Hace pocos días recordábamos a Portillo de la Luz y a Merceditas Valdés, en el centenario de sus natalicios. Otras figuras de la música, sobre las que también se ha debatido y escrito en este periódico, han sido Ñico Rojas, Celina González y Alfredo Diez Nieto, por citar unas pocas.
Si bien es loable el ejercicio de acercarnos a la obra de esos músicos –y de otros más–, ya sea de maneras meramente informativas o bajo conceptos críticos o musicológicos, pienso que sería más coherente si, desde otras perspectivas aproximativas y constantes, pudiera hablarse de sus legados en la práctica. La labor de críticos, periodistas y demás debería encontrarse acompañada de otras intencionalidades que, desde diversas plataformas vinculantes, refrendaran el valor de nuestras glorias y artistas hacia audiencias posibles.
Pienso en charlas, jornadas científicas, peñas, pequeños o grandes conciertos y galas, documentales y cuantos otros soportes de creación y difusión tengamos a la mano. La cuestión, considero, no es solamente recordarles una vez al año.
Acciones e intenciones transitan por una sequía de recursos financieros que es palpable. Es cierto que no siempre existen las condiciones económicas para asumir grandes proyectos. Por eso debemos repensar y reacomodar propuestas, audiencias, espacios, horarios y, sobre todo, la promoción de dichas intenciones: no siempre tenemos que enrumbar un proyecto hacia el mayor teatro del país, y tampoco condenarlo al silencio total. La promoción y difusión de esos espacios deberían recorrer desde el más amplio concepto macrosocial hasta el más mínimo eslabón comunitario o sectorial. Y ese ha sido siempre un precepto defendido por la Revolución.
Maneras de acercarnos a nuestras figuras hay muchas, incluyendo ese reservorio invaluable que comprende la amplísima documentalística nacional gestada por el Icaic, en la cual hemos podido apreciar a casi todas. La discografía en modalidad de patrimonio es otra, en la que hay que elogiar y reverenciar la labor de orfebrería investigativa del maestro Jorge Rodríguez, siempre oportuno y preciso, además de abnegado.
Otros nombres que, también desde la crítica y la literatura, lograron abordajes extraordinarios, fueron Bladimir Zamora, Leonardo Acosta y Sigfredo Ariel, de quienes bien pudieran reeditarse algunas publicaciones a modo de compilaciones, o sus libros, para también recordarles.
No vendrían mal coordinaciones en escuelas e institutos para charlas sobre el tema, o alguna que otra proyección fílmica con fines educativos y de posteriores debates, o presentaciones de libros en esos mismos espacios educativos, o la venta de discografía alegórica. A su vez, pequeños encuentros en salas e instituciones, con respaldo de la comunidad cercana, no sería idea descabellada, aun teniendo en cuenta horarios, por la situación energética del país, así como para la movilidad de los asistentes.
Algunas se concretan, otras no, y la difusión no siempre es la mejor. Pero mientras todo sucede, algunas encumbradas figuras de la música aguardan a ser descubiertas para seguir brillando en otras generaciones.










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