Ante el evento de transmisión de la COVID-19 detectado en su centro laboral, ingresó como posible contacto en el centro de aislamiento establecido en la Universidad de Ciencias Informáticas.
Para que el tiempo pase rápido, carga con libros, una laptop y su celular, y promete a sus allegados ponerlos al tanto de todo. A pocas horas de estar allí, movida por la emoción del trato en circunstancias preocupantes, y consciente de que una cosa es pensar al personal de la Salud y a sus voluntarios, y otra muy distinta es palparlos de cerca, publica en Facebook sus impresiones: «Lindo el trabajo que realizan estudiantes universitarios que con ternura te hacen parte de su familia, que quizá nunca más veas», y les hace saber su gratitud, nombre por nombre.
Con fotos de los muchachos, que sonríen detrás de los nasobucos, y que no pueden esconder los bríos de su edad ni de la faena admirable a la que se entregan, ilustra su muro.
Nacidas de las almas grandes, valgan estas actitudes de quienes, sintiéndose protegidos –tal como se protege absolutamente a todas las personas que en Cuba son consideradas sospechosas de padecer la infección del nuevo coronavirus–, procuran que estas hermosuras se conozcan. Muchas historias parecidas son compartidas en redes para mostrar la entereza de nuestras verdades, incluso cuando no siempre son óptimas las condiciones de los espacios creados en una situación emergente, para que ni uno solo de nosotros quede desamparado si es que enferma.
La imagen de una bandeja de comida, publicada en las redes con la intención de desprestigiar la alimentación ofrecida en un centro de aislamiento cubano, mostraba por estos días la animadversión de algunos ingratos que parecen ignorar que en el mundo los contagios superan los 30 millones, y que más de 900 000 personas ya murieron.
A la vista de todos están estas vergüenzas. Miradas hay que llegan –por mucho que cueste creerlo– en forma de burla desde allá, donde se multiplican enfermos y fallecidos, donde el ser humano vale lo que pueda pagar, sin que tal realidad los invite a mirar recto. Qué bueno que también están –y que son mayoría–, los que con justo juicio saben pulsar la valía de una obra que aquí ofrece, «en bandeja de plata», lo más preciado que posee un ser humano: la vida.






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cirilo dijo:
1
21 de septiembre de 2020
08:10:58
Mercedes Arredondo dijo:
2
21 de septiembre de 2020
08:16:54
Manuel aveledo dijo:
3
21 de septiembre de 2020
09:13:28
Miriam Moreu Alvarez dijo:
4
21 de septiembre de 2020
18:44:30
Raul dijo:
5
23 de septiembre de 2020
23:03:18
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