Por estos días han sido bastante comentadas en redes las historias de ciertos personajes que, aun defendiendo a ultranza a Trump, han sido arrestados, llevados a la prisión de Alcatraz y ahora están en espera de deportación, por cierto, hacia la tierra que tanto odian, pese a sus ingentes esfuerzos por desprestigiarla.
Nada de eso alegra, no hay morbo alguno en el sufrimiento ajeno, sobre todo, porque se sabe las inhumanas condiciones de esos mal llamados centros de detención que, a la larga, son prisiones en las que, a diferencia de las comunes, no existe clasificación alguna.
No son pocos los que ya han muerto allí, o narran con visibles traumas su estancia en esos lugares, que no están diseñados para «detener», sino para deshacerse de lo que, para la administración Trump, son los migrantes: basura, dicho así, de modo literal.
Pero, volviendo al inicio de este texto, lo sucedido con esos personajes, y con otros como ellos, debería ser –digo yo– al menos una prueba del valor que le da la cúpula del poder imperial a sus lacayos. Lamentablemente para ellos, de nada sirve una amplia hoja de «servicios» que incluye incitación a la violencia, odio contra todo lo que huela a Cuba, pedidos de intervención militar, y hasta marcarse cierto rostro desagradable en la piel porque, al final, nada de eso les canjea protección, derechos o inmunidad, en la terrible ola racista y discriminatoria impulsada por el discurso antinmigrantes de un «aldeano vanidoso».
Lo cierto es que no han sido pocos, ni son estos de ahora los primeros detractores acérrimos que corren esa suerte en el país de la «libertad», y los hemos visto llorando en redes por hambre, por falta de trabajo, por verse obligados a pedir limosnas, cuando suponían que, al llegar, se les abriría el paraíso reservado a los traidores.
Lo que en Cuba solemos llamar de forma despectiva «chicharronería», no tiene ningún efecto real para adquirir status quo. Todo se resume a un utilitarismo que los convierte en medio barato y fácil de adquirir, para conseguir un fin que no verán nunca en su horizonte próximo.
En su lugar, me pensaría otra alternativa de vida, siempre y cuando tengan los papeles en regla, porque, considerando que «destrozar el lugar» es la única alternativa que les queda para apoderarse de Cuba, no dudo que estén a punto de quedarse sin trabajo, visto ya que, si se les miden los resultados para el pago, no hay mucho que estimular ahí.
Eso sí, cuando tengan que dedicarse a otro oficio, que tal vez no sea tan rastrero, y tenga más que ver con lo que hace la gente común, les sugiero estar atentos si andan cerca los agentes de ice, no vaya a ser que ellos no consuman habitualmente sus perfiles de odio y, en medio de la confusión, vayan a dar muy cerca de los cocodrilos. Aun en el supuesto de que en la captura puedan explicar su pedigrí anticubano, no hagan ningún gesto brusco, pueden recibir seis balazos a quemarropa y eso, solo será «un desafortunado incidente».


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Cimarron dijo:
1
3 de febrero de 2026
07:19:06
Miguel dijo:
2
3 de febrero de 2026
12:36:34
Jorge Luis dijo:
3
4 de febrero de 2026
11:10:31
Manu dijo:
4
6 de febrero de 2026
15:22:56
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