ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Hace unos años, bajo el título Mis Átomos, escribí un poema que luego guardé junto a muchos otros que tal vez un día vean la luz; en una de sus partes decía: Mis átomos/ esas pequeñas partes de la vida que pasa/ vienen de la lejana duda de lo eterno/ confirman el hecho material nacido de un punto/ la teoría de que nada se crea ni se destruye/ Son un fragmento de los muros de antaño /quizá anduvieron entre selvas extintas/ o en el asustado vuelo de las aves.

Como se puede ver, abordaba en estos versos un tema que es para mí una de las cosas más fascinantes en relación con los misterios de la vida y nuestro paso por ella.

En reiteradas ocasiones me detengo a pensar en lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos en el futuro. Me embriaga la idea de que cada pequeño átomo de nuestro cuerpo no es más que el componente primario de otras formas de materia que nos han antecedido; pues es ley probada que la susodicha materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma mudando de aspecto en su apariencia exterior, pero conservando la originalidad en cuanto a la química diminuta de los ladrillos invisibles (hoy observables gracias a los artilugios científico-técnicos nacidos al calor de la modernidad) con los cuales estamos fabricados.

Bajo estos principios demostrados e inviolables, germinan mis pensamientos en relación con los orígenes del engranaje que me mueve, medito y trato de imaginar de dónde he venido, porque me queda claro que a pesar de la singularidad humana de la cual estoy dotado, como todos los de mi especie, se tienen que cumplir en mí los postulados universales de la materia a los cuales he hecho referencia y por tanto antes de conformar este yo, por decirlo de alguna manera, todos los mínimos componentes orgánicos que me dan forma encajaban a la perfección en otros organismos vivos o en la composición de algún elemento natural.

No en vano esa archiconocida sentencia que reza: del polvo venimos y hacia el polvo vamos. Cuando mi existencia llegue a su fin, no terminará la historia de mi cuerpo, cada porción nanométrica tomará otro rumbo y esos compuestos químicos esenciales que conforman la vida desde sus albores, esas partículas que nacieron de las lejanas estrellas, irán a parar a otro portador que puede ser o no un humano; por tanto, en esta forma especial de concebir la reencarnación, andaré de algún modo entre las aguas de un río, en la corteza de un árbol, en las semillas de una fruta o en las patas de un escarabajo.

Solo pediría, si fuese posible hacer tal solicitud, que mis moléculas no fuesen a parar a otra geografía, ni a otra armazón humana ajena a este país y a estos sueños en los cuales vale la pena reencarnar siempre.

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yasnarys dijo:

1

24 de febrero de 2019

22:53:38


Ya el texto en sí forma parte en prosa de versos que salen a la luz...no logro discernir entre lo material y lo espiritual,existe una urdimbre indisoluble entre lo real y lo espiritual.

Eduardo Pérez Fábregas dijo:

2

26 de febrero de 2019

12:43:55


teniendo el pensamiento en positivo y creyendo que sí es posible la reencarnación, lo ideal sería que al reencarnar tuviésemos la posibilidad de la continuidad de nuestra existencia en otra piel, aprovechando la experiencia y la juventud de la nueva vida, espero poder realizar ese deseo, aunque fuese en un delfín, por decir, en algo con inteligencia