ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Efraín Echeverría Hernández. Foto: Juvenal Balán

Efraín Echeverría, invitado de Pinar del Río, es profesor universitario de Economía Cu­bana en la Universidad de su provincia. So­bre el impacto y la impronta histórica del Mo­delo que se conceptualiza en la Comisión No. 1, así como los desafíos en es­te camino, intercambió con Granma.

El trabajo de esta Comisión, sobre la conceptualización del Modelo, es extremadamen­te complejo, porque tenemos dos grandes dé­ficits para poderlo acometer. El primero de ellos es teórico, digamos que de la teoría del marxismo la parte menos desarrollada es la de la teoría económica que explica la transición al socialismo. Y desde el punto de vista práctico también tenemos una limitación y es que la experiencia del socialismo ha sido muy corta, muy diversa y por tanto, sobre esa brevedad de tiempo y esa diversidad de modelos, es muy difícil hacer generalizaciones. Es una ta­rea muy compleja, pero tenemos que acometerla, porque el modelo es el camino, los fundamentos, los valores.

La conceptualización del modelo económico es el instrumento más estable, más esencial que explica los derroteros principales ha­cia el estado deseado al que queremos llegar.

Recuerdo la plataforma programática del Pri­mer Congreso del Partido, las resoluciones económicas del 4to. y 5to. Congresos, y eran documentos de menor dimensión. Porque ade­más la conceptualización del Modelo se ar­ticu­la con los otros documentos del Congreso, o sea, no existe sola.

Saber a dónde queremos llegar y cuáles son las vías para ese socialismo próspero y soste­nible, es el aporte más importante de este documento y del debate que estamos realizando.

Aquí en este mismo teatro Fidel dijo una vez que los economistas tenían que ser políticos y que los políticos tenían que ser economistas. Y resumiendo, decía: ha llegado la era de la economía política. Curiosamente, una ciencia a la que no se le ha prestado toda la atención que se debía.

El documento en sí es un resumen teórico de lo que hemos aprendido. Hemos aprendido, por ejemplo, que la convivencia entre el sector estatal y el no estatal en el tránsito al so­cialismo debe darse en un periodo mucho más largo que lo que nosotros pensábamos. Y necesitamos todas las fuerzas productivas del país para poder impulsar el desarrollo y ofrecerle al pueblo cubano un presente y un futuro.

Hemos aprendido que al Estado, si bien jue­ga un rol fundamental, también tenemos que hacerle un grupo de preguntas al mo­mento de actuar en la economía: ¿qué hace el Es­tado?, ¿cómo lo hace?, ¿qué espacios es conveniente que sean manejados por el Estado y qué espacios no, porque sería muy ineficiente ha­cerlo?

Hemos aprendido que podemos tener propiedad estatal y que puede ser manejada de una diversa manera. La conceptualización de hecho ya expresa un aprendizaje que hemos tenido en este periodo de construcción revolucionaria. Uno dice, bueno, 55 años después… sí, a veces estas cuestiones teóricas se construyen por el camino de prueba y error, lamentablemente.

El reconocimiento de la propiedad no estatal, incluyendo la privada, es un paso enorme de avance. Una propiedad privada que no tiene por qué estar en contra de la Revolución, y un sector no estatal que no tiene por qué ac­tuar contrario al socialismo. Pero para eso tenemos que diseñar las leyes, las regula­ciones.

Va a haber apropiación del plusproducto, es una discusión teórica importante. Estamos reconociendo que una parte del plusproducto que se va a crear en nuestra sociedad va a ser apropiado por la propiedad privada. Es decir, que una parte de los cubanos se van a apropiar de lo que crean otros, pero esa apropiación del plusproducto ocurrirá en un contexto donde la propiedad social predomina, en un contexto donde predominan las relaciones de redistribución, donde se va a trabajar para evitar la concentración de la riqueza. Es un plusproducto diferente.

Estamos hablando de que toda la ganancia que se genera por una empresa no puede ser apropiada por el Estado, a veces incluso para devolvérsela a la misma empresa, o sacar la ganancia de un sector eficiente para ponerla en uno ineficiente.

