La industria del videoclip constituye en la actualidad una de las grandes promotoras de valores, deseos e imaginarios. Detenta la nada fútil misión de continuar convirtiendo al género –control social mediante la cultura– en uno de los reproductores ideológicos de mayor incidencia en la fijación de modelos de conducta, dentro de los vastos, pero más uniformados que nunca, conglomerados de la juventud mundial.
De forma acrítica, el receptor cultural universal recibe e incorpora conceptos, nociones, ideas involutivas como individualismo, hedonismo a ultranza, violencia de género, consumismo feroz, cosificación del ser humano, o diferentes y veladas formas de racismo.
Además del antonomásico Lucas, varios programas de la televisión nacional han procurado defender la idea de un video clip cubano, en parte escapado de tales tendencias, en parte acoplado a estas.
Surgido hace un lustro, en junio del 2013, un canal como Clave opera en la práctica cual repositor de contenidos del género, nacionales y extranjeros (y de la música, de sus distintas manifestaciones, no solo el videoclip: aunque estos cobran preeminencia en la parrilla diaria); y de la apropiada selección de ellos, desde una posición intencionadamente curatorial, dependerá su éxito en el tiempo o su adscripción al mecanismo repetitivo de la industria musical global.
Los primeros tiempos de Clave dan la idea de que quienes conciben su programación distan mucho de lo último, si bien es imposible que un canal musical pueda abstraerse del todo de reponer proposiciones de dicha industria, so pena de verse menguado su fondo visual a márgenes limitados.
Lo anterior hay que entenderlo, mas no puede convertirse tampoco en justificación para explicar la sobreexposición de emblemas del mercado por arriba de cantautores iberoamericanos, música del mundo, instrumental; autores nacionales y provinciales, cuya presencia puede ser todavía más notable en el canal digital, ya visto por millones de compatriotas gracias a las cajitas decodificadoras.
Clave, pese a cierta saturación mainstream en espacios a la manera de Video mundo y Clave latina, encuentra puntos de equilibrio y se alza en antídoto contra el mal gusto rampante, al cual ha sido condicionado parte del receptor nacional. Su irrupción, desarrollo y visibilidad en toda Cuba son muy bienvenidos. Programas como Cubanos en clip, Cubanísimos, y Nuestra canción defienden, por regla con tino, la música criolla.
Pese a sus limitaciones e interacciones (a veces se insiste mucho en los mismos artistas) y de tratarse de una señal cuyo proceso de construcción progresivo, pienso, agregará gratas alegrías, es ya a la fecha uno de los mejores canales temáticos del planeta.
Muy superior a MTV, Ritmo Son Latino o incluso al seminal VH1, –desprovisto de sus condicionantes comerciales–, cuenta con cerca de 25 espacios fijos.
Si bien el porcentaje mayor de contenidos guarda relación con el clip, propone recitales, audiovisuales sobre la música e insertos con personalidades o eventos tendentes a irrigar de variedad la agenda semanal.
En Clave, eso sí, deben privilegiar a especialistas que jerarquicen, expliquen y comenten la música nacional e internacional del momento; así como la discografía local y extranjera, quizá una de las grandes asignaturas pendientes del periodismo cultural patrio, originada en gran medida por la falta de un espacio con el cual aquí sí cuentan, pues están al aire muchas horas diarias. También podrían abrirse (como lo hicieron con la música portuguesa en Lusofonía) a variantes como el k-pop o pop coreano, con una base ascendente de seguidores en Cuba.


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Henry dijo:
1
27 de junio de 2018
14:02:51
Julio Martínez Molina dijo:
2
28 de junio de 2018
09:40:02
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