ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Eran los años más duros del periodo especial. Con la pérdida de los mercados tradicionales, agudizadas las medidas de un bloqueo implacable, el país parecía condenado a precipitarse en el abismo. Escasearon los alimentos, carecíamos de los productos básicos para el aseo cotidiano. Ante la precariedad del transporte público, aparecieron las pesadas bicicletas chinas, garantía del cumplimiento de sus obligaciones por parte de trabajadores y estudiantes.

Interminables apagones acompañaban noches de insomnio. Para recaudar las divisas indispensables hubo que tomar decisiones dolorosas que laceraban principios de equidad. Ante tantas dificultades y un porvenir incierto, algunos flaquearon. Pero se impuso el espíritu de resistencia. A la hora establecida, yo sabía que mis alumnos me aguardaban en el aula. Las escuelas y los hospitales siguieron funcionando, aunque la industria cultural se encontró al borde de la quiebra.

Implicado en la solución de un cúmulo de tareas concretas mientras cargaba sobre sus hombros de atleta la inmensa responsabilidad moral e intelectual del estadista y el estratega, Fidel encontró tiempo para multiplicar sus encuentros con los escritores y artistas. En un comienzo, fueron intercambios sobre temas de trabajo. El país comenzaba a abrirse al turismo. Bien diseñada, la contribución de los creadores a la ambientación de los hoteles ahorraba gastos de importación, mostraba la singularidad y riqueza de nuestra cultura, preservaba la permanencia en la Isla del patrimonio nacional y constituía muestra palpable del desarrollo de diversidad de tendencias.

Fue el punto de partida de un diálogo que desbordaría en alcance y profundidad cualquier agenda previsible. Los efectos de las dificultades económicas repercutían en el delicadísimo entramado de la sociedad. En tan difíciles circunstancias, emergieron del fondo oscuro de la memoria remota valores que parecían periclitados.

Aparecieron el buscavidas, el pícaro, el traficante, el maceta. Para un sector de la juventud se redujeron las perspectivas de estudio y trabajo. Más que nunca, había que pegar el oído a la tierra y tocar la realidad con las manos. Tal y como lo revela su extensa entrevista con Ignacio Ramonet, Fidel tuvo siempre lúcida conciencia de la inseparable relación dialéctica entre factores objetivos y subjetivos.

Los Congresos y reuniones del Consejo nacional de la organización de los escritores y artistas se convirtieron en espacio idóneo para un amplio intercambio de ideas. Dejando a un lado asuntos de orden gremial, se abordaron, de manera irrestricta, problemas subyacentes que laceraban valores esenciales de la sociedad en construcción: las manifestaciones de un racismo larvado que marginaba de los trabajos mejor remunerados según el color de la piel, y las amenazas que pesaban sobre la preservación de valiosos conjuntos urbanos.

Fueron largas sesiones de diálogo, amplio, participativo, a veces involuntariamente ríspido, aunque siempre respetuoso. Nunca como entonces tuve la oportunidad de observar en Fidel la excepcional capacidad de escucha y discernimiento que le permitió advertir los síntomas de los problemas que se anunciaban, señales imperceptibles en el horizonte distante, y en la cercanía más inmediata el casi inaudible sonido de la yerba que estaba empezando a crecer.

Capaz de sostener durante horas una concentración sin parpadeo, registraba el sentido de cada palabra, reconocía los matices de la expresión extraverbal del gesto. Para hurgar en lo más profundo, sometía al interlocutor a un apretado interrogatorio. En el fragor de la batalla de ideas se fueron delineando, a partir del análisis de las circunstancias concretas, soluciones para afrontar las dificultades más acuciantes de la inmediatez y proyectar los fundamentos de una estrategia orientada a preservar las bases de una revolución comprometida con la soberanía nacional, los principios de justicia social y la irrenunciable emancipación humana.

Simbólicamente, un 13 de agosto, en pleno ejercicio de nuestro derecho ciudadano, habremos de involucrarnos en el examen del Proyecto de Constitución de la República, instrumento jurídico supremo de la nación. Lo hacemos cuando estamos conmemorando siglo y medio de lucha por la independencia, fragua de una nación que maduró en el enfrentamiento contra el coloniaje y el neocolonialismo y supo forjar, en medio de la guerra, en el campamento mambí, una tradición constitucionalista.

En ese tránsito secular, hubo altibajos, reveses y victorias. Sin renunciar al uso de la violencia en caso necesario, el neocolonialismo asume ahora los recursos de la seducción de inspiración neoliberal. En medio de tan complejo panorama, el debate en torno a la Constitución no puede tomarse a la ligera. Debemos participar con plena conciencia de la alta responsabilidad que estamos asumiendo. Por su carácter de Ley de leyes perdura en el tiempo y se proyecta también hacia el porvenir.
(Tomado de Juventud Rebelde)

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Julio Cesar dijo:

1

13 de agosto de 2018

11:45:57


Como me asiste el derecho como ciudadano a la réplica donde mi criterio y el de todos debe ser tenido en cuenta. Respetando el derecho que Graziella Pogolotti haga público su comentario quiero señalar el punto: los ÚNICOS que cargaron sobre sus hombros y no de atletas un peso extremadamente brutal y costoso, poniendo en muchas veces en riesgo la salud y la vida, fuimos la mayoría de los cubanos en aquellos tiempos, donde se le llamo con el cruel eufemismo “periodo especial en tiempo de paz" todo un oxímoron gramatical y por lo que verdaderamente fue. Es evidentemente el eufemismo a lo que se refiere la autora al llamar “La pérdida de los mercados tradicionales” que se traduce en la total dependencia que teníamos con la URSS y sus consecuencias directas a su desmembramiento, la caída del Muro de Berlín y la desaparición del campo socialista en el Este de Europa, que evidencio que los planes económicos en nuestro país eran INEFICIENTES. En 1964, Ernesto Che Guevara contestaba a una periodista norteamericana sobre el bloqueo recién estrenado. El Che decía que el bloqueo nos obligaría a hacer las cosas bien por nosotros mismos, y nos dejaría sin opciones que no fueran las de trabajar mejor. ¿Por qué desoímos las palabras del che? En esas difíciles circunstancias en que se encontraba cuba floreció todo lo que no debía florecer, la biología es muy fuerte y la supervivencia se impone. La siguiente frase de José Martí puede ser extrapolada: Cuando los aranceles son injustos, o rencorosa la ley fronteriza, el contrabando es el derecho de insurrección. “Diario de Montecristi a Cabo Haitiano”. Marzo 2 de 1895. OC. 19:200. Con lo único que concuerdo del escrito echo por Graziella es el último párrafo. Un Saludo

Cary dijo:

2

14 de agosto de 2018

02:16:07


El periodo especial, la crisis de los años 90, merece un estudio multidisciplinarion a fondo, y urge hacerlo cuanto antes, porque si bien puso a prueba la capacidad de resistencia del pueblo cubano, su costo fue muy alto y las secuelas no han podido solventarse.

Taina dijo:

3

14 de agosto de 2018

13:03:16


Excelente articulo. Como todo lo que leemos de usted. Nos acostumbra a captar la imagen detras de cada letra. Todo aquellos dias duros, dificiles vuelven al recuerdo a traves de su narracion. Gracias, maestra.