ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El amor filial de Juan José y Liliana reproduce la casa en cada momento juntos. Foto: Dilbert Reyes Rodríguez

CARACAS.—Juan José Fonseca trajo un pedazo de su casa a esta ciudad, exactamente un tercio. Otro tercio de la misma casa lo trajo Liliana. En un hogar de Las Tunas, allá en Cuba, guardaron para el regreso la última parte.

Juan José es Doctor en Ciencias Peda­gó­gicas, y por sus conocimientos y dotes de organizador, es ahora mismo el coordinador de la misión cubana de Educación Superior que promueve, en la capital venezolana, la formación de posgrado, y asesora un proceso similar al que en Cuba se conoce como municipalización de la universidad.

Liliana es licenciada en Optometría y Óptica, y se cuenta entre las colaboradoras de nuestra Isla que en esta urbe ofrecen sus servicios en el denominado Centro de Alta Tec­no­logía, atendido por cubanos.

Sus especialidades no convergen, pero el camino que toman en las mañanas para salir a sus trabajos, sí. También cuando regresan vuelven juntos. Desde que lo conoce, Liliana jamás lo llamó por su nombre. La vida entera ha preferido decirle: papá.

“Es una suerte y una felicidad inmensa tenerlo a mi lado cada día, como si estuviera en Cuba, en Las Tunas, en la misma casa. Se extraña, pero mucho menos”.

Liliana no exagera, porque en la Isla vive pegada a él y a su mamá, los tres bajo el mismo techo, y a pesar de sus 26 años, de la experiencia laboral que en los últimos dos almanaques le ha curtido aquí la madera de mujer madura, la compañía de su padre la ha devuelto a los tiempos en que fue “la niña de la casa”.

“Cuando era pequeñita me llevaba a la escuela, y ahora no hay un día en que no me acompañe al trabajo, y por las tardes vuelva por mí. A veces se complica y yo lo espero, preocupada, como una colegial.

“En la residencia lo compartimos todo, la cocina, la limpieza, hacemos juntos cada co­sa, de manera que la lejanía y la nostalgia casi pasan sin darnos cuenta. Es un verdadero privilegio tenerlo tan cerca, porque su compañía me reconforta, me da mucha seguridad, y multiplica mis fuerzas para cumplir el deber solidario por el que vine a esta tierra”.

A Juan José no le hace falta demostrar nada, no tiene que decirlo. Le basta con sonreírle y apretarla, cada vez que ella redondea una frase para la breve entrevista con ínfulas de postal.

“Es un orgullo doble —dice él—, porque ha sido la posibilidad de compartir por un lado la vida familiar más íntima y cercana, pero también el deber que vinimos a cumplir.

“Gracias a esta oportunidad maravillosa, reproducimos aquí lo mejor de nuestras ma­ñas, de las costumbres en casa, sin olvidarnos jamás de los valores, de la ética que nos hizo venir acá. Yo digo que en nuestro caso hay una relación sanguínea en todo, porque Liliana es mi hija de sangre, pero también es la expresión de lo que yo aprendí con la Revolución.

“Todo este tiempo en Venezuela, junto a ella, me está concediendo un privilegio enorme, una satisfacción incomparable; porque aunque ya se me hizo mujer, no he dejado de verla crecer. Ayer era la bebita, y ahora la muchacha que madura como profesional y ser humano.
“Si ella está, para mí es como si cada día fuera el Día de los Padres. Me hace sentir feliz. Tenerla es el mejor regalo”.

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juana maría dijo:

1

22 de junio de 2015

13:13:41


¡qué felicidad y privilegio!, les deseo mucha suerte en tiempos futuros, porque la dicha ya la tienen. Éxitos.

Ruben Hechavarría Milanes dijo:

2

23 de junio de 2015

09:40:57


Felicidades a Juan José (Fonseca) y a Liliana (Lily), como cariñosamente le llamamos en la cuadra, este maravilloso artículo causó gran alegría en el CDR, del que Lily es una de sus dirigientes. Otra actitud no se podía esperar de una pareja de padre e hija, que como dice él; es el resultado de lo aprendido con la Revolución. Saludos de Magalis y Chava.