ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Jorge Luis González

En un lejano septiembre, de cuyo año no tengo el menor reparo en acordarme, fui por primera vez a la escuela. Puedo aún revivir, sin que el tiempo lo haya me­llado en absoluto, el cosquilleo curioso que experimenté entonces al sentirme ro­deada de otros niños, con mi uniforme almidonado, y bajo la nueva custodia de una maestra inolvidable.

La cara juvenil de mi madre —envejecida ya por el implacable— en aquel primer matutino que estrenó mi comparecencia oficial en algún sitio; la inmensidad del patio que se me antojaba una enorme plaza, y la modesta tribuna de madera des­de donde la veterana directora Pan­chita, toda dulce y elegante, nos dio la bien­venida, serán imágenes que siempre guardará mi memoria.

Fue ella misma, la directora, quien nos habló esa mañana del Himno de la escuela, compuesto por ella, pero desde la posición del pequeño que iría a aprender de los libros, de la vida y los maestros.

Para ponerle música ella tocaría cada mañana el piano, colocado  en la más cercana de las aulas que daban al patio, para que la melodía llegara a todos.

Lo escuchamos aquella mañana por vez primera en la voz de los niños que ya estaban en otro grado, pero a los pocos días ya lo sabíamos de memoria. Entrar a las aulas cantando aquella enérgica canción fue durante años enteros un ritual que los maestros hicieron cumplir al pie de la letra: Un nuevo día / feliz comienza / en el estudio / y en el deber (…).

Mi escuela fue la casa grande donde sentí como un bálsamo la extensión del amor que recibí en mi hogar. Fue allí donde vi hecho realidad que todos los niños éramos iguales, que la merienda se repartía en la misma medida para todos, que el aula era el recinto donde la luz de la enseñanza se repartía en idénticas proporciones.

Fue el lugar donde esos primeros hu­mildísimos libros de los que habló Martí pu­sieron en mí pies, brazos y alas que des­­pués formaron cimientos, tocaron ese­n­­cias y sembraron sueños.

Allí mi maestra con solo una pizarra, un borrador, tizas y una gran voluntad, nos hizo creer que el mundo nos pertenecía. Allí la vi un día regañarnos bajito para que hiciéramos silencio porque en los mi­nutos finales de la sesión de la ma­ñana, mientras esperábamos religiosamente el timbre para salir del aula, un niño se había quedado dormido sobre el pupitre.

Una amiga sabia suele decir que nada hay más triste que un primero de septiembre en la casa. Creo que tiene razón. Des­de días antes la familia completa se involucra en ajetreos que giran en torno a ese momento único de llegar por primera vez, o después de las vacaciones, a la es­cuela. Tras la odisea de comprar los uniformes muchas abuelas bajan dobladillos, sueltan pinzas y adaptan camisitas y blusas para que los niños vayan bien lindos a sus clases.

Llegado el día, no se habla de otra cosa ni en la casa ni en los centros laborales. Hoy muchas madres llegarán a media mañana al trabajo, con la anécdota en los labios, porque acompañar a sus hijos en estas horas, incluso las que los tienen cursando el Preuniversitario, es ineludible. La tarde estará protagonizada por tijeras, forros, papeles, presilladoras y plumones que dejarán como nuevos los libros de texto y las libretas.

Esta mañana vuelvo al patio que me pa­reció hace años una gran plaza. La emoción de entonces, repetida después cuando llevé a mis hijos, permanece in­tacta. Hoy voy para ver a Ro­cío entrar por primera vez allí, de la mano de su abuela, porque su madre ya no la podrá acompañar.

Ojalá que sus maestros puedan poner en sus manos y en las de sus amiguitos el pan de la enseñanza sazonado con esa ternura que en ese mismo sitio recibí un día, repartido por autores de una obra de infinito amor.

