
Era uno de los imprescindibles, de esos que nunca se cansan de luchar, como hubiera dicho de él Bertolt Brecht de haberlo conocido. Ni las cárceles españolas, ni los engañosos gestos amistosos de Alfredo Zayas, ni las condecoraciones que le impuso Gerardo Machado pudieron domeñar a Juan Gualberto Gómez (JGG) .
El 10 de mayo de 1929 el Asno con garras orquestó una gran farsa en el Teatro Nacional, hoy García Lorca, con el pretexto de condecorarlo con la Orden Nacional de Mérito Carlos Manuel de Céspedes.
Con bastante poco tino, los organizadores del acto solicitaron a Pedro Betancourt y Domingo Méndez Capote las palabras introductorias. El viejo Juan Gualberto, andaba próximo a cumplir 75 años, sonreía mientras ellos hablaban. Ambos habían sido sus oponentes en la Constituyente de 1901, cuando JGG se oponía a la Enmienda Platt y sus dos hoy apologistas la defendían calurosamente.
Luego habló Machado. Todos esperaban su discurso habitual, con poses de guapo barriotero y prosa de temeraria sintaxis. Pero esta vez se aprendió bien el libreto. “Juan Gualberto no pertenece a nadie, él puede estar afiliado a un partido político, pero es de Cuba toda”, afirmó en su construcción gramatical más feliz.
Al final el homenajeado usó de la palabra. Comenzó diciendo que había aceptado la Orden al Mérito porque quienes tienen la facultad de otorgarla, “han creído que yo la merecía”. Añadió: “No tengo esta noche ideas distintas a las que tenía ayer y el general Machado ni un solo instante ha creído que yo habría de cambiar mi cerebro, ni habría de variar mis sentimientos”.
Y el teatro se estremeció con una cerrada ovación, cuando expresó que el Juan Gualberto con la condecoración seguía siendo el mismo que el Juan Gualberto sin ella.
BREVE BIOGRAFÍA
Nació libre, de padres esclavos que compraron su libertad antes de su nacimiento, el 12 de julio de 1854, en el ingenio Bellocino, en la provincia de Matanzas. Fue a estudiar a París, pero se quedó sin dinero y tuvo que dedicarse al periodismo entre otros oficios. Allí conoció a Francisco Vicente Aguilera, quien le inculcó un gran amor por Cuba.
De vuelta a La Habana, a finales de la década de 1870, impartió clases en el colegio de Antonio Medina, colaboró asiduamente con el diario La Discusión, de Adolfo Márquez Sterling, y fundó el periódico La Fraternidad, al que convirtió en órgano de lucha contra la discriminación racial. En el bufete de Nicolás Azcárate conoció a José Martí. Junto con él tomó parte en conspiraciones contra el colonialismo español. Ambos serían deportados de la Isla por tales actividades.
Retornó a la Patria en 1890. Editó nuevamente su periódico de antaño, La Fraternidad, en el que continuó la lucha por la igualdad de derechos entre todos los cubanos y disfrazado de un pretendido “pacifismo”, lo hizo también vocero de las ideas independentistas. Luego fundó La igualdad, con una frecuencia menor, pero igual política editorial.
Con la creación del Partido Revolucionario Cubano, por el Apóstol, se convirtió de hecho en el Delegado en Cuba del Delegado Martí. Al llamado de este se alzó en Ibarra el 24 de febrero. Apresado por los colonialistas, sufrió un segundo destierro. No volvería a la Isla hasta 1898.
En la Asamblea Constituyente de 1901 su voz se alzó para condenar la Enmienda Platt. Junto a Enrique José Varona y Manuel Sanguily, se convirtió en la conciencia del pueblo cubano tanto en la lucha contra la injerencia estadounidense como en la denuncia de la corrupción, vicios y males existentes en la neocolonia.
Ya al final de su vida, al igual que Varona, enfrentó al machadato. Y murió pobre, el 5 de marzo de 1933.













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Francisco Rivero dijo:
1
5 de marzo de 2015
08:19:18
Mari Loly dijo:
2
6 de marzo de 2015
16:15:01
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