Hoy estamos diciendo no, esa parte de la riqueza se redistribuye entre los trabajadores como dueños colectivos. Ese pensamiento es imposible en el capitalismo. La ganancia va para el dueño, al obrero va el salario. El pensamiento de que una parte de la ganancia va a los obreros, y esa es la discusión que tenemos hoy, la tenemos porque somos dueños colectivos de los medios de producción fundamentales.

La propia conceptualización ya significa un paso de avance porque recoge los aprendizajes de las experiencias positivas y negativas, tanto de la práctica nuestra como internacional y de los avances que tenemos en una teoría aún incompleta. Propicia poder prever, intentar modelar cuáles son los objetivos, cuál es la visión del sistema y ofrecer a las diversas generaciones de cubanos un presente y un fu­turo. Y es que esperar, en términos ideológicos, tam­bién tiene un costo. Hay una parte de nuestra población que ha venido posponiendo sistemáticamente un grupo de aspiraciones. Eso tiene también un costo en términos políticos y económicos.

Es cierto que arriesgamos transformándonos, pero mucho mayor es el riesgo de no ha­cer nada, de no movernos. Entonces el Mo­de­lo nos da esa visión: movernos con una vi­sión de futuro por los derroteros trazados y con una visión de esperanza, tanto para los cubanos de hoy, como los del futuro.

En cuanto al reconocimiento del mercado, es cierto que el socialismo constituye un viaje a lo ignoto (como lo ha dicho el General de Ejército), pero existe una herencia teórica que sirve de guía. De otro lado, la experiencia práctica tiene que servirnos para no cometer los mismos errores. Ya tenemos una experiencia en el rol del mercado y este tiene dos caras: una, competitiva, de poner de pie las fuerzas productivas, estimularlas… y, la otra, la de la especulación, del acaparamiento y el lucro de unos pocos que generan déficits ficticios.

En nuestro país, de manera incipiente, temprana, se han visto esos dos rostros.

Otro tema importante es la sublimación del capitalismo; este no es un sistema, sino cosas, pues reduce las valoraciones a las clásicas etiquetas de bueno o malo, las simplifica. Y no solo causa este efecto en los jóvenes, por ello debemos hacer énfasis en la historia sin desconocer las dinámicas del presente.

La amnesia histórica hay que resolverla con creatividad, y en esta experiencia del mercado no podemos pensar que el Estado puede regularlo todo, pero sí aquellos aspectos que atentan contra los intereses populares, estableciendo prohi­biciones claras cuando los intereses de una minoría atenten contra la clase obrera y trabajadora.

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Ynocente Betancourt dijo:

6

18 de abril de 2016

19:57:34


Lo expuesto por el Profesor Efrain muestra una reflexión con una gran base científica en la conceptualizacion del modelo económico que se debe construir. No se repiten frases ni se establecen patrones que en muchas ocasiones han constituido trabas burocráticas cargadas de un falso patriotismo. Felicidades profesor, usted nos tiene acostumbrado a esos análisis.

bárbaro dijo:

7

18 de abril de 2016

22:54:05


muy buen comentario ,soy medico ,pero como todo cubano he meditado sobre esto y pienso que el socialismo como sistema debe perfeccionar la manera en que debemos crecer ,necesariamente tenemos que usar leyes económicas que son insoslayables pero sin dudas un país para crecer tiene que generar riquezas ,no debemos conformarnos con decir que nuestro sistema es el mejor ,porque caemos en lo que Ramonet dice y es que somos un país con elevados índices de educación ,de salud ,con.muchos profesionales pero con una economía que no satisface las expectativas de estos sectores y en eso debemos enfatizar ,en.lograr un socialismo prospero pero con bases bien firmes en lograr la mayor suma de felicidad posible ,pero debemos tener para siempre una economía socialista perfectamente teorizada y sobre todo bien pensada para el logro de nuestros objetivos en una Cuba que cambia constantemente