ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Más de una decena de resultados científicos de la Universidad de La Habana obtuvieron Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba 2015. Foto: Jorge Luis González

Se suele entender por innovación a una nue­va idea, o dispositivo, o método, que se diferencie de lo normal, de lo que se está empleando o haya prevalecido anteriormente. La fraseología al uso en las políticas acerca de la ciencia y la tecnología adiciona muy frecuentemente este término.

De hecho, los países de mayor éxito económico promueven la tríada ciencia, tecnología e innovación de forma sistémica en las políticas nacionales. Son tres actividades que aparecen jun­tas aunque son diferentes y con importantes interdependencias. Cada una merece su propio tratamiento y promoción. La innovación es in­trínseca al desarrollo de la humanidad y a su bienestar.

Por ejemplo, la Revolución Cubana fue una innovación monumental en nuestra sociedad. Los focos de diodos emisores de luz, conocidos como “LED”, también lo son, pero en la tecnología. La informatización es una revolución in­novadora en el tratamiento de la información y el conocimiento humano.

Aunque se puede innovar para bien, en y con cualquier actividad, la que es producto del saber o de la ingeniosidad suele ser la que más valor produce en la economía moderna. Esto es porque ocupa posiciones exclusivas en las ne­cesidades sociales o en el mercado.

Si el valor producido va a parar a minorías que poseen los medios fundamentales de producción, la innovación se convierte en un instrumento de desigualdad e injusticia. Pero si la in­novación es propiedad de toda la sociedad se re­vierte inevitablemente en una mayor felicidad para la vida de todos, sin exclusiones. Así debe ocurrir en un verdadero socialismo.

La universidad de hoy, como sistema, es ne­cesariamente la más importante institución del saber y de innovación en las sociedades funcionales. Esto ocurre porque una universidad concebida convenientemente debe agrupar de for­ma interactiva a una parte importante de la ju­ven­tud más hábil en el conocimiento y a mu­chos de los más sabios especialistas de un país. Dicha combinación genera un potencial perfecto para las ideas innovadoras y el desarrollo so­cioeco­nómico, si es adecuadamente gestionada.

Afortunadamente los principios fundacionales de la universidad cubana después de 1959 se concibieron desde una visión progresista avanzada. Estuvo inspirada en los sueños y postulados del manifiesto de Córdoba, Argen­tina, en 1918, y en las ideas de la ciencia en la política que Fidel esgrimió desde los tiempos iniciales del gobierno revolucionario. La ciencia y la tecno­logía ocuparon por vez primera en­tonces entre nosotros el papel principista que les corresponde.

Podría considerarse que el resultado principal ha sido su decisiva contribución a la sociedad más alfabetizada y culta que disfrutamos hoy con más de un millón de graduados, aun con las insatisfacciones que también experi­men­­tamos.

Las universidades cubanas producen más de la mitad de los premios nacionales anuales de la Academia de Ciencias de Cuba en conjunto y en casi todas las ramas del saber. Pero la in­mensa mayoría de los resultados aplicables premiados no se está utilizando y no fueron so­licitados por o acordados con empresas nacionales.

Muchos factores internos favorecen que bue­na parte de nuestras inversiones tecnológicas innovadoras siguen siendo esencialmente im­portadas, incluyendo sus proyectos y asistencia técnica. La tecnología desarrollada por los calificados ingenieros cubanos en Cuba po­dría tener un espacio mucho mayor.

No es un secreto para nadie que un grupo de las inteligencias que hemos cultivado hoy producen sus riquezas de saber fuera de nuestra Patria o en otras actividades ajenas a sus potencialidades de conocimientos. Precisamente por ello se requiere buscar fórmulas efectivas que fa­vo­­re­zcan la permanencia al servicio de todo el pueblo en nuestras instituciones.

Nuestros claustros están envejecidos y no existe reemplazo su­ficiente, ni siquiera con las asignaciones de re­cién graduados al servicio social en las tareas de docencia e investigación de las universidades.

