ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Desde que Fidel dijo: «No nos vamos de aquí sin hallarlo» cuando Roberto Roque cayó al agua, en la travesía del yate Granma –como no se fueron los rescatistas de Cacocum, mientras alguien estaba en peligro; o los helicópteros no se apartaron del cielo de Las Cuarenta, en Urbano Noris; como no lo hicieron tampoco los socorristas en la llanura del Cauto–, han pasado 69 años y no se nos ha olvidado esa lección de humanismo que es el alma de este país.

Por mucho que los vientos del egoísmo han soplado en estos tiempos –casi tan fuertes como los de Melissa– tratando de quebrar los sostenes de la solidaridad que nos distingue, no lo han conseguido, y el resorte que nos mueve y nos lleva a sentir en carne propia las penas de los demás, funciona con fuerza y prontitud.

No podría ser de otra forma, son raíces martianas y fidelistas que llevamos muy dentro, capaces de explicar el porqué de tantas cosas que nuestros enemigos de siempre no acaban de comprender. Es imposible hacer cálculos apocalípticos y pretender que la adversidad es el caldo de cultivo para desgajar la unidad, algo que Melissa pudo hacer con los árboles, pero no con la esperanza de los cubanos.

Es tiempo de escasez y, sin embargo, nos sobra sensibilidad, nos importa la vida, sin ponerla en balanzas para saber si pesa más la de uno o la de otro, la del que más tiene o la del más humilde, la del negro o la del blanco. Nos importa la vida y por eso tenemos a tantos que siguen vivos, aun cuando estuvieron al borde de la muerte.

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