
LAS TUNAS.—De acuerdo con estadísticas generales, durante el presente año el consumo de energía eléctrica no ha excedido en esta provincia los niveles asignados por la nación. Ese es un hecho real y positivo, cuya expresión en términos concretos de economía significa más de 9 900 MWh, o lo que es igual: casi 2 700 toneladas de combustible a favor del país.
Aun así, el territorio mantiene un riguroso seguimiento en torno a ese asunto, sobre todo en un grupo de entidades y establecimientos, fundamentalmente pertenecientes a los sectores de la salud, industria alimentaria y servicios comunales (alumbrado público), cuyas potencialidades de ahorro todavía no se corresponden con el saldo a ras de metro contador.
Así lo han reiterado directivos, especialistas e integrantes del Consejo energético provincial, tanto en el análisis que cada semana se realiza para evaluar la situación, como en el contexto de visitas e inspecciones.
El deterioro de la tecnología con que cuenta la red de panaderías es un fenómeno que repercute en los índices de consumo; nadie lo niega. La feliz reposición de luminarias, allí donde dejaron de alumbrar durante años, también tiende a elevar agujas, del mismo modo que sucede en determinadas instalaciones hospitalarias tras el incremento coyuntural de la actividad.
Ello, sin embargo, no exonera de la responsabilidad por la inexistencia de un plan adecuado que prevea acciones o medidas tan elementales como la limpieza de filtros, hermeticidad de locales climatizados, exigencia para impedir el funcionamiento innecesario de bombillos, ventiladores y aires acondicionados, o la concepción de un programa serio de mantenimiento para los equipos.
Por esto, la realización en junio de unas 140 inspecciones volvió a develar grietas que a la postre causan hemorragias en las arterias del consumo. No por casualidad, entre otras medidas, los informes dan cuenta de 64 cortes en el servicio.
Esa no es la mejor solución. Mucho más inteligente, justo y saludable es evitar derroches y negligencias, tanto en un sector estatal siempre “apretado”, como en un ámbito residencial o familiar que —sin haberse excedido tampoco en el primer semestre del año— suele consumir más “holgada” (o despreocupadamente) esa vital energía que sigue llegando, sobre todo en meses tan calurosos como los del verano.
Bajo ese prisma, según explica Erdey Cañete Tejas, director de electricidad en la Oficina Nacional para el Uso y Control de la Energía (ONURE), se han realizado acciones de capacitación en entidades de comercio, campismo popular y salud, de acuerdo con una voluntad que no exime de ayuda a ningún organismo interesado en recibir orientación.
Lo cierto es que bajo cualquier circunstancia, la mentalidad de ahorro y de austeridad en el uso de la energía eléctrica no puede ser asunto de “unos sí y otros no”. Toca a todos, porque cuando el inevitable apagón cae sobre un barrio, distrito, zona o ciudad entera, no diferencia nombres, locales, entidades o sectores. A esa hora vienen los lamentos, pero ya resulta “tarde”. Lo sensato es, entonces, obrar con claridad desde temprano. A tiempo. Ahora.


















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virgo dijo:
1
30 de julio de 2014
17:56:15
F@B@T dijo:
2
31 de julio de 2014
12:12:14
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