Como describió alguna vez Gabriel García Márquez, solo una madre “sabe llevar de la mano entre las tinieblas de una realidad que conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces”. Estas son cosas solo de mujeres, me atrevo a afirmar, aunque cualquiera pudiese nombrar la alegoría como feminismo soberbio.
Pero no se trata de feminismo, sino de la realidad de Mileydis, Mayra, Carmen y Evilenny. Todas ellas, además de madres, amigas, educadoras, asumen en sus hombros la seguridad nacional tal cual se tratase de la seguridad para sus propios hijos. Son una representación fidedigna de las madres en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
La doctora y máster Mileydis Pozo Calderón, por ejemplo, es la jefa de Servicios de Especialidades Clínicas en el Hospital Naval, cuyo esfuerzo personal la ha ayudado a dividir las horas del día entre consultas de Neumotisiología, las clases de Morfofisiología a galenos, diplomados, maestría y los repasos a su hija pequeña, actividades escolares, labores domésticas y complicidad de esposa.
“Ser médico demanda bastante sacrificio y horas de estudio luego de terminar todas las tareas en la casa. Ser médico en las FAR, además, exige mayor compromiso en la disciplina durante el cumplimiento de ese deber; pero si volvería a vivir escogería la misma profesión y por supuesto, volvería a formar la familia que hoy tengo. Si las mujeres nos hemos ganado tantos espacios en la sociedad pues hay que saber defenderlos”, afirmó.
Opinión que también comparte la licenciada en enfermería Mayra Hechavarría Simonó, quien lleva trabajando en esa misma institución 25 años, de los cuales 19 los ha dedicado al departamento de Hemodiálisis, donde los pacientes forman ya parte de su familia.
“Son pacientes con insuficiencia renal crónica, por tanto son personas muy sensibles. Sus padecimientos los vivimos juntos por varios años, por tanto resulta difícil desligarse de ese sufrimiento ajeno. Soy madre e hija también y sé lo que se siente al tener a un ser amado en esas condiciones, por eso es un reto y una prioridad para mí ayudarlos a salir adelante”, refirió Mayra, jefa del Departamento de la especialidad.
Pero esa pasión es general en todas las esferas de la vida militar. La teniente coronel Carmen Feteira Rodríguez es Máster en informática y su responsabilidad es garantizar el óptimo funcionamiento de la Academia de las FAR General Máximo Gómez “Orden Antonio Maceo”, como la jefa del Centro de Automatización.
“Tenemos un grupo de desarrollo de software donde se crean aplicaciones en función de la instalación docente, se gestiona la informática del campamento, y un grupo de Soporte que es la parte que se dedica a las aplicaciones”, explicó Carmen.
“Toda la docencia de la academia en general, depende de la informática. El aseguramiento a todo eso garantiza que la docencia y el resto de las actividades, den vida al centro. Mantenerla es nuestra responsabilidad”, añadió.
Se trata de una cualidad intrínseca que las convierte en ideales ante cualquier tarea que se les encomiende. Solo un justo referente a la naturaleza de mujer que tantas victorias han sumado a la historia nacional y las han forjado como Marianas, Celias, Vilmas, Amalias, símbolos de valor que dejaron de legado para todas las féminas el modelo de la mujer cubana: abnegada, dulce e inteligente, de fuerte convicción patriótica.
Son cualidades —recalco— que como madres de los hombres de la nación, orientan el destino de sus hijos hacia el camino correcto para fundirlos como líderes y héroes. Como es el caso de la teniente coronel Evilenny Camejo Rodríguez. Ella, desde hace casi cuatro años, se desempeña en una unidad de tanques del Ejército Occidental.
“Es difícil porque tengo dos niños pequeños y el trabajo requiere de un tiempo prácticamente completo, no tenemos ni sábado ni domingo, ni horas libres”, asintió. Sin embargo, nada es imposible cuando se tiene al lado a “un compañero que te ayuda en todo”.
“Mi esposo y yo tenemos un trato. Como él es oficial de mi unidad, hemos establecido que siempre uno de los dos debe acompañar a los niños, en dependencia del rigor de trabajo de cada uno. Pero esto es resultado del entendimiento y la complicidad durante los 20 años que ya llevamos juntos”, alegó.
Ejemplos como el de estas féminas no solo acreditan el sentir de las madres para orientar el destino de sus hijos hacia el camino correcto, sino que la profesión de la grandeza más que virtud es un legado del esfuerzo, la disciplina, y, sobre todo, la motivación por alcanzar los sueños propios.



















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evelyn dijo:
1
10 de mayo de 2014
11:18:14
Alonso Martinez dijo:
2
10 de mayo de 2014
13:58:19
odelaisy dijo:
3
10 de mayo de 2014
17:44:48
Daisy Rivero Leon dijo:
4
10 de mayo de 2014
17:52:05
lev pernas paneque dijo:
5
10 de mayo de 2014
23:02:32
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