ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Tenía cinco años cuando un Fidel de seis pies, barba negra, marcial apostura y gallardos ademanes hablaba a los delegados y concluía ante el pueblo las sesiones del I Congreso del Partido.

Ley de vida, irremediable, ellos, los líderes de la generación histórica, envejecieron, como lo hacemos todos; pero continúan siendo los mismos en el concepto-madre para los cubanos de defender la soberanía nacional y mantener los principios y objetivos por los cuales se gestaron las luchas populares a partir del año 1868.

También el Partido mantiene ese principio, indiscutible para la supervivencia de la nación; así como la mayoría de nuestro pueblo, en tanto no puede darse el «lujo» suicida de ser distinto.

Ninguna transformación contradice la idea cenital de que Cuba es de nosotros, los cubanos. Si eso se extraviase alguna vez, no habría mañana. Mucho ha vivido y sufrido la Isla para constatarlo.

Ni siboneyes ni taínos, casi nadie quedó vivo a las pocas décadas de la colonización. Eliminaron a ¡tres millones! de nuestros ancestros. Un genocidio que luego continuaría ese exterminador prehitleriano llamado Valeriano Weyler. De solo recordar lastima, hiere, el episodio ruin de la esclavitud, además.

Joya del Golfo, llave del Caribe, la bella de las Antillas tenía encima un águila con precoces ambiciones territoriales. Estuvimos entre el ojo y su pico desde que nos advirtieron en el mapa. Nos tomaron con derecho de pernada en 1902, luego del Maine –este estuvo entre sus primeros pretextos autogestionados, mucho antes de Pearl Harbor y  el 11-s–, la Guerra Hispano-Cubano-Americana, el arreglo parisién, el senador Platt y toda una sarta de engañifas.

Fuimos llamados «el burdel del Caribe» hasta 1958. Aquí no solo venían a implantar sus negocios de casinos, prostitución y droga las mafias. Las corporaciones estadounidenses, por su lado, también sometieron a Cuba.

La corrupción política hizo metástasis. A algunos de los verdaderamente puros no les quedó otro remedio que meterse un disparo en directo, ante el pueblo de Cuba. Los jóvenes cansados de ver cómo sus compañeros aparecían muertos, sin ojos y sin genitales, en los callejones, tomaron emisoras y palacios.

La Generación del Centenario quiso eliminar el convite de los gobernantes cubanos y la embajada americana, desde donde se dictaba la agenda.

Por devolver la dignidad a un pueblo mangoneado, esquilmado y abusado desde los tiempos coloniales se hizo una Revolución.

Para defender un concepto de nación independiente se luchó el 26 de julio de 1953 y fue creado un Partido de bases martianas cuyo sentido y deber debe identificarse, nunca perderse de vista.

La principal misión ideológica de los dirigentes actuales y futuros de este país será mantener enhiestos nuestros principios; y la principal responsabilidad de adultos, profesores, intelectuales, patriotas, será recordarles siempre a las nuevas generaciones lo que somos, el orgullo y la dignidad de sabernos cubanos, de ser los herederos de los patriotas del Moncada.

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