ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Tarja con el nombre de los Representantes a la Asamblea Constituyente de Jimaguayú, colocada en el Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana. Foto: Archivo

En Jimaguayú, el 16 de septiembre de 1895, en el mismo escenario camagüeyano donde cayó el Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte en 1873, fue aprobada la Constitución que rigió los destinos de la República de Cuba en Armas. El trascendental documento dio legalidad a la guerra que, apenas unos meses antes, había recomenzado en la isla.

El lugar escogido por el Generalísimo Máximo Gómez para el acontecimiento político resultaba todo un cumplido y respetuoso homenaje al abogado y jefe del Ejército Mambí, quién, además, había sido uno de los artífices de la Constitución que en 1869 se había firmado en Guáimaro aboliendo la esclavitud y proclamando la igualdad entre los hombres.

Desde el día 10 de ese mismo mes Gómez había comenzado a acercarse con su tropa al sitio donde se discutiría y redactaría la Carta Magna. El 13 se concentró en el sitio el Regimiento de Caballería Agramonte y varios jefes de la contienda; y el 14 se reunió la Constituyente. El Generalísimo acampó con sus hombres en los alrededores, en las fincas colindantes Guayabo y Antón.

En un rústico bohío sesionó el Parlamento; su presidente fue el Marqués de Santa Lucía, el rico hacendado camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt, hombre con sobrado prestigio que al estallar la Guerra de los Diez Años abandonó comodidades y título, les dio la libertad a sus esclavos, y puso sus bienes a disposición de Cuba y su independencia.

La Constitución de Jimaguayú estableció un gobierno centralizado que unió en un mismo órgano los poderes legislativo y ejecutivo; pero a partir del análisis de la experiencia de la precedida Constitución refrendada en Guáimaro, la nueva dejó relativamente libre al aparato militar con el fin de eliminar las fatales discrepancias que tanto daño habían ocasionado a la anterior contienda.

El Consejo de Gobierno encargado de decretar las disposiciones relacionadas con la vida civil y el devenir político de la República en Armas, solo mediaría en las operaciones de carácter militar cuando, por propósitos decididamente gubernativos, esta intervención resultara imprescindible, condición que determinó su relevancia.

El Consejo de Gobierno encargado de decretar las disposiciones relacionadas con la vida civil y el devenir político de la República en Armas, lo encabezó Salvador Cisneros Betancourt. Foto: Archivo

Encabezado por Cisneros Betancourt, el Consejo quedó integrado por Bartolomé Masó como vicepresidente. Tomás Estrada Palma, quien a la muerte de José Martí asumió la dirección del Partido Revolucionario Cubano, fue nombrado ministro para asuntos de política exterior. Los puestos de General en Jefe del Ejército Libertador y de Lu­gar­teniente General recayeron en Gómez y Antonio Maceo, respectivamente.

Fue el propio Jefe de las fuerzas militares, el dominicano Máximo Gómez quien, en acto solemne, proclamó el Gobierno constituido en la manigua. A partir de esos mo­mentos el trabajo conjunto facilitó las acciones por la independencia, y jurídicamente también pudo accederse al reconocimiento del Go­bierno de Cuba Libre a escala internacional.

De este modo, las aspiraciones de José Martí, paradójicamente caído en Dos Ríos antes de ver concretada la institución revolucionaria que él quiso para darle a la causa de la independencia formas organizativas más democráticas, se convirtió, en definitivas, en un acto viable que definió, en buena medida, la madurez de la Guerra iniciada en el 95.

Oficializada la República en Armas, los preparativos para extender la guerra a todo el territorio insular cubano se hizo impostergable. Antonio Maceo y Máximo Gómez organizaron las tropas insurrectas y las condujeron hacia el occidente del país, en un hecho sin precedente. La campaña militar se convirtió en la acción más brillante de su tiempo.

El contingente invasor libró combates memorables. Las batallas de Mal Tiempo, Coliseo y Calimete dieron seguridad a los insurrectos y confianza en el triunfo. La invasión alcanzó el territorio occidental. Maceo llegó a Mantua y Gómez lo asistía y ponía en crisis con su arrasadora tea incendiaria, la economía colonial. La invasión cumplió exitosamente sus objetivos.

La Asamblea Constituyente tuvo a su cargo la responsabilidad de constituir un Gobierno Provisional para Cuba que asumiría la conducción y destino de la Guerra por la independencia del colonialismo español, la misma confió en la integridad de sus jefes militares y suscribió el precepto martiano de con todos y para el bien de todos.

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Montecristo dijo:

1

15 de septiembre de 2014

14:57:50


Me parece fabuloso que temáticas referidas a nuestra historia y en específico a las guerras por la independencia aparezcan tratadas en nuestra prensa. Sin embargo, es de lamentar que algunos trabajos posean errores historigráficos como resulta el caso. Si bien la Asamblea y Constitución de Jimaguayú fue un paso importante en la búsqueda de la unidad independentista así como para dotar a la recién iniciada Revolución de personalidad legal, para nada puede señalarse que fuera la concresión del ideal martiano sintetizado en sus palabras "el ejercito, libre, y el país, como país con toda su dignidad representado" y es que el ejército nunca tuvo real libertad de acción, ni siquiera realtiva, sino todo lo contrario, las disposiciones plasmadas en la constitución buscaban atenazar al ejército, algo que provocó fricciones entre el General en Jefe y el Consejo de Gobierno que lastraron en no poca medida el buen desarrollo de la guerra. Pongo solamente dos ejemplos: la creación del cargo de Secretario de la Guerra que se hacía totalmente improcedente dada la existencia del General en Jefe, ello solo provocaría un contrapunteo entre ambos cargos; y el segundo la autoridad que se arrogó el Consejo de Gobierno de conceder grados militares de coronel en adelante, algunos de los cuales se le otrogaron a personas que no los habían obtenido por su arrojo en el campo de batalla sino por poseer un título universitario y, dicho sea de paso no fueron aceptados por Máximo Gómez. En fin, considero que si bien Jimaguayú fue una imprescindible simplificación del aparato de gobierno en comparación con el estructurado en Guáimaro, no podemos decir que fuese la plasmación del ideario martiano respecto a la organización del gobierno basado en la tesis de "el ejército libre", pues ello nunca fue una realidad sino una traba que lastró el buen daserrollo de la guerra y llevó al Generalísimo a grandes enfrentamientos con el Consejo de Gobierno que lo llevaron, incluso, a solicitar su renuncia como General en Jefe del Ejército Libertador.

nathali dijo:

2

23 de mayo de 2016

22:27:00


no es lo que buscaba pero de todos modos gracias