias con la capital y otras metrópolis, pero ninguna de estas novedades ha podido sepultar al puerto de Casilda y a la colectividad de pescadores que por siglos se ha nucleado en sus pre­dios.
“Ey, si, es que nosotros somos duros de ma­­tar”, sonríe Estela María, una vecina del pue­blo que no duda en proclamar que en Ca­silda han padecido invasiones piratas, crisis económicas, ametrallamientos te­rro­ristas, inun­da­ciones y ciclones tropicales “lo mismo en ju­nio que en octubre”, lo que según ella no ha he­cho más que fortalecer el espíritu de re­sis­tencia en su gente.

Algo más de 6 200 habitantes conviven en el Consejo Popular de Casilda, que además de la cabecera de igual nombre incluye a La Me­dia Legua y a Los Cocos, dos bateyes satélites de Trinidad, que han ido creciendo a la vera de la línea férrea y la carretera que enlaza a la ciudad con el balneario de la península de An­cón.

Además de los tiempos mozos en que su rada era referente nacional de eficiencia y de la acendrada tradición de pescar la langosta con inmersiones a puro pulmón, en la comunidad suelen ufanarse por su participación en dos acontecimientos que marcaron a más de una generación de cubanos.

Como símbolo de la nueva era que se inau­guraba para nuestro país, el 17 de abril de 1960 en sus muelles atracó el buque An­drei Vy­shin­s­ki con el primer cargamento de petróleo so­vié­tico tras decretarse el bloqueo de los Es­ta­dos Unidos contra el archipiélago y dos años después, por este mismo lugar, arribó el arsenal de guerra que sería emplazado en Si­tiecito, en la zo­na de Sa­gua la Grande, en el contexto de la llamada Cri­sis de Octubre.

TODO ESTO PUDO VOLAR
Aquel 18 de agosto de 1963 Abelardo Ba­rro­so y la orquesta Sensación, que ya para entonces tenían fama en medio mundo, se quedaron con las ganas de interpretar El panquelero y Bruca maniguá, dos de los temas que más gus­taba bailar por entonces a los jóvenes del po­blado de Casilda, quienes celebraban la no­che de la Santa Elena, festividad dedicada a la pa­trona del puerto desde los tiempos más re­mo­tos.

“Estábamos bailando cuando vimos cruzar un avión oscuro. Eso no fue muy tarde. Al­guien dijo: ‘Esto se va a poner malo’, y al mo­mento el tiroteo, unos corrían para Tri­nidad y otros fuimos para el cuartel a buscar las armas para defendernos, cuando en medio del desbarajuste vimos cómo se encendía uno de los va­gones del tren lle­no de petróleo”, contó ha­ce algún tiempo Eduardo Ferrer, uno de los mi­licianos que no hu­bie­ra querido perderse el fi­nal de aquel baile.

“Todo esto pudo volar”, relataría medio si­glo des­pués Pipo Zerquera, un combatiente que a ries­go de su vida ayudó a sacar el furgón ave­riado de la zona de peligro, primero empujándolo con sus propias manos “con tablas, con palos o con lo que fuera” y luego remolcándolo con un ca­mión, que definitivamente lo alejó de los grandes tanques de crudo.

El perverso intento de incendiar los depósitos de combustible ubicados a pocos metros del centro del pueblo, justamente cuando la población celebraba su fiesta más esperada, nunca ha sido reivindicado por organización terrorista alguna, pero investigadores del Mi­nisterio del In­terior dan por sentado que el he­cho lo perpetraron contrarrevolucionarios ra­di­cados en el ex­terior.

Hasta no hace mucho en el antiguo cuartel de las milicias custodiaban como evidencia de la agresión el hueco que provocó  uno de los proyectiles usados en el ataque, que aunque no causó pérdidas humanas, sí provocó da­ños materiales por más de 126 000 pesos, se­gún han calculado los expertos.

EL ARTE DE APRENDER A LEVANTARSE
Una intervención gubernamental diseñada para reanimar asentamientos y zonas rurales del municipio con apoyo de sus pobladores reportó recientemente beneficios para más de 70 instalaciones estatales de Casilda y su en­tor­no y permitió solucionar una veintena de planteamientos formulados por sus elec­tores, de acuerdo con informes de la Asam­blea Mu­ni­cipal del Poder Popular en Tri­nidad.

Como Ave Fénix ha aprendido la comunidad a resurgir de cada una de sus desgracias, la más reciente de ellas, el paso del huracán De­nnis en junio del 2005 con vientos de 200 ki­lómetros por hora, que convirtió el caserío en una pesadilla dantesca, destruyó la flota pesquera y la infraestructura industrial y dejó cien­tos de lugareños evacuados.

Del fondo del mar recuperaron los pescadores las embarcaciones hundidas con el vendaval y cuando no pudieron reflotarlas se zambulleron cuantas veces fue necesario para rescatar al me­nos los motores y otros agregados, en una suerte de ejercicio pesquero que han ido heredando de generación en ge­neración.

Diez años después, Conrado Núñez, un ve­terano fundador de los órganos del Poder Po­pular que ha llevado las riendas del Con­sejo Po­pular en los últimos años, concuerda en que, aun cuando no tenga todos sus problemas re­sueltos, Casilda representa hoy una pro­lon­ga­ción de Trinidad.

Y su testimonio no parece exagerado a juzgar por la caprichosa ubicación del pueblo co­mo trampolín entre la ciudad y la playa, el creciente arribo de cruceros turísticos que ha trans­figurado las funciones originarias del puerto y esa fiebre de hostales y paladares, que ya suman más de 80 en una comunidad acostumbrada a vivir del mar y para el mar.

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Arístides Lima Castillo dijo:

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23 de junio de 2015

17:44:58


Interesante reportaje que nos dice de los heroicos esfuerzos del pueblo de Casilda por sobrevivir a pesar de intentos foráneos de desaparecerla de la faz de la tierra, y de la naturaleza por no dejarla vivir. Es una lástima que nuestras autoridades centrales (y de los lados), no hayan dedicado planes reales y positivos para mejorar la pobre flota pesquera que se aprecia en la foto que acompaña este escrito. Después que tuvimos una gran flota de Landas, de 75 pies de eslora, Omicrones de 33 pies, hechos de madera en astilleros cubanos, tanto como embarcaciones de ferrocemento que nos dijeron iban a ser la salvación de la industria pesquera cubana (y hasta se exportaron algunos) hoy solo queden esos inseguros botecitos donde se tienen que jugar la vida los pescadores de Casilda para realizar sus faenas de pesca y ganarse uno pesos para mantener a sus familias. Esta historia de Casilda no me la había contado el periodista, casildense de los que no se destiñe, el amigo Arturo Chang. Le hago llegar mi saludo al igual que a todos los 6 200 y pico de sus compueblanos, ejemplos de cubanos de coraje que no se rinden ante nada y ante nadie.