ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Presentación del single. Foto: Portada del disco

Hace pocos días la casa discográfica inglesa Tumi Music presentó en plataformas digitales un tema que, en modo single, une a dos grandes artistas de nuestro país: José Alberto Tamayo –conocido como El Ruiseñor– y Alexander Abreu.

Creo sano, primeramente, partir del hecho cultural que sitúa a esta empresa al lado de nuestra música desde hace más de 25 años, con un catálogo de no exclusividad de nombres relevantes y también noveles como David Álvarez, Los Jóvenes Clásicos del Son, Cándido Fabré, Félix Baloy, y Bobby Carcassés; a quienes se les unieron en años recientes María Ochoa, Julio Montoro, William Roblejo, Belinda Guerra o Arturo Jorge, por ejemplo. En todos ellos, y como norma de selección, prima el buen gusto de sus propuestas, así como la defensa de lo cubano como concepto primordial de diferenciación musical.

Ahora bien, el lanzamiento de este nuevo trabajo, titulado De tu alma preso, nos coloca ante una perspectiva audaz, no solo de marketing, sino también por el hecho de revisitar zonas importantes del patrimonio sonoro nacional.

La canción, compuesta por El Ruiseñor, tiene como objetivo cantarles al amor y a esa relación de afinidad espiritual que nos ata a la persona idolatrada, razones por las que se pactó su estreno para el pasado 14 de febrero, lo que resulta una interesante estrategia de mercado. Pero no debiéramos realizar de ello una lectura epidérmica, que a simple vista nos la hiciera parecer conservadora o trastocar conceptos, sino que fue a partir de esa idea que se entretejieron otras que vale la pena debatir.

Una de las singularidades de este lanzamiento fue escoger un productor musical con experiencia y dominio de los vaivenes de la industria; y quien, desde una visión global, pudiese aportar los matices necesarios para llevar a buen puerto la idea de marras.

Por suerte, Cuba ha sido cuna de excelentes artistas con tales características y uno de esos grandes profesionales responde al nombre de Giovannis Alcántara, santiaguero con varias nominaciones y premios Cubadisco y Grammy Latinos, además de contar con el respeto de muchos músicos dentro y fuera de Cuba.

La idea del arreglo, propuesta por él, fue clara al escuchar la canción, y rápidamente aceptada por El Ruiseñor: arropar el tema con los colores del son y la trova tradicional al estilo matamorino, pasando por la gran escuela de Almenares y toda la riqueza que el Oriente cubano le ha aportado al género. Y ese es precisamente un aporte innegable al hecho musical en sí mismo; y que, siendo honestos, han ido dejando en el camino algunos artistas en años recientes, al no tener como clara prioridad un selectivo proceso de producción musical.

En esta canción podemos encontrar referentes sonoros de exquisito gusto: el tres, el uso del bongó como patrón ritmático principal, y la trompeta, tipificados como elementos integradores y transversales del son y la trova cubanas.

Precisamente, otro elemento enriquecedor resulta la participación, además de como vocalista, de Alexander Abreu como trompetista, aportando un sonido añejo y único que sabe diferenciarse de sí mismo, típico de un artista de su calibre musical.

La voz inconfundible de El Ruiseñor nos recuerda que la tradición sonera cubana tiene en él a un exponente talentoso y respetuoso del género; quien, a su vez, hace necesarios aportes desde una consecuente postura de hidalguía basada en la defensa de todo lo cubano, con dominio estilístico y morfológico de tradiciones, las cuales, vistas desde un prisma actual, nos siguen identificando como nación.

Las miradas a este tema marcan un camino exitoso, a mi juicio, del transitar lógico de una idea hasta convertirla en realidad, en el cual intervienen reglas que, manejadas con talento y creatividad, pueden redundar en un producto de calidad y exquisitez musical. Es, sin duda, una colaboración que reunió a varios colosos, quienes supieron crear y tallar, como dedicados orfebres, una bellísima canción, que esperamos sea recepcionada por la audiencia.

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