El papel de promoción de iniciativas innovadoras y de emprendimiento desde nuestras universidades hacia la sociedad requiere una profunda valoración. La Universidad de La Haba­na realizó en el curso que acaba de terminar un experimento de “incubadora de iniciativas” que resultó muy exitoso en la captación de nuevas ideas, pero que solo avanza milimétricamente en su utilización. Muchas regulaciones existentes y la planificación que está diseñada para actividades macroeconómicas suelen ser obstáculos para emprendimientos e iniciativas innovadoras que por naturaleza son de pequeña escala y de gran diversidad.

Podemos idear la innovación más audaz y potencialmente productiva pero las barreras para su aplicación en la economía y la sociedad son muy altas. Aún sucede lo que magistral y didácticamente nos mostró el filme Plaff hace varias décadas con un “polímero” generado por una joven científica cubana contra el comprado expresamente en el exterior.

Vale resaltar que para resolver estos y mu­chos otros problemas asociados con la universidad y la innovación existe una voluntad política expresa. Urge entonces buscar fórmulas para que la empresa socialista encuentre más conveniente que esa innovación provenga del propio país y de sus universidades y centros científicos.

La creación de microempresas y cooperativas para la innovación asociadas con las universidades pueden ser importantes motores de de­sarrollo. Esas serían las versiones actuales de instituciones como el Centro de Investigaciones Di­gitales de la Universidad de La Habana, creado a iniciativa de Fidel en los años 60 del pasado si­glo, que concibió un modelo de computadora muy avanzado para aquellos tiempos y que se produjo en serie durante varios años. O del La­boratorio de Antígenos Sintéticos de la misma universidad que produjo a la primera vacuna sintética comercial del mundo, ya en este siglo.

Muchas acciones esencialmente organizativas podrían también emprenderse. La constitución de consejos económico–sociales en las universidades donde se sienten en la misma mesa a conversar y negociar periódicamente con los de­cisores de las principales instituciones económicas y financieras en su entorno y en cualquier pa­r­te de Cuba es una medida de muy posible realización.

El establecimiento de sistemas de interacción de las universidades con sus graduados (alumni) donde quiera que estén es un potencial de pro­greso para los especialistas, sus instituciones y la sociedad global. Todas las universidades pres­tigiosas y sus antiguos alumnos lo aprovechan hoy en el mundo, y hasta viabilizan importantes donaciones y cooperaciones voluntarias e incondicionales que les permiten avanzar más.

La movilidad de los estudiantes, docentes y científicos universitarios, interna y externa, se constituye hoy en día como una de las mayores fuentes de actualización e innovación para los países que la practican y puede serlo también para la generalidad de las universidades cubanas. La Universidad de La Habana es hoy de las más avanzadas en este aspecto.

Crear un programa bien dotado para la formación doctoral de nuestra juventud es probablemente el mayor impulso que pueda recibir la supervivencia y el progreso de nuestro sistema científico, tecnológico y de innovación.

Son muchos los retos y también pueden ser muchas las ideas de innovación, de éxito probable, que pueden emprenderse para bien de las universidades y sobre todo de la sociedad socialista próspera y sostenible, que queremos con todos y para el bien de todos.

*Presidente del Consejo Científico de la Univer­sidad de La Habana. 

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Hugo West dijo:

1

20 de agosto de 2016

08:08:50


Importante, valioso, para difundir

653750 dijo:

2

20 de agosto de 2016

08:26:23


Excelente artículo, me interesa contactar con su autor, soy de Tucumán en Argentina. Fraternalmente

josé dijo:

3

20 de agosto de 2016

10:29:46


Magnífico artículo del profesor Montero, ha planteado muchos problemas que preocupan a quienes amamos y nos dedicamos a la ciencia y la innovación, felicidades al autor y a Granma por sacar estos temas a la palestra pública

Reinaldo dijo:

4

20 de agosto de 2016

16:05:56


Que falta hacía publicar un artículo como este, urge adoptar las acciones necesarias de todo tipo, incluido el complejo tema de la remuneración salarial, para retener nuestro capital humano y que este siga aportando al desarrollo del país, ojalá que las empresas acaben de mirar para las universidades y comprender cuanto potencial encierran para resolver muchos problemas sin tener que acudir a las importaciones, felicito al doctor Montero y al periódico por publicar tan oportuno y valiente artículo

