ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La lectura es una de las más importantes formas en que el ser humano puede emplear su tiempo libre. El aprecio del libro como objeto y como fuente de sabiduría ha de inculcarse al hombre para que lo asuma como un bien superior, y aunque la cultura es algo latente en cuanto nos rodea, no cabe la menor duda de que se adquiere esencialmente a través de los libros. Fue el filósofo español José Ortega y Gasset quien explicó una vez que ella era lo que permanece en nuestra memoria cuando se ha olvidado lo que se aprendió en los libros.

Hay un instante en que dejada volar la imaginación, cesamos de escuchar nuestra propia voz y es como si nos hablase otra persona; las palabras del autor o de un narrador desconocido musitan a nuestro oído los pasajes de un relato, y nos hacen ver con los ojos incomparables de la fantasía, sitios y lugares insospechados, escenas desgarradoras de una batalla, emociones de un viaje a través del universo o el calor de un beso de amor.

Hay otra fuente que no ha de ser ignorada: la de la tradición oral, la palabra viva que se trasmite de generación en generación, continuamente enriquecida por la experiencia del vivir, cuyas lecciones, positivas o no, permiten al ser humano hacer de la acción cognoscitiva, sabiduría acumulada.

En nuestro país no ha muchos años más de un millón de personas eran analfabetas; hallábanse en las ciudades, y en los campos, donde era más cruel el olvido por parte de las instituciones del Estado. Eran numerosas las regiones e incontables los poblados donde no hubo jamás escuelas, ni siquiera un maestro.

Nuestras brigadas fueron organizadas con trabajadores; se preparó un curso mínimo para aprender el uso correcto de la cartilla y del manual, e hicimos módulos que contenían laminarios, pizarras, fotos y todo aquello que la originalidad y el ingenio pudieron promover y crear para seducir a los alumnos, que eran en su inmensa mayoría adultos, y en muchos casos, ancianos.

Como la obra debía ser integral, el gobierno de la ciudad de La Habana tomó medidas para solucionar inmediatamente situaciones críticas en cuanto al alumbrado, extensión del abasto de agua, pavimentación, etc. De tal forma que en aquellas barriadas las gentes se percataran de que la Revolución tomaba la ofensiva.

A la caída de la tarde y apenas terminada la jornada laboral, salían los ómnibus con los maestros, que atravesábamos en una u otra dirección las grandes regiones habaneras. Un alegre jolgorio de niños nos esperaba, y la población hacía ostensible su adhesión colocando carteles, guirnaldas y consignas en lugares convenientes.

A las puertas de los hogares estaban clavadas las pequeñas divisas en metal: «Fidel, esta es tu casa». El Comandante se transformaba, en este caso como en tantos otros, en maestro y en médico, en trabajador y visitador social, al igual que en constructor, afanado en cumplir tesoneramente el compromiso de edificar paraderos de ómnibus, aceras y nuevas escuelas, que solo en el primer año posterior al triunfo revolucionario, superaron en la capital a todas las construidas en más de medio siglo de República.

Símbolo de ese afán creador y de la entrega a la obra de construcción de escuelas, fue el arquitecto Cesáreo Fernández, que no sobrevivió a las inacabables jornadas de trabajo que le impuso su entusiasmo.

El periódico El Avanzadito, pequeña octavilla que circulaba de mano en mano, fue el portavoz de todas las inquietudes, noticias, mensajes y orientaciones. Conservo en mi álbum de recuerdos algún ejemplar.

La campaña de alfabetización rompió lo que parecía una tradición fatal. Profesores –adolescentes y adultos– enseñaron a leer y a escribir a personas de todas las edades, y algo más profundo y de mayor significado, marcharon desde las ciudades a los campos, a las montañas y a los rincones más apartados; los cubanos nos reconocimos tal y cual éramos verdaderamente. Jóvenes acostumbrados a la vida urbana vieron por vez primera, en toda su extraña belleza, la madrugada con su imperceptible rocío, la alborada, el canto de los gallos; se asombraron al saber a qué hora se levantaban los campesinos para enfrentar las labores de la tierra; vieron la lluvia torrencial y el arcoíris; supieron de los sueños y preocupaciones del guajiro que los acompañó en el guateque, y conocieron a sus amigos más próximos, entre ellos a esos bueyes mansos y generosos a los cuales, en justicia, habría que levantarles un monumento en cualquier país en que se viva de los frutos de la agricultura.

