Ciego de ávila.–A contraluz, el cloro dibuja un arcoiris que durará apenas segundos, porque el sol se esconderá en breve y comenzarán el recorrido por las calles de la ciudad. Y la gente impresionada con los artefactos de brazos extendidos que pasan frente a sus viviendas. Y ellos, el operador del tractor y el de la fumigadora, observándolo todo. Pocas veces, «jamás», dirían, han dado tantas vueltas por la ciudad, ¡y en tractores!
Van por una calle y regresan por la otra, una especie de ritual que repiten muchas veces, muy diferente a la labor que realizan en la unidad empresarial de base el Mambisito, perteneciente a la Empresa integral agropecuaria Ciego de Ávila, donde cada día se ven envueltos en las labores a los cultivos. Ayer por la tarde, previo a la salida de los equipos, Granma se detuvo y conversó, al azar, con dos jóvenes que enfrentan a la covid-19 con un tractor y una fumigadora.
Rolando Saavedra Fernández (22 años) y Carlos Yeinier Samé García (28), hablan desde sus respetivos puestos: Rolando, detrás del timón, y Samé, como le dicen sus allegados, encima de la fumigadora, porque él es el encargado de operarla. Lo hace con precisión, como cuando aplica algún plaguicida o fertilizante a los sembradíos de su empresa.
En tiempos de cosecha, allá, en el poblado de Vicente, ambos saltan de la cama bien temprano y se dirigen a sus respectivas labores. Así lo hicieron hasta que, hace unos días, un enviado llegó a la casa de ambos y sin mucho rodeo les preguntó: «¿Están dispuestos a cumplir una misión?». Y ellos respondieron tan rápido que casi no dieron tiempo a que terminara la pregunta: «¿Pa´ dónde hay que ir?». Y ya se sabe dónde están. Llegaron hace una semana y la imaginación los lleva a pensar que terminarán «cuando se acabe la covid-19 o cuando las autoridades
lo decidan, porque nosotros vinimos a cumplir», expresan casi al unísono.
Afirman que comienzan a las seis de la tarde y terminan a las diez de la noche. «Recorremos un promedio de entre 50 y 60 calles, fundamentalmente en los barrios con mayor cantidad de población; calles que «quedan más limpias que la palma de la mano después que se aplica la solución de cloro».
Cuando dicen que comienzan a las seis de la tarde se refieren a la segunda jornada, a «la del corazón», como ellos la denominan, porque la primera es la que cumplen en la empresa, donde tampoco esquivan las tareas.
Diariamente cuatro fumigadoras tiradas por tractores recorren de conjunto casi cien kilómetros, y vierten por jornada unos 12 000 litros de solución de cloro en las partes más concurridas de la ciudad.
El tiempo dicta límites. Rolando y Carlos arrancan el tractor y se marchan a iniciar la segunda de las jornadas.






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Cuba dijo:
1
28 de abril de 2020
07:54:51
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