Evelio dijo:

5

20 de agosto de 2016

22:09:43


FELICITO AL DOCTOR MONTERO, HACE FALLTA MUCHOS TRABAJOS COMO ESTE EN LA PRENSA CUBANA, LA INNOVACIÓN ES CLAVE PARA EL PROGRESO DEL PAÍS Y HAY QUE ROMPER TODAS LAS BARRERAS QUE FRENAN LA OBTENCIÓN Y APLICACIÓN DE RESULTADOS

Alicia dijo:

6

21 de agosto de 2016

07:42:18


Totalmente de acuerdo con las opiniones expresadas en el artículo, hay que priorizar la innovación, felicito al doctor Montero

Enrique dijo:

7

21 de agosto de 2016

14:18:31


Excelente trabajo, muy oportuno y profundo, muy bien por Granma y su p'agina de ciencia

Dariel dijo:

8

21 de agosto de 2016

16:15:47


Muy buen artículo, como los que nos tiene acostumbrado del DrCs Luis A Montero. Valiosas reflexiones para nuestras universidades en Cuba como parte importante del Sistema de Ciencia, tecnología e innovación.

Fabián dijo:

9

21 de agosto de 2016

16:32:58


Para revisar el Indice de Innovación Global ir a http://www.wipo.int/edocs/pubdocs/en/wipo_pub_gii_2016-intro5.pdf

PEPE dijo:

10

21 de agosto de 2016

19:37:44


Ojalá el artículo genere un debate a nivel de las universidades y centros de investigación sobre estos temas, mucho lo necesita el país

Luis A. Montero Cabrera Respondió:


22 de agosto de 2016

06:36:21

Muchas gracias. Creo que el debate debería ser de toda la sociedad cubana y no solo en las universidades y centros de investigación. La innovación se implementa en los agentes económicos, los que preferentemente producen riqueza material. Así la riqueza espiritual, humanista, de la universidad se convierte también en riqueza material. Todos los actores sociales deben ver la universidad como aliada de su progreso y desarrollo.

Sonia dijo:

11

21 de agosto de 2016

22:07:19


ME SUMO A LAS FELICITACIONES AL DOCTOR MONTERO Y AL PERIÓDICO GRANMA POR LA PUBLICACIÓN DE ESTE MAGNÍFICO ARTÍCULO

hector Remedios dijo:

12

22 de agosto de 2016

09:06:37


Excelente articulo lo importante es llevar a la practica sus recomendaciones .Todo es claro menos la ejecucion

Reroko dijo:

13

25 de agosto de 2016

08:42:49


El Prof. Montero encara la realidad de la innovación como debemos esperar llegar a ver, una herramienta dinámica para el desarrollo, donde los talentos en la Universidades y demás centros científicos, sean proveedores de soluciones para la problemática que la sociedad identifica día a día. En nuestro país existen las vías para su despegue, hoy una amplio marco jurídico, económico y político lo facilitarían, pero los ejecutores, directivos, empresarios, gobiernos, etc., aun no poseen la cultura adecuada, un freno a casa iniciativa. La preparación de los cuadros deberá asumir esta perspectiva. Las reservas sociales de nuestro capital humano (así calificado por el propio Fidel!) son una riqueza de amplias reservas, casi ilimitadas. Gracias al Dr. Montero y miles como él por educar e instruir a también a nuestros hijos!

Raúl dijo:

14

26 de agosto de 2016

18:16:44


Cierto, los universitarios lo sabemos. Fidel lo dijo cambiar lo que debe ser cambiado, si las empresas tuviesen el potencial para asumir la innovación sin obstáculos se resolvería en buena medida, si fuesen empresas de alta tecnología lo mejor, empresas innovadoras, aunque cuenten con escasos recursos financieros deben asumir con legalidad, pagar al innovador, resolver la propiedad intelectual y propiedad industrial. Hacia ahí debe estar la mirada en el nuevo modelo económico.