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Barbara Rivero Parra dijo:

1

31 de agosto de 2014

22:08:36


Con tu articulo tocaste la sensibilidad de muchos , estoy segura , la mia mucho mas . Me hiciste recordar muchos Septiembres , aunque no en tu posicion,sino dandoles , con mucho carino , la bienvenida para que no sintieran ese temor que a todos nos embarga en el primer dia de cualquier acontecimiento ,Gracias Madeleine .

Carlos de New York City dijo:

2

1 de septiembre de 2014

07:41:04


A Los Padres y Demas Familiares en Cuba : Nuestros Niños en Cuba Tienen la Obra y el Primer Privilegio de la Revolucion Cubana del 1959 Cuando Triunfaba en la Patria de Todos Nosotros los Cubanos. " NO es Unicamente que los niños Vayan a la escuela y sean los Maestros los Unicos encargados de enseñarles a leer , Sumar y Restar, Utds Tienen el deber y la Obligacion de ser sus Primeros Maestros en la Vida de no Predicarles con la Palabra si no Tambien con el Ejemplo . " Tambien deben de inculcarle a Leer en sus Horas de ocios y a que devoren cuantas letras cahigan en sus manos Ya sean Libros y Periodicos Como Cualquier papel Escritro. Si Nuestros Niños se acostumbran a leer seran mas Libres aun el dia de mañana y aprenderan mas aun Amar la Patria como a sus Mismos Padres .

Leannys Carrillo Basulto dijo:

3

1 de septiembre de 2014

11:23:40


Cuantos recuerdos hermosos!!! Pero lo mas importante que este entusiasmo no sea de un solo dia, que para los pioneros y estudiantes en general ir a la escuela sea una fiesta de aprendizaje y entretenimiento y no un castigo obligatorio. Se que la Revolucion pondra todo su empeno en que sea asi, en que la escuela cubana se supere cada dia. Bravo por Cuba, por mi Cuba. Bravo por sus maestros y pioneros!!!

Dario dijo:

4

1 de septiembre de 2014

14:38:30


"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordame, no ha mucho tiempo que..." fui por primera vez a la escuela. Ah, los recuerdos agradables y los no agradables vale recordalos para comparar nuestros logros y los de nuestra sociedad. Educacion universal, cero analfabetismo, seguro medico...Ojala y sus maestros inculquen todo esto.

tomas ennis cutinos dijo:

5

1 de septiembre de 2014

19:16:32


Felicidades para todos los ninos y maestros q hay q reconocer el gran esfuerso q hacen por educar nuestros hijos

Esperanza Diaz Marrero dijo:

6

2 de septiembre de 2014

10:36:41


Muy emotivo tu comentario periodista, todos los que ya hemos vivido la experiencia de disfrutar el inicio del curso escolar como el mejor recuerdo en nuestra familia por varias generaciones te agradecemos este articulo, en realidad me siento como educadora comprometida a que cada dia en nuestras aulas no solo se instrulla sino tambien se forme, se ame, se luche porque los ninos y jovenes sean mejores y siempre tengan en su memoria el recuerdo agradable de este primer dia de clases, ese es uno de los objetivos del presente curso escolar que cada escuela se parezca a su comunidad, que su horario permita el vinculo con la historia, la ciencia el deporte sin perder la vision en el estudio del curriculum de cada grado y la exigencia en la profundidad de los contenidos, esperemos sea un buen curso escolar las condiciones estan creadas gracias a interes del estado y la Revolucion, Gracias a Fidel por hacer realidad los suenos del MAESTRO.

Esperanza Diaz Marrero dijo:

7

2 de septiembre de 2014

10:38:41


Muchas gracias, como educadora y madre me has hecho recordar y tocastes la sensibilidad en muchos de mis companeros, esperemos un feliz curso escolar, lo prometo en nombre de los educadores cubanos.

Madeleine dijo:

8

2 de septiembre de 2014

14:15:21


Muchas gracias a todos. Gracias, Esperanza, por la promesa.