ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La producción agropecuaria para la sostenibilidad alimentaria del pueblo cubano es sin duda alguna una prioridad constante para nuestro país. Disímiles son las estrategias puestas en práctica para lograr la estabilidad de los abastecimientos, de los precios y esencialmente la disponibilidad, variedad y calidad de los productos provenientes del campo.

De manera más reciente, el programa de autoabastecimiento ha abierto el camino hacia la identificación y explotación adecuada de las potencialidades, que permitan el logro de los citados objetivos de forma escalonada, comenzando por el consejo popular, el municipio, la provincia y lógicamente el país.

El fomento de polos productivos en todo el territorio nacional, la entrada de maquinarias que humanizan el trabajo y elevan la eficiencia, así como el fortalecimiento de las juntas directivas en las bases productivas y el reordenamiento de Acopio, han sido algunos de los pasos más significativos que, sin lugar a duda, rinden importantes frutos.

No obstante, cuando se habla de llevar al pueblo el resultado del trabajo del campesino, media en ese proceso final de la comercialización, un eslabón que, tiene todavía mucha tela por donde cortar. Se trata de la contratación.

Pese al seguimiento constante que recibe este tema a todos los niveles, es realmente preocupante observar cómo en muchas ocasiones los volúmenes de producción contratados se quedan muy por debajo de las capacidades reales de un territorio. La objetividad y seriedad con que se desarrolla el proceso distan aún del estado deseado y aunque son varias las causales del problema, vale la pena detenerse en algunas de ellas.

Lo primero es que, como su nombre lo indica, el contrato es un acuerdo entre ambas partes. Un compromiso que se suscribe bajo responsabilidades bien delimitadas entre quienes lo asumen, y donde las irregularidades pueden poner en peligro lo pactado. Digo esto porque, necesariamente, el contrato requiere de intercambio, y no uno a nivel de oficinas o de las juntas directivas con las entidades que rectoran el proceso, sino de intercambio con el hombre.

Particularmente considero –y que conste, es un criterio formado a partir de los incesantes análisis que se desarrollan en relación con esta temática–, que no puede ser objetiva una contratación en la que no se haya conversado cara a cara con cada uno de los asociados de la forma productiva. Cuando se establecen cifras a priori, sin una consulta profunda con quienes realmente tienen la responsabilidad de ejecutar el plan, lo más probable es que se cometan errores que después pesarán en el completamiento del ciclo productivo, que se cierra precisamente en el momento en que el cliente adquiere el producto.

Varias cosas pueden suceder, pero la más compleja de todas es que el compromiso que se asuma sea inferior a lo que verdaderamente se puede producir. Si no se comprueba lo que sucede en la base, es probable que un volumen poco despreciable de alimentos se desvíe del curso establecido y vaya a parar a las manos de quienes juegan con los precios y con el bolsillo ajeno.

En la otra cara de la moneda, puede darse el caso de que, al no tener un dominio exacto de la realidad del productor, se hagan compromisos que a la larga son imposibles de cumplir y generan después serios incumplimientos de los planes a mayor escala.

Otro aspecto vital es la capacidad de dar respuesta de compra al volumen contratado. De primera mano he conocido testimonios de quienes ven descomponerse ante sus ojos una mercancía contratada, que por demás, suple demandas del pueblo, porque la misma no se acopia en la fecha pactada. La consecuencia es que en otros procesos solo se contrata aquello que no corre el riesgo de pérdidas, o se declara un nivel inferior al que realmente puede producirse.

A ello debe sumarse la garantía de insumos en el momento justo del ciclo productivo. Si el campesino no recibe a tiempo los recursos pactados, difícilmente se obtengan los rendimientos esperados. Si a eso sumamos el entramado de las cuentas por cobrar y pagar, es posible vislumbrar el alcance y complejidad del fenómeno.

En la agricultura, como en la Medicina, no siempre dos por dos es cuatro, y como también debe contarse con otros factores como las condiciones naturales, la calidad de los suelos o la experiencia del agricultor, perfectamente pueden aparecer escollos que limiten el éxito de una campaña.

Es por ese motivo que mientras más transparente, serio y objetivo sea el proceso de contratación, más tangibles serán también los resultados a los que aspira nuestro sistema de la agricultura. Recordemos que en definitiva, tanto lo que se haga bien como lo que no se haga de forma adecuada, repercute en un espacio muy sensible, ese en el que se enfrenta la oferta con la demanda real de nuestro pueblo.

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VAE75 dijo:

1

20 de marzo de 2019

08:33:07


Estoy de acuerdo con usted, debe encaminarse al respeto del contrato. Debe ser severo con los productores, pero tambien con la unidades, que incumplen, los productos echados ha perder por no acopio quien se los paga al campesino,

anadelia dijo:

2

20 de marzo de 2019

08:36:17


Estado unidense no mas bloqueo contra cuba