ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Portada de la segunda edición.

Hay libros a los que les antecede una discreta fama: no es que sean clásicos, no es que los firme una autora de moda, ni tampoco que resuenen en todos los programas, revistas o conversaciones literarias. Pero los ecos llegan: «está buenísimo», «deberías buscarlo», «¿sabes dónde estará el libro X, que me lo recomendaron?».

Esos títulos duran muy poco en las librerías, sus dueños los pierden de tanto prestarlos y cuando se les tiene a mano, no queda más remedio que leerlos sin demora. País con literas. Cuentos cubanos sobre becas (Editorial Unicornio, 2013) es uno de ellos.

La razón por la cual una antología sobre este tema sigue despertando un entusiasmo constante puede advertirse desde la misma nota de contraportada: «Para algunos especialistas, la beca es un tema “agotado” o al menos “envejecido”; el lector podrá constatar lo discutible de esta afirmación y más de uno seguramente, durante la lectura, al recordar el primer día separado de su familia, un amor de la adolescencia o el encuentro con amistades que llegaron a sus vidas para siempre e invocar sucesos alegres o tristes que los marcaron de una forma u otra, no podrán contener una sonrisa, un suspiro y quizá hasta una lágrima».

Muchas generaciones de cubanas y cubanos tienen recuerdos asociados a ese micromundo que fue la beca, y enfrentarse a las obras compiladas por Roberto Ginebra Palenzuela y Joes implica no solo rememorar vivencias fundamentales, sino volver a situaciones, detalles, sensaciones y personas que se creía hace tiempo olvidadas.

En la segunda edición, revisada y aumentada, 35 autores se acercan al tema, a veces desde lo sublime y otras desde lo cruel, porque en todo ese rango se movía lo vivido entonces; y logran, a veces, apresar el espíritu de una época, de la adolescencia o la primera juventud.

Si algo podría achacársele a País con literas… es su nivel dispar, que sitúa grandísimos cuentos al lado de otros que no están a la altura. Sin embargo, bien vale leerlo para quedarse con la atmósfera de –por ejemplo– Disparos en el aula, de Alberto Guerra; Según pasan los años, de Leonardo Padura; Los bitongos y los guapos, de Abel Prieto; Escuchando a Little Richard, de Francisco López Sacha; La noche de un día difícil, de Sergio Cevedo; o Dormir tranquilo, de Sindo Pacheco.

El texto que cierra la antología, como dice uno de los compiladores en los emails que sirven de prólogo, es «sino el mejor, uno de los mejores cuentos de adolescentes becados que se ha escrito en Cuba»: No le digas que la quieres, de Senel Paz.

«Me acerqué, nos abrazamos como por primera vez en el mundo y fuimos dejándonos caer sobre las sábanas. Empezamos a deshacer torpezas, a adivinar, a dejarnos llevar por una brisa con un fuerte olor a mar. El instinto nos guio y no nos pareció estar suficientemente abrazados hasta ver aparecer las flores (…) “Te quiero”, le dije, me abrecé de nuevo a su cuerpo y una bandada enorme de pájaros levantó el vuelo en mi mente, como una estampida».

Tiempo de formación, de descubrimientos, de enfrentarse a la maldad y a la ventura del mundo era ese de la beca, de primeros errores y amores. Por mucho que los años pasen, que se crezca, esa semilla está ahí, y País con literas… la despierta sin remedio.

Así como el cuento de Senel Paz trasciende para ser uno de los más hermosos de amor escritos en la Isla, este libro supera su centro temático para insertarse en el alma literaria de lo cubano.

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