
LAS TUNAS.— ¡Qué bueno, caramba! —exclamó el anciano Antonio Díaz— ahí viene la guagua de Valentín. Creo que por fin voy a salir de esta parada. Y, efectivamente, minutos después el hombre viajaba rumbo al centro de la ciudad, a bordo de un ómnibus que a golpe de calendarios se ha convertido en patrimonio visual y salvadora alternativa a mano de los tuneros.
“Llevo 26 años y cuatro meses encima de este equipo —comenta Enrique Valentín Guerra Rodríguez, trabajador perteneciente a los servicios técnicos de la empresa provincial de transporte y cargas generales, de Las Tunas.
“Cuando la recibí no caminaba. Traía un motor de gasolina pero le faltaban agregados, no tenía piso, recuerdo que al trasladarla vine sobre un asiento improvisado con bloques. En la empresa la reconstruimos completamente; creo que quedó mejor que cuando vino de la antigua Unión Soviética. Desde entonces no me ha abandonado, ni la he abandonado, un solo día.
“Al principio fue destinada para la atención a visitas, trabajos de inspección, servicio a organismos y otras necesidades. Hoy puedo decirte que llevo 26 años apoyando jornadas cucalambeanas, sin contar varios festivales de magia y otras actividades de las artes escénicas.
“También permanecí alrededor de cinco años viajando dos y hasta tres veces por semana hacia el aeropuerto holguinero, por donde salían y regresaban pasajeros de nuestra provincia.
“Ante las dificultades con el transporte urbano me pidieron reforzar ese servicio aquí. En estos momentos estoy haciendo un recorrido fijo que inicia en La Feria y termina en los hospitales, para beneficiar fundamentalmente al personal que trabaja en esas instalaciones de salud. Después de las 8:15 de la mañana continúo entonces en ruta libre por los puntos más complicados de la ciudad.
“¿Problemas con los pasajeros? No. Yo pienso que son bastante receptivos. A veces he discutido con algunos por expresarse incorrectamente, pero siento que, en general, me aprecian, respetan mi trabajo y mi ??ómnibus”.
—Tu equipo “ha enterrado” a otros, mucho más nuevos… ¿Cómo logras mantenerlo siempre activo?
—En primer lugar, sintiendo que es mío. Eso me permite entonces cuidarlo como debe ser. Yo estoy siempre al tanto del menor fallo o problema que pueda presentar, soy quien primero me ocupo de arreglarlo, de lavarlo, de darle el mantenimiento programado y las revisiones técnicas que lleva periódicamente. Mi carro solo lo manejo yo, nadie más. Creo que nadie va a cuidarlo igual. Nunca ando corriendo. La velocidad no conduce a nada bueno: acaba con la vida humana y con los equipos.
“Por todas esas razones y por lo que amo mi trabajo, apenas cojo diez días de vacaciones al año. Con eso es suficiente para llevar a mi esposa y a mis hijas a la playa, darle un pequeño receso a mi ómnibus y chequearle su salud técnica para entrarle otra vez al trabajo con todos los hierros”.
Pocas personas tal vez conozcan que sobre la base de esos y de otros buenos motivos, Valentín ocupa desde hace varios años privilegiado lugar de vanguardia en su colectivo. La gente solo sabe que él siempre está ahí, de impecable camisa blanca y corbata, detrás del volante, atento a su deber, dueño de un ómnibus que nadie asocia a la empresa de transporte, sino a él: su verdadero dueño en la práctica.


















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Canario dijo:
1
3 de junio de 2014
02:11:22
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3 de junio de 2014
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3 de junio de 2014
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3 de junio de 2014
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3 de junio de 2014
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Yonny dijo:
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4 de junio de 2014
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4 de junio de 2014
13:20:38
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