Quienes enseñamos una vez a leer a otros no podemos borrar de nuestra memoria los trabajos de aquellas manos inhábiles para guiar el lápiz, la vez en que la nuestra aprisionó otra, rugosa y herida, para los primeros ensayos de escribir entre líneas y la mirada luminosa de los discípulos cuando, letra a letra, pudieron leer una palabra, un nombre, a veces el amado.

La alfabetización, como la gran Guerra de Independencia, o la de Liberación Nacional, contribuyó definitivamente a la unidad de la nación, y al concluir la campaña el país era otro, más fuerte y grande.

Asomado a ese balcón –pues no es otra cosa la experiencia de la vida– puedo rememorar el bellísimo instante en que regresando a sus hogares decenas de miles de alfabetizadores con sus lámparas y sus manuales, eran portadores de la gratitud de todos aquellos que los habían recibido como hijos y hermanos.

Tomo mis fotos de entonces, cuando existían en la periferia de La Habana los barrios marginales de Las Yaguas, La Timba, La Pelusa, La Cueva del Humo o las modestísimas urbanizaciones de El Diezmero, Barrio Azul, El Globo, donde llegaron las brigadas obreras del Gobierno Municipal Revolucionario de La Habana.

Valoro aquella siembra de esperanza, sobre todo cuando hace unos pocos días miraba, en medio de una guardarraya de palmas, volver a un puñado de niños desde su recóndita escuela rural, o a otros pequeños, arremolinados en la calle de madera, saltar y bailar entre piedras y recuerdos.

Dejemos en las tumbas nunca olvidadas de Conrado Benítez y Manuel Ascunce un ramo de rosas encendidas. Su sacrificio no fue en vano.

(Crónica tomada del libro Fiñes).

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marita dijo:

1

5 de septiembre de 2018

09:49:06


¡Qué bueno mantener vigente en la memoria de todos esa gran epopeya que nos abrió las puertas del conocimiento, del desarrollo! A mantener vivo ese suceso trascendental se dedica la "Peña de alfabetizadores 50 aniversario ", en La Habana que cuenta con cerca de 700 miembros.En otras provincias bajo el influjo de la de La Habana se han creado otras Peñas . Debían ser mejor aprovechadas en la educación de niños y jóvenes

Adelita dijo:

2

6 de septiembre de 2018

11:18:19


Qué placer me ha dado leer este artículo, que me trajo a la mente el recuerdo de mis padres. Mi mamá era entonces trabajadora de la JUCEI municipal de LH (Alicia Saínz) y allí fundó la FMC y fue muy activa en las tareas revolucionarias y tanto ella como mi papá (que era trabajador del comercio) fueron alfabetizadores populares de esas brigadas creadas allí, que después de la jornada laboral, como narra Eusebio, iban a alfabetizar, en su caso al reparto El Moro. Yo era birgadista Conrado Benítez en el Escambray, y en una ocasión que tuve que venir a La Habana mi mamá quiso que conociera dónde ellos alfabetizaban y los acompañé a esa tarea y pude apreciar las condiciones insalubres de aquel lugar tan humilde; conservé fotos de ellos y otras pertenencias vinculadas a esta tarea que doné al Museo de la Alfabetización. Era de las cosas que ellos siempre hablaban con gran orgullo, sabiendo que sus hijos también se encontraban haciendo lo suyo, yo en el Escambray y mi hermano, que era del primer contingente de maestros voluntarios, en una unidad militar en Isla de Pinos. Creo que mi mamá y Eusebio se conocieron entonces, ojalá él la recuerde.

renato peña dijo:

