ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Orestes ha sido el primer campesino de Vueltabajo en cumplir su plan de plantación. Foto: del autor

PINAR DEL RÍO.— Con la convicción de que lo que bien se aprende nunca se olvida, después de más de 30 años, Orestes Rivera ha vuelto a enrolarse en una campaña de tabaco.

Cuenta que desde la adolescencia, cuando solía ayudar a su padre en los quehaceres de la vega, no lidiaba con ese cultivo, pero ante la necesidad que hoy tiene la provincia de incrementar las plantaciones, se de­cidió a sembrar.

“En cuanto me explicaron en la cooperativa que hacía falta rescatar las tierras tabacaleras, por la importancia que tienen para la economía del país, le dije al presidente que me pusiera 25 mil posturas (0,5 hectá-reas). Y no solo eso, sino que me encapriché en ser el primero en sembrarlas, y lo logré”, dice.

En efecto, con casi una semana de adelanto con respecto al resto de los productores, Orestes ha sido el primer campesino de Vueltabajo en cumplir su plan de plantación.

Tras laborar durante dos décadas en la terminal de ómnibus municipal de Viñales, Orestes se hizo cargo de la finca de la familia luego de la muerte de su padre, pero por más de diez años se ha dedicado exclusivamente a los cultivos varios.

No obstante, asegura que retornar a la actividad tabacalera, mucho más exigente desde el punto de vista técnico, no le preocupa. “Es cierto que lleva más atención. Hay que tratarlo con cariño, como si fuera una mujer, pero a estas alturas de la vida, tengo la experiencia necesaria para hacerlo bien”.

Como él, más de 600 campesinos que en los últimos años se dedicaron a otros cultivos, han accedido a volver a sembrar tabaco a lo largo de la provincia, en respaldo a una estrategia dirigida a rescatar la producción.

Juan recuerda que fue su bisabuela una de las primeras en introducir el tabaco en estas tierras, donde luego su abuelo y más tarde su padre, lo seguirían cultivando. Foto: del autor

Solo en la CCS Frank País, a la que pertenece Orestes, de 20 productores comprometidos en la campaña pa­sada, la cifra se ha elevado a 30.

Lázaro Barrera, su presidente, ex­pli­ca que este es el resultado de un tra­bajo llevado a cabo hombre a hombre, para aclarar todas las in-terrogantes relacionadas con respecto a los recursos para la cosecha, y para construir las casas de curación.

“Hasta el momento no ha habido dificultad alguna con los aseguramientos. La prueba está en que la campaña apenas comienza y ya la mayoría de los aposentos están en fase de terminación”.

En el resto del municipio, la situación es similar. Jorge Félix Gort, di­rector general de la Empresa Agro­pecuaria de Viñales, explica que en total la cifra de productores reincorporados asciende a 77. Gracias a ellos, en la presente campaña se pre­vé llegar a 703 hectáreas y superar ampliamente las 639 plantadas el pasado año.

Aunque la inmensa mayoría son campesinos con alguna experiencia, Gort asegura que su entidad cuenta con 30 supervisores altamente calificados, encargados de atender a cada una de las vegas y ofrecer asesoría técnica.

Aun cuando Viñales es reconocido internacionalmente por sus atractivos turísticos, el director de la Empresa Agropecuaria advierte que la actividad tabacalera representa el 72 % de su producción mercantil.

De ahí la importancia para la economía del territorio, que hombres como Juan Manuel Millo hayan de­cidido retornar al campo para mantener una tradición de siglos.

Con una larga trayectoria como mecánico y chofer de ómnibus, Juan recuerda que fue su bisabuela, quien llegó a Viñales procedente de Islas Canarias en 1860, una de las primeras en introducir el tabaco aquí, donde luego su abuelo, y más tarde su padre, lo seguirían sembrando.

Por ello, desde que decidió hacerse cargo de la finca de la familia, hace un año y medio, comenzó a valorar la posibilidad de retomar el cultivo de la aromática hoja.

En esa dirección, ha estado llevando al mismo tiempo la preparación del área y la construcción de una casa de curación.

“Además de seguir una tradición, es una manera de ayudar a la economía del país, y también a la economía de la casa”, dice. Y a pesar de reconocer que hay particularidades del cultivo que le tocará aprender sobre la marcha —como la manera de ha­cer los surcos—, se muestra optimista. “Afor­tuna­­da­mente, en esta zona lo que se sobra son campesinos con conocimientos y disposición para ayudar”.

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