
Cuando la población de un país no sobrepasa los 12 millones de personas, y los mayores de 60 años representan un poco más del 18 % del total de habitantes, se pudiera pensar en un sector frágil, desvalido y achacoso cuya expectativa de vida no trasciende el umbral del hogar.
En Cuba, el Estado concede gran importancia a las generaciones que ayer fueron la vanguardia de la naciente Revolución Cubana, y hoy tras 55 años de decisiva participación en la construcción del socialismo, llegan a la vejez dispuestas a no dejarse vencer por el tiempo, y preparadas para aportar y recibir el caudal de conocimientos que se les brinda institucionalmente.

“Aquí los adultos mayores no somos solo receptores de cuidados sino que formamos parte de una generación protagónica, activa y útil tanto en lo interno de la familia, como frente a los más importantes procesos de la sociedad”, explica a Granma la máster Teresa Orosa, presidenta de la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana.
“Ha sido un programa que ha demostrado la capacidad de aprender la importancia de la educación, no importa la edad.
Se han realizado investigaciones sobre los impactos de carácter cognoscitivo, social y emocional, y son evidentes el mayor rendimiento de las personas que participan en cuanto a la calidad de vida y satisfacción personal”, agrega Orosa.
La Cátedra del Adulto Mayor se crea inicialmente en la Universidad de La Habana en el año 2000 por la iniciativa conjunta de la Facultad de Psicología, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la Asociación de Pedagogos y un año después la experiencia se extiende a todo lo largo y ancho de la Isla.
La matrícula inicial fue de 42 estudiantes y hoy, tres lustros después, solo en la capital la cifra supera los 16 279 alumnos. En el resto del país suman 562 aulas, de las cuales han egresado 85 318 estudiantes.
“El programa comienza con un curso básico de un año al que asisten alumnos de todos los niveles escolares. Al graduarse reciben un certificado y pueden continuar activos en cuanto a adquirir nuevos conocimientos con los llamados cursos de continuidad”, revela Orosa.
“Los temas a tratar son muy diversos: el envejecimiento, los derechos humanos, el desarrollo de la familia en la actualidad, la promoción y educación de salud, estilos de vida y seguridad social, entre otros”.
“En las clases de historia, se ha dado el caso de que los alumnos explican cómo sucedió un hecho histórico porque fueron protagonistas del mismo. Esta situación se conoce como gerontagogía que es una rama del aprendizaje donde el estudiante conoce los sucesos o los ha vivido”.
“Entonces, la labor del programa es sistematizar estos conocimientos a partir de puntos de vista más académicos para brindar nuevas perspectivas y panoramas”.
Teresa Orosa habla pausado, como queriendo perpetuar en la memoria de su joven entrevistadora la grandeza de esta obra de profundo amor y respeto hacia quienes habiéndolo dado todo en la vida, sienten la necesidad de continuar aportando a las nuevas generaciones esa vitalidad que una vez distinguió a estos adultos mayores.



















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Fernando Ronalys dijo:
1
15 de febrero de 2015
22:48:37
GDGA dijo:
2
16 de febrero de 2015
10:58:38
sonia dijo:
3
16 de febrero de 2015
14:20:12
Mirtha E Ferrer Limonta dijo:
4
17 de febrero de 2015
12:06:28
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