ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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La música de concierto necesita de silencio casi absoluto, pues no usa microfonía y los músicos deben escucharse para lograr un resultado eficaz. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Muchas veces he escuchado diversas terminologías para referirse y catalogar varios estilos de música: clásica o culta para la que se disfruta en un auditórium, y popular o callejera para aquella que se consume fuera de un teatro. Es necesario también un orden clasificatorio para la aglutinación de estilos y tendencias y su posterior estudio, de orden musicológico o no, así como la aceptación a nivel internacional de códigos para una puesta ya sea de corte popular o clásico, dentro de los que están la ópera, sinfonías, cuartetos, cantatas, oberturas y más.

En primer término, es un error mediático, desafortunado y muy común el definir como culta una zona de la música de concierto, cerrando así el círculo casi al punto de provocar una diatriba conceptual: la de calificar de incultos a quienes no siguen esa tendencia lo cual es, pienso, un magnicidio. La música de concierto necesita determinadas características para ser entendida y disfrutada: un teatro, una acústica digna y la disposición del público de asistir dos horas y cumplir con las normativas propias en ese tiempo de escucha. Pero ello ha sufrido una mortífera metamorfosis a raíz de la introducción de formas de gestión paralelas –y necesarias también– a la función per se, con epicentro en la gastronomía ligera que se expende en algunos teatros, por suerte no en todos. Siento vergüenza ajena con el solista –cantante o instrumentista– cuando alguien del público abre una lata de refresco, un paquete de los llamados Pelly o un sobrecito de nailon de golosinas o galletas, todo esto sin pudor e interfiriendo sonoramente en la función. Es necesario acotar que esta música necesita de silencio casi absoluto, pues no usa microfonía y los músicos deben escucharse  para lograr un resultado eficaz, por lo que debe mantenerse un ambiente sonoro adecuado donde no se converse innecesariamente ni se haga ruido. En este contexto, creo debe trabajarse en lo educativo, bien con señales visuales o el llamado de atención cuando se precise, con amabilidad y respeto por parte de las acomodadoras de los teatros. El público debe llegar al consenso de no ingerir alimentos dentro del lunetario y también se debe potenciar la prohibición de expender bebidas alcohólicas en esos recintos. Esto conduce a problemáticas de índole interno que afectan notablemente el buen desempeño de los conciertos, como la carencia en las salas de cestos para desechos: si bien el destapar una lata de refresco en plena función suena cual petardo en medio de la madrugada, más letal es cuando la persona «estruja» la lata ya vacía y la arroja al piso que, aunque alfombrado, emula con el anterior ejemplo. Otro factor es la merma de personal de limpieza y equipos que puedan obrar rápidamente en un teatro y la escasez de insecticidas que permitan el control de vectores. Todo ello es evitable si se cumplieran las normas de comportamiento en teatros donde además hay que sumar la entrada de público a mitad de función: imaginemos un concierto con solista donde se abre la puerta seguida de un portazo (muchas no tienen brazos hidráulicos). Así, las personas buscarán su asiento provocando más ruido y obstaculizándole el disfrute a los presentes. En la música de concierto no se permite el acceso a sala hasta el final de la obra o el intermedio: lo descrito antes puede generar un resultado musical indeseado, además de malestar y desconcentración en los músicos. Si entonces es solo cuestión de cumplir lo establecido, ¿por qué sucede?

El esfuerzo de artistas e instituciones cubanas debe preservarse, y aunque haya condescendencia en temas como la gastronomía, el transporte o la llegada tarde a un teatro, no debe esto violentar la dramaturgia de un concierto o poner en riesgo la necesaria disciplina.

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Dieudome dijo:

1

7 de marzo de 2019

08:19:10


Muy de acuerdo con todo lo dicho. Asì no se tildarà màs como chabacano a uno que no disfruta la mùsica de càmara. Cada uno conn su cosa, debia ser respetado. Por otro lado aplaudo lo de la gastronomìa.Eso si es chabacano, que en medio ee un concierto de cualquier ìndole escuchar sonidos onomatopèyicos ajenos a la musica que nos ocupa sea cual fuere. con el transporte,soy un poco màs reticente. Faltan medios idòneos. para su perfeccionamiento.

maria de los angeles gonzalez borges dijo:

2

7 de marzo de 2019

10:26:27


Agradezco al maestro Oni Acosta el haber abordado un tema que me preocupa también desde hace un tiempo. Permanecí durante varios años fuera de Cuba en cumplimiento de una misión de colaboración en la República de Angola, por cierto, con una población que puede competir en educación formal con cualquier país desarrollado del mundo, y cual no seria mi terrible disgusto al percibir todo eso que narra Acosta, en mis primeras salidas a los centros de cultura. Entre las añoranzas que se viven en el exterior, cuando se sale de Cuba, se encuentra el no poder disfrutar de los centros culturales cubanos con puestas de buena calidad y a precios accesibles, a pesar de que puedan parecernos altos, por nuestra situación económica. Anhelaba ir a los teatros, disfrutar del ballet, del lírico, del cine y los sistemáticos festivales de este arte, que nos llegan anualmente, desde cualquier parte del mundo. Deseaba ir a los conciertos. Una de las primeras percepciones que agredieron mi disfrute las recibí en un festival de cine que año tras año se celebra en nuestro país y que ha sido un regalo de buena cinematografía, el festival de cine francés. Que lamentable encontrar un publico que prácticamente no permite disfrutar de una jornada, lograda por el esfuerzo año a año, de instituciones de dos países que se empeñaron ya hace mucho tiempo, en lograr este encuentro de culturas. Trate de convencerme de que quizás fuera el publico un poco mas joven lo que provocaba lo que allí me llegaba. Pero para sorpresa mía, posteriormente he estado asistiendo al Gran Teatro de La Habana, al Marti, a encontrarme con el lírico, y así sucesivamente, he ido observando los mismos comportamientos, los sonidos de latas que se destapan ni siquiera de forma disimulada, bolsitas de nylon, de personas que llegan tarde y se empeñan en rescatar sus butacas, se añade a ello, llamadas a través de celulares, grabaciones del espectáculo con los mismos teléfonos, que interrumpen la visión de los que están detrás, pero asimismo, cuchicheos, conversaciones, comentarios; solo el ballet, ha salido casi ileso de estas experiencias. Que lamentable todo esto! porque nuestro país ha cultivado a través de décadas de crecimiento cultural cubano, el respeto, la ética, de buen publico. Creo que si el anterior publico envejeció y ya no sale de su casa, habrá que tomar medidas que contribuyan a la madurez de parte de los actuales públicos, que los ayude a entender que a esos lugares se va a disfrutar, pero también a aprender, a cultivar el gusto, a crecer culturalmente. Medidas que los preparen en el respeto al escenario, a los que allí trabajan para el auditorio, en la consideración a los que asisten también como publico a disfrutar del espectáculo. El comportamiento en estos centros, es evidencia de ética, de madurez, de responsabilidad ante lo que allí sucede. Los ministerios de Educación, de Cultura, la familia, los medios de comunicación deberían tener este asunto en cuenta, no solo para formar a un segmento del publico, que no creo que sea todo, sino también para evitar que se pierda el prestigio ganado por el publico cubano, ante cientos de países del mundo, durante años de buena cultura. Gracias Oni, por provocarme esta reflexión.

MN dijo:

3

7 de marzo de 2019

11:01:20


Buena la crónica del periodista, considero que estamos en etapa de volver a educar, por ello me parece que en cada una de las funciones debe decirse, al igual que se hace en el ballet y en algunos festivales darles la bienvenida al público y luego hacer una petición de las normas correctas del comportamiento en cada uno de los teatros, incluso explicando cuándo aplaudir, apagar celulares, pedir que no se grabe, etc., también instruir a las acomodadoras y exigirles su papel porque si alguien está grabando con un celular e impide la visibilidad de otros debe haber un llamado de atención, si hay conversaciones el personal de la sala debe de manera educada ir hasta el lugar y pedir silencio y si se repite sacar a las personas, si el concierto ya comenzó no se debe permitir entrar a la sala hasta que termine la obra que se ejecuta, no se permitirá la entrada de alimentos al interiro del recinto, etc. O sea hay que educar y actuar para evitar estos comportamientos.

maria de los angeles gonzalez borges dijo:

4

7 de marzo de 2019

12:07:46


Si, MN, tambien su sugerencia me parece bien. es cierto que en el ballet se prepara al publico. es muy bueno hacerlo. educar y actuar. ahi esta lo correcto, la esencia del asunto.

Carlos dijo:

5

7 de marzo de 2019

13:07:52


Bravo por el artículo! Creo que no solo es valido para la musica de concierto, es valido para todos los espectáclos en teatros y cines. Y el esfuerzo por el rescate de la educación formal en estos sitios pasa por la exigencia, una campaña previsa y sistemática de aviso de las normas, carteles de advertencia, pero que conlleven tolerancia cero, como habitualmente se hacía con los parlanchines, bullangueros o incumplidores: se sacan del teatro o del cine y pasada la hora de entrada, simplemente no se les permite el ingreso.

Joana dijo:

6

7 de marzo de 2019

15:02:59


También debían limitar la edad para los conciertos: me he encontrado personas con bebes de brazos o un poco mas grandecitos, que al no saber, como es lógico, empiezan a llorar o hablar en medio del concierto, y es muy molesto. Eso lo he vivido en La Basilica, sobre todo.

Liset García dijo:

7

7 de marzo de 2019

15:49:32


Y ¿qué decir de los móviles? Hace unos días viendo Inocencia, en el cine Acapulco, en los momentos de mayor tensión y solemnidad, sonaron varias fanfarrias, reguetones incluidos -timbres de teléfonos-. Y eso que al inicio piden al público: apaguen sus celulares, algo que debería ser norma. Por eso me parece excelente que Carlos Celdrán, director de Argos Teatro, antes de empezar la obra saque su móvil, lo apague y pide que lo imiten. Otros directores también lo hacen, pero la indisciplina sigueeeeeeeee y tiene de todo, como en la viña... El tema y la batalla tienen que seguir.

alex dijo:

8

7 de marzo de 2019

16:48:15


Muy atinado el comentario. Lamentablemente estamos llenos de situaciones semejantes. Una muestra enorme de falta de educación. En un espectáculo humoristico, en el cine o el ballet, en cualquier acto. Es triste y no es un suceso aislado. Muestra falta de educación. Comparado con tirar la lata de refresco a la calle. Hay que combatirlo fuertemente.

bcp dijo:

9

25 de marzo de 2019

14:19:13


¡Excelente artículo Oni! Es una lástima que sucedan situaciones cuando estamos en el teatro viendo función de cualquier manifestación artística. Desgraciadamente allí concurren personas que evidentemente no son asiduas a estos lugares, es de ahí su comportamiento inadeacuado. Pienso que no se debe permitir la entrada a las salas de personas con comestibles, esto llama a la proliferación de vectores y el accionar de latas y coberturas de golosinas atenta contra la calidad del espectáculo tanto para los artistas como para los que fueron a disfrutar. La llegada tarde de espectadores no tiene por qué afectar a los que llegaron a la hora anunciada. Muchas veces he sido víctima de ello e icluso, además de llegar fuera de hora entablan una conversación que no tiene cuando acabar.

Julia Margarita Tolosa Alvarez dijo:

10

5 de enero de 2021

10:06:36


Estoy hodpitalizada con Covid en una Residencia Sanitaria en el Hotel O'Higgins en Viña del mar Chile esperor escuchar concierto me encantan.Gracias ?????????????????????????