
MAJIBACOA, Las Tunas.— Primero fueron sus vecinos (aquel histórico 10 de octubre de 1976) quienes confiaron en él para que los representara y defendiera. Luego lo ratificaron hijos y sobrinos del lugar. Hoy, hasta los nietos. Y Giraldo Ramírez Pérez sigue ahí, como el único delegado que ha tenido la zona rural de Ramírez, en Majibacoa, desde que nacieron los Órganos Locales del Poder Popular.
Es fácil suponer lo que de él espera la comunidad en este y en cada nuevo proceso de rendición de cuenta: oído receptivo, sensibilidad, capacidad de gestión, el siempre afable trato y la cordial atención hacia todos.
Pero… ¿qué espera Giraldo de sus electores, después de 38 años intermediando entre ellos y representantes de organismos no siempre claros de su compromiso con el pueblo?
Como si repasara en un susurro cada palabra de la pregunta, Giraldo dice: “¿Qué espero de ellos? Pues bien, espero lo mismo de aquel primer día: que ninguno se guarde nada dentro y que mantengan total confianza en mí para plantearme con sinceridad y respeto sus preocupaciones, quejas, sugerencias y hasta las inconformidades que puedan tener.
“Yo siempre les hablo claro y así también me gusta que me hablen ellos. Por eso espero que sigan viendo mi despacho no solo como un momento del viernes, sino a cualquier hora, de cualquier día y en cualquier lugar, como siempre ha ocurrido.
“Cuando uno lleva tanto tiempo en esta función, espera más apoyo de la gente ante cada nueva tarea que ejecuta la comunidad, comprensión cuando algo no puede ser resuelto por razones ajenas a nuestra voluntad. Todo delegado espera también que nada afecte la asistencia a las asambleas ni la participación en ellas.
“En algunos lugares hay preocupación por la asistencia de los jóvenes. Los míos asisten, opinan y participan. ¿Cómo lo logro? Sencillo: planifico mi asamblea para un día y hora que no coincida con sus actividades. Lo otro importante es escucharlos y entender sus preocupaciones, que casi siempre se refieren al empleo sano del tiempo libre, la recreación, el deporte… aunque hay que buscar el modo de motivarlos y sumarlos a tareas del barrio para que también sientan el peso de la responsabilidad.
“En todo esto debe cooperar mucho el grupo de trabajo comunitario. De sus miembros yo también espero seguir teniendo empuje, porque un delegado solo no es nadie”.
—¿Y una circunscripción sin delegado, qué sería?
—Hay dos cosas en las que muchas veces he pensado. La primera: debe ser muy triste que nadie le plantee nada a un delegado durante la asamblea. En mi opinión eso no indica que las cosas andan bien, sino lo contrario, porque en todas partes hay problemas, preocupaciones, quejas, insatisfacciones. Aquí, por ejemplo, está el bajo voltaje en dos zonas, la necesidad de mejorar la telefonía, el mal estado de la vía que va de Las Parras a Omaja…
“Lo otro que me pregunto frecuentemente es qué sería de nuestro pueblo si no existiera en cada circunscripción un delegado. En algunas partes puede haber quien se queje o no esté satisfecho con la gestión de su delegado, pero aun así no puedo imaginar al país sin nosotros, pues hay que ver la cantidad de personas que se nos acercan con los más diversos planteamientos…
“Y eso también lo espera todo delegado que ama su misión; no importa si lleva 38 años (como nos sucede a muchos todavía en Cuba) o si recién ha comenzado a representar a los vecinos de su comunidad”.


















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Cesar Pena Paneque dijo:
1
1 de noviembre de 2014
12:34:42
Alex dijo:
2
1 de noviembre de 2014
15:02:00
pastor dijo:
3
1 de noviembre de 2014
19:47:43
Nébuc dijo:
4
2 de noviembre de 2014
13:17:19
Pastor dijo:
5
2 de noviembre de 2014
19:36:37
leo dijo:
6
4 de noviembre de 2014
08:20:20
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