PUERTO PADRE.—Quien mire los aproximadamente cinco metros de altura que alcanzan algunos tallos, con pesos que en ocasiones superan los cinco kilogramos, difícilmente imagine que un tiempo atrás en esas áreas de secano crecían, a duras penas, famélicos plantones que hundían a la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) de Diego Felipe entre las peores de la provincia, con apenas 17 toneladas de caña por hectárea, como promedio.
La llegada de José Luis Jomarrón Cera, para dirigir la UBPC, empezó a propiciar un cambio favorable que tuvo como cimiento la creación de condiciones, en primera instancia para los trabajadores. Así, levantaron cabeza la producción de materiales para poder construir más de un centenar de viviendas, creció la producción de alimentos con empeño y potencialidades del propio colectivo, adquirieron forma y sentido real la vinculación y el apego al área…

BASE ANCHA CONTRA MARCOS ESTRECHOS
Cuentan que la inercia, la apatía y la indiferencia perdían cada vez más el terreno que la caña ganaba poco a poco, en suelos adversamente pedregosos y nada propicios para aspiraciones como las que anidaban en los obreros y su junta de dirección. La evidencia está en las 45 toneladas por hectárea con que la unidad cerró el 2014 y en el propósito de lograr 47 ahora y no menos de 50 el próximo año… para seguir ascendiendo.
Pero fue la búsqueda de nuevas tecnologías (sin renunciar a centenarias experiencias) lo que en verdad sacudió de arriba abajo a Diego Felipe, desde que José Luis puso ojos, oídos, sensibilidad y confianza en aquel trabajo acerca de la siembra por yemas, presentado por un científico indio y con aplicación ya en geografía pinareña.
“Adaptarlo a las condiciones de nuestra UBPC no fue difícil —explica— por eso hoy podemos hablar de algunos resultados en el sistema de siembra de base ancha que hemos aplicado, mediante plantones a tres bolillos”.
Basada, esencialmente, en dos hileras de caña en el mismo surco, con separación de 40 centímetros entre sí, esa es una siembra muy noble, que posibilita plantar una hectárea en el transcurso de una mañana bien aprovechada por seis hombres, para lo cual el método tradicional requería toda una jornada a bordo de una carreta con el doble de trabajadores.
No es, sin embargo, ese elemento, el más alentador.
Según acota Pedro Pupo Leyva, jefe de producción, sin realizar inversiones, las áreas bajo esa siembra registran ascenso superior al 33 % en los rendimientos, con ahorro de aproximadamente 20 % en el uso de combustible y del 40 en el empleo de herbicidas u otros productos químicos.
Para sorpresa, gratitud y beneficio directo de quienes siembran, atienden, cuidan y garantizan que esa caña llegue al central Antonio Guiteras, áreas sembradas con base ancha y por plantones a tres bolillos han promediado 108 toneladas por hectárea (aproximadamente el doble de lo que está pidiendo el país), a pesar de que sobre esas plantaciones apenas ha caído el 80 % de la lluvia que como promedio histórico precipita allí.
Es comprensible, pues, que hasta la fecha la UBPC registre unas 2 000 toneladas de caña por encima de lo estimado.
Todo ello reverdece ánimos, no solo entre quienes trabajan y dirigen allí (decididos a extender progresivamente el provechoso sistema de siembra a las 1 098 hectáreas con que cuenta la UBPC), sino también entre directivos y especialistas del coloso Guiteras y de la provincia.
Unidades como las situadas en Molinet, San Roque, La viste o Guabineyón 8 ya han empezado a aplicar la mencionada experiencia, mientras se pronostican siembras de 1 200 hectáreas en otros terrenos que tributan al mencionado central, según explica Mauricio Saavedra Peña, coordinador de zafra para el litoral norte de la empresa tunera.
A casi cuatro años de aplicación y minucioso seguimiento, el aporte de José Luis y sus hombres no es la carta que se juega “a suerte y verdad”. Los resultados hablan por sí mismos. No por casualidad, productores y estudiosos de distintas partes del país mostraron gran interés cuando Jomarrón expuso modestamente en Cienfuegos detalles del sistema, para el cual fueron, incluso, ideados y fabricados implementos en correspondencia con el marco, profundidad y otras especificidades de ese tipo de siembra.
Quienes conocen el tema, saben que no es lo mismo hablar de ocho toneladas de caña por hectárea, sembrada según el método tradicional, que apenas tres toneladas por medio de este sistema, con la garantía, además, de ver empinarse alrededor de una decena de tallos, por plantones que se disparan en altura y grosor, con posterior multiplicación de rendimientos agrícolas.
Tampoco es casual que provincias como la de Holguín y hasta algún que otro investigador residente más allá de Las Tunas hayan viajado hasta Diego Felipe, para hacer fe mediante la vista y tomar notas, con la noble intención de conocer, reconocer, aplicar y generalizar el aporte encabezado por José Luis Jomarrón.
¿Secretos? Absolutamente ninguno. Ojalá llegaran hasta allí, desde representantes del más alto nivel en asuntos agrocañeros, hasta productores empeñados en sacarle cada día más producción al mismo palmo de tierra… para que constaten in situ hasta el “increíble” detalle de una siembra realizada por nudosas manos masculinas, pero que —para mayor seguridad— transcurre bajo la acuciosa mirada de mujeres capaces de advertir a tiempo el más mínimo error; ¡y exigir su inmediata corrección!


















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Zoelia dijo:
1
2 de febrero de 2015
09:58:47
Raquez dijo:
2
2 de febrero de 2015
11:04:21
MulatizimaGR dijo:
3
2 de febrero de 2015
11:20:10
ppCARLITOS dijo:
4
2 de febrero de 2015
15:21:24
Katiz dijo:
5
3 de febrero de 2015
10:10:11
Zenia dijo:
6
3 de febrero de 2015
10:17:35
Rogelio dijo:
7
3 de febrero de 2015
11:15:57
TaZman dijo:
8
3 de febrero de 2015
11:40:39
BDPZ dijo:
9
3 de febrero de 2015
12:05:32
yenizel dijo:
10
5 de febrero de 2015
11:07:12
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