ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Matanzas.–Cuando pasen los años y un día rememoren la épica entrega de los trabajadores de la Salud de este territorio en el enfrentamiento a la COVID-19, saltará a la vista, entre las notas más admirables, el desempeño del hospital militar Mario Muñoz Monroy; una institución que ha gozado de notoriedad por la alta calidad de sus profesionales, y que desde ese ejemplar esfuerzo enaltece el tributo al médico del Moncada.

En cuanto se dieron a conocer los primeros casos del nuevo coronavirus en la provincia, el Mario Muñoz se puso en guardia enseguida para apoyar a las autoridades locales en su empeño por salvar vidas. A partir de entonces siguió siendo el mismo y, al propio tiempo, otro hospital.

Desde la llegada del primer enfermo al centro, en el mes de marzo, han atendido allí una cifra superior a los 2 000 pacientes, entre confirmados y sospechosos a la pandemia, así como otros con síndrome respiratorio agudo y más leve, como una medida de precaución.

Sin duda, este es uno de los hospitales con mayor nivel de actividad en el país en el enfrentamiento a la enfermedad, explicó el teniente coronel doctor Juan Carlos Martín Tirado, director de la institución.   

Entre las dos etapas han tratado a 287 casos positivos a la COVID-19, con la recuperación de la inmensa mayoría; son vidas salvadas, dijo el galeno. Solo siete fallecieron y, en seis de ellos, pesaron las enfermedades de base, sostuvo.

En esta adversa circunstancia, el colectivo se ha lucido como nunca, destacó Martín Tirado. En el primer brote hubo gran intensidad de trabajo, pues, además de los confirmados, atendimos a un elevado número de sospechosos.

EL HOSPITAL SE MANTUVO EN PIE

«Tuvimos días, sobre todo en el mes de abril, en los cuales la situación fue verdaderamente compleja y nos obligó a buscar opciones para incrementar la dotación de camas y reforzar las posiciones de terapia intensiva, donde se atendieron más de 140 pacientes».

Si el hospital se mantuvo en pie, a pesar de aquella atmósfera, comentó, fue gracias al equipo de trabajadores dedicados especialmente al enfrentamiento a la enfermedad; un colectivo de casi 70 personas donde hay médicos, intensivistas, enfermeras, tecnólogos, asistentes y camilleros, entre otros.

Agregó que, durante esa etapa, se sobrepasaron los límites de la institución en el ámbito asistencial. Ingresaron niños, embarazadas, deambulantes, personas de muy avanzada edad… fue muy complicado, manifestó el director.

Entre los hechos poco frecuentes, fue novedad la operación con éxito a una turista rusa, quien había sufrido una fractura de cadera en el hotel donde se hospedaba, en Varadero.

También resultó un suceso la realización de un parto por medio de cesárea a una embarazada ingresada allí como sospechosa del nuevo coronavirus, y que, por razones de tiempo y de la propia exigencia de la enfermedad, no fue conveniente su traslado.

«Teníamos todas las condiciones en este hospital, a pesar de que normalmente aquí nunca se realizan partos. Por fortuna, todo salió bien, en medio de rigurosas medidas de bioseguridad», recapituló el director.

«Fue la primera cesárea que se practicó en el centro, un momento muy especial, sobre todo para el grupo de anestesiólogos, neonatólogos, enfermeras, radiólogos y ginecólogos».

Muy conocido fue el caso de un turista francés diagnosticado con la COVID-19, de 72 años de edad, cardiópata, hipertenso, con una diabetes mellitus de base, y que tras no pocas complicaciones y de haber estado extremadamente grave, los médicos matanceros le salvaron la vida. Recuerda Martín Tirado que resultó «la primera alta médica otorgada a un ciudadano que antes estuvo reportado de gravedad».

El excursionista se entusiasmó de tal modo con la atención recibida, que antes de marcharse elogió públicamente la vocación solidaria de la medicina cubana, y aseguró, en señal de simpatía, volver a Cuba «cuando todo esto acabe».

La institución fue noticia, asimismo, cuando recibió a los más de 30 tripulantes enfermos de un barco que navegaba hacia Cuba. Todos los marineros respondieron adecuadamente al tratamiento, sin complicaciones, para dar crédito así a las buenas referencias de este hospital.

 

MIS HIJAS ME LLAMABAN TODOS LOS DÍAS

El endocrinólogo Rubén González trabaja en la sala de Medicina, siempre en zona roja, donde habitualmente hay varios enfermos. Su equipo ha rotado ya en varias oportunidades. Reconoce que el trabajo es duro, inclusive agotador, pero lo que más extraña es estar separado por tanto tiempo de sus dos hijas pequeñas. Me llamaban todos los días, «a veces hasta más de una vez». Insistió, sin embargo, en que resulta reconfortante ver a los pacientes evolucionar y salir finalmente ilesos.

Entre los trabajadores del hospital hay médicos que participaron en la misión contra el ébola en Sierra Leona, y más recientemente en Lombardía, profesionales con antecedentes en el tratamiento de enfermedades infecciosas. Es el caso del neumólogo Ronnie Montero Aldama. Su estancia en el hospital de campaña de la ciudad de Crema, en Lombardía, fue una experiencia enriquecedora, pero impactante, dice.

«Cuando llegamos, la enfermedad estaba allá en el punto más alto, con pacientes muy graves. En la sala donde yo trabajaba, de apenas 32 camas, morían cinco y seis pacientes cada día, y eso es algo a lo que nosotros no estamos acostumbrados».

A pesar del paso de los días no olvida a la primera paciente a la que los cubanos dieron de alta médica. «Era una mujer de 78 años de edad, quien había perdido a su esposo y a dos de sus tres hijos por la COVID-19. No sabía cómo agradecer, sus gestos lo decían todo, al final su hija hizo una carta de reconocimiento y la hizo circular por todos lados.

«Fue una experiencia única, porque es verdad que vimos morir a no pocas personas, pero también salvamos a mucha gente de conjunto con los médicos de allí».  

En la institución matancera, el nuevo plan durante el rebrote respondió a las experiencias acumuladas durante la primera etapa en el enfrentamiento a la pandemia, de la cual quedó fortalecida de cara a próximos combates. 

Ha sido una premisa importante la protección del personal expuesto a riesgos, la preparación de todos los trabajadores, y el cumplimiento con disciplina de otros protocolos hospitalarios.

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