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Delfín transitó varios caminos en la música que bien pudiéramos tildar hoy como experimentales. Foto: Tomada de Habana Radio

La obra del compositor cienfueguero Eusebio Delfín ha trascendido hasta hoy con una vitalidad sorprendente, lo cual es sinónimo de su riqueza y pujanza autoral.

Nacido el 1ro. de abril de 1893 en Palmira, Delfín transitó varios caminos que bien pudiéramos tildar hoy como experimentales, si tenemos en cuenta –según muchos de sus contemporaneos–, el momento creativo que le tocó vivir.

Para estos, su mayor aporte fue la introducción de una novedosa técnica de la guitarra clásica o de concierto y, por ende, incluida en las obras del repertorio europeo de la época, proveniente de autores como Fernando Sor y Mauro Giuliani. Esta consistía en la utilización del arpegio como recurso técnico-expresivo del instrumento; algo no conocido –y mucho menos utilizado– en la música popular cubana, hasta que Delfín comenzó a introducir pasajes arpegiados en el acompañamiento de sus canciones. Así, de un profundo conocimiento musical y de la inteligente apropiación de un recurso sonoro, emanaron hondos aportes a la canción cubana de principios del siglo XX.

Otro hecho significativo, y que no sería común en el desarrollo posterior de la trova tradicional en nuestro país, es que Eusebio Delfín no provenía de una clase social obrera ni campesina, ni era un hombre de escasos recursos económicos, sino todo lo contrario: un aristócrata de una de las familias más acaudaladas del país. Cabe señalar que ello no impidió al compositor rodearse de extraordinarios eventos populares y sus derivaciones conceptuales y sonoras, además de mantenerse muy ligado a otros músicos de menor solvencia o estatus social; ámbitos en los que fue aceptado sin vacilaciones.

Eusebio estudió violín y clarinete, pero más tarde se inclinó por la guitarra, aunque también tocaba de manera aceptable la flauta. Su talento musical lo llevó a musicalizar poemas de Rogelio Sopo Barreto o Gustavo Sánchez Gallaraga, además de componer temas como Ansia y Qué boca la tuya; no obstante, sin duda alguna su canción más famosa es ¿Y tú qué has hecho?, conocida popularmente como En el tronco de un árbol; no solo por ser esa la primera línea de la canción, sino también por dar título a un LP del año 1958 que le traería mucha popularidad.

Ese resultado, a su vez, fue consecuencia directa de la carrera musical de Delfín, quien había versionado muchos otros temas con grandes cantantes cubanas como Rita Montaner; debido a lo cual su carrera musical era muy seguida y respetada por los colegas y el público.

En cierto momento, se rumoró que la canción tenía letra de un famoso literato de la época, pero en el citado disco, el autor aclara el verdadero origen del tema, lo cual echó por tierra todas las falsas diatribas al respecto.

A él también se le atribuye gran influencia en que muchos jóvenes de la época se sintieran identificados con la guitarra como instrumento acompañante, sobre todo debido al cambio en la forma de tocar boleros, típica de los años 20, y que Delfín redefinió, indiscutiblemente.

En honor a su legado, hace varios años la casa discográfica Bis Music inauguró en Cienfuegos los estudios de grabación Eusebio Delfín, un importantísimo espacio, en el cual se han producido valiosos fonogramas de todo el país.

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