
Cuando nos casamos yo tenía 16 años y él 21, vivíamos en la casa del patio de sus padres, lo único que tenía era una cama y un soplete para cocinar, lo ponía en el suelo, porque ni mesa, dos cazuelitas y dos platos, después nació el niño y ahí mismo metimos la cuna y un refrigerador, pero guapeando y pa'lante.
"Los animales del patio eran míos, cuando podía me iba para la vega, él llegaba de trabajar y cogía pa'l campo; mi mamá decía que una yunta tenía que halar parejo, eso es el matrimonio, hay que ayudarse pa' tener las cosas".
Y algo es evidente, esa "yunta" tiró con fuerza, la confortable vivienda que poseen en el consejo popular El Rosario, en el municipio de Viñales, lo confirma.
PRESENTACIÓN
Al ver a Sonia cualquiera pensaría que es frágil, delgada, de contextura endeble, tez blanca resaltada por la cabellera negra y suaves maneras, pero detrás de esa primera impresión esconde una gran fortaleza y un espíritu emprendedor.
Sonia Martínez Figueroa ha vivido 44 años, 28 compartidos con Jorge Luis González Serra, esposo y padre de sus dos hijos, un varón y una hembra.
Nacida y criada en el campo según confiesa ella misma, posee dos pasiones: la familia y los animales, por eso hace poco más de tres años solicitó a través de la Ley 259 le entregaran tierras y obtuvo en usufructo una caballería, es socia de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Rubén Martínez Villena.
LA GANADERA
"El trabajo en el campo me ha llevao' recio, pero es bonito, cuidas un animalito y lo ves cómo avanza, crece, vas limpiando la tierra y sembrándola, me gusta".
Dice, mientras prosigue con la tarea de escoger arroz, y un poco por eso y otro por timidez evita levantar el rostro, sabe que el lente la acecha, de a poco la locuacidad fluye y devela a una mujer enamorada de lo que hace.
"Mi idea siempre fue la cría de chivos y carneros, la tierra estaba llena de marabú, ya hay cinco hectáreas limpias, faltan como dos o tres por desmontar, porque el resto es bosque, eso no lo puedo talar, pero ahí tenemos puercos silvestres y hay alimento para los otros animales, así lo aprovechamos también".
Su rebaño cuenta con unas 70 cabezas, la atención a este es su mayor preocupación, para lograr el desarrollo y bienestar del mismo recurre a estratagemas como alimentar los carneros con las chivas, mejores productoras de leche.
"Dora es la malcriada de la casa", afirma mientras la chiva retorna a la corraleta después de una fugaz escapada; en sus manos sostiene a la última consentida, una ovejita sin nombre que nació ciega, y a fuerza de sus cuidados sobrevive, "no sé qué me voy a hacer cuando ya no pueda mamar, cómo va a comer si ni mordisquea la hierba", comenta angustiada.
Jorge bromea y asegura que ella quiere más a los animales que a él, acto seguido explica lo mucho que trabaja su esposa, en la vega, la casa, el jardín, "esto es lo que le gusta, así que dejé mi trabajo de guardabosques en la Forestal y vine para acá, yo la ayudo a ella y no al revés".
A PESAR DE TODO

Le pregunto por la posibilidad de incursionar con el ganado vacuno, "no, animales chiquitos que pueda dominar"; como si considerase preciso justificarlo narra: "fui mordida por una yegua en el seno izquierdo, tuve que ir hasta el salón de operaciones, me pasó por ´confianzúa´, ahora tengo más cuidado, mi hija ya le tenía miedo a todo, después de eso menos quiere saber del campo, el niño sí nos ayuda cuando está aquí, porque trabaja".
A pesar de tan desagradable experiencia no quiere renunciar a ser una criadora de ovino caprino: "Voy para la vega, llevo unas yuquitas, cuando llego las voy picando y tú ves a las ovejas como un cordón caminando detrás de mí, algunos dicen que si las tengo tan mansas es fácil robarlas, pero mi esposo o mi hijo lo hacen y ni caso; los animales entienden, ellos saben. Si no ordeño las chivas dan menos leche y hasta hay que amarrarlas", asegura dejando entrever el orgullo por ser la preferida del rebaño.
Ni siquiera intenta negar el esfuerzo que entraña su trabajo, lo ilustra con una anécdota: "Los otros días dejé una chiva amarrada que esperaba para parir, ya de noche le dije a Jorge que teníamos que ir a verla y menos mal, la encontramos tirada en el suelo, berreando, le metí las manos, saqué la cría, tenía el hocico lleno de espuma y cogí el pañuelo de él para limpiarlo porque si no se moría, pero la salvé; ya sabes, me dijo que si estoy loca, pero ella estaba ahí como yo con dolor cuando parí a mis dos hijos y eso duele cantidad, así que la ayudé".
A Sonia le gustan los desafíos y ahora está empeñada en el cultivo de guayabita del pinar, ya tiene 600 bolsas con posturas, sabe que es difícil pero confía en las instrucciones recibidas por un ingeniero y el desvelo puesto en lograrlas.
Plátanos, yucas, café, aguacate, naranjas, guayabas, son otras variedades que siembran en busca de satisfacer las demandas del consumo familiar, "y eso también es dinero, además de las ventas de animales"; por el momento dejó de entregar la leche de chiva a la industria y espera por un contrato con comercio para expenderla a través de alguna bodega.
HERIDA ABIERTA
Sonia tuvo una breve infancia, a los 12 años se hizo cargo del cuidado de la hermana menor y el papá, la orfandad la obligó a crecer, la madre enferma del corazón la había instruido en los manejos domésticos, hoy al paso del tiempo sigue lamentando esa pérdida y llora al evocarla.
"Era la mayor, me tocó la casa, solo llegué hasta el sexto grado, yo quería estudiar, de chiquita decía que iba a ser enfermera, mi mamá sabía lo que iba a pasar y me enseñó a hacerlo todo".
La pulcritud del hogar hoy confirma que aprendió bien, el orden y la limpieza dominan la vivienda, donde no falta el toque de un florido jardín a la entrada, patios rigurosamente barridos, sombreados por frutales y cafetos.
A Sonia igualmente le gustan las tareas hogareñas, en especial cocinar y a pesar de que su casa es una "tacita de oro" se queja de no poder dedicarle más tiempo.
Medio en broma medio en serio, presume de su porte al abandonar la vega "aquí ando con cinturón, machete a la cintura, camisa de mangas largas y sombrero para cuidarme del sol, cuando salgo me arreglo y no toco un chivo, eso sí tienen ellos, ¡dan una peste!".
Nacida y criada en el campo, amorosa con la tierra y los animales, menciona constantemente a "el niño y la niña" de 27 y 19 años, respectivamente, como también aflora con frecuencia el nombre de Jorge; no son coletillas forzadas, sino presencia constante en su pensamiento de mujer dichosa. (Periódico Guerrillero)



















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Oscar Mieles de Ecuador dijo:
1
7 de marzo de 2015
17:34:59
Lazaro dijo:
2
8 de marzo de 2015
14:37:54
Giovanni dijo:
3
8 de marzo de 2015
16:28:02
Anar dijo:
4
9 de marzo de 2015
09:53:47
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