ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Matanzas.–Desde el amanecer hasta muy entrada la noche, y también durante la madrugada, la calle Velarde, entre San Carlos y Compostela, está bajo estricta vigilancia. Todo el que pasa por allí se detiene a husmear desde la distancia. Es la cuarentena, la experiencia que nadie quiere para sí.

Otros se acercan con el propósito de ayudar, y traen en una bolsa algún producto necesario para el amigo o el familiar allí confinado, como expresión del espíritu solidario que caracteriza al cubano.

En su espacio interior, los 194 vecinos están obligados a renunciar a no pocos de sus hábitos. Ni trabajo, ni escuela: nadie entra, nadie sale.

Aislamiento incómodo, pero necesario, para atajar la dichosa COVID-19, explica Rogelio Expósito, delegado de la circunscripción, luego de comentar sobre la compleja situación sanitaria que hoy presenta la provincia.

Cuando pasen muchos años, hasta los que hoy son muy pequeños quizá recuerden estos días de zozobra y los esfuerzos de sus padres por mantenerlos distraídos ocupando su tiempo dentro de la casa por largas jornadas, sin apenas «ver» el sol.

Por suerte, sin moverse de su hogar, los niños siempre encuentran la forma de generar alguna invención para pasar las horas, aun a riesgo de la reprimenda de los adultos.

El mío tiene 14 años y está casi todo el día ante la televisión y estudiando para cuando pueda presentarse a prueba, pero los más pequeños son un fenómeno, comenta una madre, quien añade que pasa el día limpiando y acomodando la casa.

«Al principio dormimos a “fondo”, como nunca, pero ya no queda más por hacer y el silencio también aturde», hace notar sin ocultar la ansiedad.

Desde hace una semana las personas que viven en esta área, en el reparto Simpson, en la ciudad de Matanzas, están en cuarentena, es decir, obligadas a vivir en los límites de su hogar como medida de precaución extrema y dedicadas a los oficios domésticos.

Aislamiento incómodo pero necesario para atajar la COVID-19 en esta zona matancera. Foto: Ventura de Jesús García

Un vecino del lugar, constructor en Varadero, resultó positivo, y fue necesario tomar esta medida en la cuadra. Una experiencia dura, admite Odisney Cabrera, estomatóloga de profesión y residente en el área confinada.

«Al principio fue impactante. Llegaron los trabajadores de Salud y explicaron que debía cerrarse la cuadra. En un instante se transformó el barrio. Claro está, nos preocupamos mucho, porque en ese momento ni siquiera sabíamos quién era el caso confirmado con la COVID-19.

«Por suerte, hasta ahora no hay incidencias y el control de foco transcurre sin mayores contratiempos. Nos comunicamos telefónicamente con los contactos en su centro de aislamiento, y sabemos que tanto ellos como el enfermo se encuentran bien».

Los 194 residentes no tienen necesidad de abandonar su vivienda. Están al cuidado de cuatro mensajeros, que andan y desandan la cuadra muchas veces al día. Viven allí con ellos. Son quienes entregan los alimentos y medicamentos.

Ante el riesgo epidemiológico, un especialista hace uso de los productos requeridos para desinfectar todo cuanto entra y sale de la zona.

Del resto de las diligencias se encarga una trabajadora social, todos bajo la seguridad y protección de integrantes del Ministerio del Interior.

Maribel Hidalgo, la presidenta del cdr, destaca el hecho de que los cuatro mensajeros son quienes ocupan cargos de dirección en la organización de masas a nivel de la cuadra, «todos muy solidarios con sus vecinos en estos tiempos difíciles».

 Foto: Ventura de Jesús García

Dos médicos y una enfermera, alojados en casa de una familia de dicha área, están al tanto de cualquier novedad y realizan dos pesquisas diarias.

Rogelio Expósito, el delegado, asegura que todo está dispuesto de tal modo que el abastecimiento llegue sin falta a cada núcleo. Hoy martes esperamos por la llegada de un módulo con pollo, aceite y detergente, explica, tras reconocer el concurso de todas las personas que viven en el lugar.

Mabel Solano se muestra agradecida por el apoyo del personal de Salud y de los demás trabajadores que garantizan el cumplimiento de la cuarentena. Comprende la necesidad de la restricción y desea de todo corazón que termine cuanto antes.

«Ya falta menos», vocea desde su vivienda Freddy Fagundo, uno de los casi 200 convivientes en esta área de Simpson, de los barrios más populares de la ciudad y muy ligado, por cierto, al músico matancero Miguel Failde, creador del danzón.

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