ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

¿Se han detenido a pensar de cuántos grupos han tomado parte a lo largo de sus vidas? Es una lista que tiende a crecer con el paso del tiempo, pero luego también tiende a bajar, cuando los almanaques se acumulan en número superior a 40 y ya se han acabado todas las enseñanzas del sistema de educación.
Algunos inician este largo bregar socializador en los círculos infantiles, allí se abren las puertas de un mundo nuevo y, de buenas a primeras, los infantes se ven acompañados de una masa inusual de coetáneos, todos en iguales condiciones, que, además de aprender cosas útiles y nuevas, entran en un estado de Asombro-Perreta-Moquera-Mordida y algunas picazones en la cabeza.
Este es, tal vez, el más efímero de los grupos, sus alianzas y recuerdos se van desvaneciendo con los años y es poco común que de jóvenes o adultos se escuche decir: «ah, es fulanito que estuvo conmigo en el círculo infantil». Luego las relaciones se van haciendo más duraderas, y hasta sexto grado se pueden armar amistades que perduren mucho más, siempre y cuando no seas parte de las llamadas familias muda-muda, que te ponen a dar el primer grado en Guantánamo y haces la Secundaria en Pinar del Río.
La cosa se empieza a poner buena cuando ya andas por el octavo grado y las picazones de la adolescencia te entran como sarpullido en tiempo de calor. Es allí cuando el grupo toma su papel de vanguardia y lo que acontece dentro de él, y con sus miembros, es más importante que cualquier otro espacio donde transcurre tu vida. Se forjan los primeros noviazgos, se te puede pegar el apodo que te acompañará siempre, se hacen juramentos de fidelidad grupal que raramente sobreviven y forjas la amistad con aquel compañero(a) que será tu alma gemela.
Para el Preuniversitario y la Universidad sueles ir con algunos representantes de grupos anteriores, ellos gozan de ese privilegio, sonlos decanos de tu séquito amistoso y poco a poco se van fundiendo con los novatos, para al final crear el grupo cimero, el que cierra tu vida estudiantil, el último de los «de verdad», ese que un mes de julio de cualquier año exhala su postrer aliento.
Después pasan los meses y te agarran dos tipos irreverentes: rutina y jornada laboral, se complica la jugada, te nacen los hijos, te cambian los planes y el grupo puede ser un bonito recuerdo, pero ahora sus miembros más gordos, más canosos, más lejanos o más ausentes, son piezas tan difíciles de reunir como los huesos de un dinosaurio.

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