
Desde entonces, cada jornada se revierte en una enseñanza para los trabajadores de la Unidad Básica #7 Fábrica de Calzado José Ramón Martínez, del municipio de Guanajay.
Transmitir conocimientos
María Caridad Riestra, técnica de calzado y talabartería, domina los tantos pasos que acompañan al proceso, cual si hubiera emprendido cada uno. Y no es para menos, pues desde que hizo las prácticas docentes en este sitio se enamoró aún más de la profesión, y por más de tres décadas el centro se ha nutrido con su quehacer.
"Ahora nos encargamos de capacitar al personal. Después de un año de cierre para ejecutar la inversión —fruto del ALBA—, perdimos gran parte de la fuerza de trabajo; apenas quedamos algunos que transmitimos nuestros conocimientos para que las producciones salgan con la calidad requerida", comenta Riestra, quien fue directora de la fábrica.
En el momento de nuestra visita hacía tres días que Wendy Herrera, joven de 18 años, había comenzado su preparación en el centro —conocido entre la población como Calzado—, y apenas iniciaba su andar en la máquina de coser.
En el departamento de preparo, Ada Hernández, la jefa de brigada, le enseña cuanto sabe de la materia, al igual que al resto de los principiantes. "En esta área empezamos a capacitar a diez trabajadores hace una semana: tres ya están en producción; aún no les ponemos norma sino operaciones sencillas para que cojan el control de la máquina y puedan dominarla", manifiesta.
De disímiles operaciones son objeto las materias primas en cada uno de los departamentos (corte, preparo o costura, monta y envase). Y finalmente, las botas son trasladadas hasta el almacén de productos terminados.
Recortar, unir piezas, asentar el montado, aplicar pegamentos, colocar casquillos o contrafuerte, montar puntera, enfranque o talonera, lijar, despolvar, quitar residuos de pegamento, aplicar el líquido de terminación... son algunas de las tareas que ocupan a diario a los 101 trabajadores de la unidad, en su mayoría vinculados al proceso productivo.
Por una mayor producción
Más de 13 000 pares de botas han cobrado vida hasta la fecha desde la puesta en marcha en octubre del 2013; el plan comprende la confección de estas, del número 38 al 45, y los destinos de las producciones son el MINSAP y AzCuba.
"Cuando la fábrica tenía equipos viejos la producción era menor; con esta tecnología de punta —equipos italianos y españoles—, la intención es hacer 630 pares diarios, y en la medida en que adquieran más destreza podremos aumentar la producción hasta 800. Anteriormente trabajaban con una tecnología obsoleta y se decidió potenciar la fábrica con una inversión para mejorar además la calidad del producto ofertado", asegura Maritza Malnero, quien recientemente asumió la dirección del colectivo.
"Esta es una de las tres fábricas más modernas de su tipo en el país, pues simultáneamente se emprendieron otras inversiones con la misma tecnología en Villa Clara y La Habana. Actualmente estamos en reordenamiento empresarial.
"Con el fin de estimular a los trabajadores se está trabajando en un sistema de pago, que permitirá incrementar los salarios dado el aumento de las producciones; estamos en espera de su aprobación por parte del Ministerio de Economía y Planificación", añade.
El incremento de la capacidad productiva y de la calidad del producto, así como el hecho de convertirse esta actividad en una fuente más de empleo para el territorio, son algunas de las ventajas que ha traído consigo la inversión, a decir de la directora.
Según Eusebio Peñalver, uno de los operarios con bastantes años de experiencia, "el cambio ha sido significativo. Por tanto, dejamos en las máquinas lo que mejor sabemos hacer". Solo resta consolidar lo aprendido, en este camino hacia una mayor productividad.













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