3

6 de septiembre de 2018

13:17:45


Quisiera adjuntar declaración de la Unicef frente al tema educación y violencia. Ninguno de los casos que se indican sucede en Cuba. La mitad de los adolescentes del mundo sufre violencia en la escuela Según el informe de UNICEF “Violencia en las escuelas: una lección diaria”, el acoso y las peleas físicas entre compañeros interrumpen la educación de 150 millones de jóvenes de entre 13 y 15 años 05 septiembre 2018 UNICEF/UN0232616/Zehbrauskas En Villanueva, Honduras, Darwin, de 16 años, se sienta en el aula que compartió con su amigo Henry. Henry se suicidó en septiembre de 2016. Según un maestro, los amigos fueron atacados por matones. "Fui golpeado muy duro", dice Darwin, "todavía no puedo superarlo". NUEVA YORK, 6 de septiembre de 2018 – Según el nuevo informe publicado hoy por UNICEF, la mitad de los estudiantes de entre 13 y 15 años de todo el mundo –alrededor de 150 millones— declaran haber experimentado violencia entre pares en las escuelas y en sus inmediaciones. En el informe, titulado Violencia en las escuelas: una lección diaria, se pone de manifiesto que la violencia entre pares (que se mide por el número de niños que denuncian haber sufrido acoso en el último mes o haber participado en una pelea física en el último año) ocupa un papel dominante en la educación de los jóvenes de todo el mundo, y repercute en el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes tanto de países ricos como pobres. “La educación es fundamental para construir sociedades pacíficas y, sin embargo, para millones de niños la escuela no es un lugar seguro”, aseguró la Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore. “Los estudiantes se enfrentan cada día a múltiples peligros, como peleas, la presión de unirse a las bandas, acoso (en persona y en línea), disciplina violenta, agresiones sexuales y violencia armada. A corto plazo, esto perjudica su aprendizaje; a largo plazo, puede acarrear depresión y ansiedad y puede llevar al suicidio. La violencia es una lección inolvidable que ningún niño tiene que aprender”. En el informe se subraya una variedad de formas en las que los estudiantes se enfrentan a la violencia dentro y fuera de clase. Según los últimos datos disponibles de UNICEF: • En todo el mundo, algo más de uno de cada tres estudiantes de entre 13 y 15 años experimentan acoso, y una proporción similar participan en peleas físicas. • Tres de cada 10 estudiantes de 39 países industrializados admiten que acosan a sus compañeros. • En 2017, se produjeron 396 ataques documentados o verificados a escuelas de la República Democrática del Congo, 26 a escuelas de Sudán del Sur, 67 ataques en la República Árabe Siria y 20 en Yemen. • Cerca de 720 millones de niños en edad de asistir a la escuela viven en países en los que el castigo corporal no está totalmente prohibido en la escuela. • Si bien las niñas y los niños corren el mismo riesgo de padecer acoso, las niñas tienen más probabilidades de ser víctimas de formas de acoso psicológico y los niños de ser víctimas de violencia física y amenazas. El informe destaca que la violencia que se ejerce en las escuelas con armas como cuchillos y pistolas sigue saldándose con vidas. Además, señala que en un mundo cada vez más digital, los acosadores están difundiendo contenido violento, hiriente y humillador con tan solo pulsar un botón. Violencia en las escuelas: una lección diaria se publica como parte de la campaña mundial de UNICEF #ENDViolence. También forma parte de un esfuerzo colectivo de organizaciones como UNICEF, el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido, la UNESCO, otros miembros de la Alianza Mundial para Acabar con la Violencia contra los Niños y UNGEI, que trabajan para esclarecer el asunto y promover acciones con el fin de eliminar la violencia dentro y fuera de las escuelas. En los próximos meses, UNICEF celebrará una serie de Conferencias de Jóvenes sobre la campaña #ENDviolence en todo el mundo. En estas charlas, dirigidas por estudiantes, los jóvenes contarán con una plataforma en la que podrán compartir sus experiencias con la violencia y expresar qué necesitan para sentirse a salvo en la escuela y sus inmediaciones, y se enviarán una lista de recomendaciones a los dirigentes mundiales. En julio, la Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF Lilly Singh lanzó la primera Conferencia de Jóvenes en Sudáfrica con un grupo de estudiantes de entre 13 y 19 años. Para poner fin a la violencia en las escuelas, UNICEF y sus aliados hacen un llamamiento para que se adopten medidas urgentes en relación con los siguientes ámbitos: • Implementar políticas y leyes que protejan a los estudiantes de la violencia en las escuelas. • Reforzar las medidas de prevención y respuesta en las escuelas. • Instar a las comunidades y a las personas a que se sumen a los estudiantes para denunciar la violencia y trabajen para cambiar las costumbres en las aulas y en las comunidades. • Realizar inversiones más efectivas y específicas en soluciones que hayan demostrado ayudar a los estudiantes y a las escuelas a permanecer seguros. • Recopilar datos desglosados de mayor calidad acerca de la violencia contra los niños dentro y fuera de las escuelas y compartir aquello que funcione. UNICEF está animando a jóvenes de todo el mundo a alzar la voz para acabar con la violencia dentro y fuera de las escuelas, así como para contarnos cómo están trabajando juntos y qué soluciones están poniendo en práctica para acabar con la violencia dentro y fuera de las escuelas de una vez por todas. Puede obtener más información en uni.cf/endviolence-en-escuelas. #ENDviolence. Notas a los editores: