ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Hace solo semanas, el pasado 3 de junio, entró en vigor la Resolución No. 54 de 2018, la cual explicita las indicaciones para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interno del país.

La norma, dirigida a las personas naturales y jurídicas que realizan actividades de comercio relacionadas con la venta de mercancías, servicios técnicos y personales, la gastronomía y alojamiento, establece los deberes y derechos de los clientes, así como las obligaciones de los proveedores de bienes y servicios, ya sean del sector estatal o de los nuevos modelos de gestión.

Un paso importante, sin dudas, en busca de proteger a la gente que, tras sufrir maltratos e incomprensiones, se enredaba en toda una maraña de reglamentos, estatutos o códigos con el fin de buscar, al menos, una respuesta ante la indolencia sufrida. Además, y de acuerdo con las palabras de las autoridades de Comercio, la resolución pretende detener la tendencia creciente de las violaciones de los derechos de los consumidores en cada una de las instalaciones que prestan este tipo de servicios.

No obstante, y pese a la buena nueva, pervive entre la gente la incertidumbre. Hay una pregunta en la calle y se respira la inquietud. ¿Hasta qué punto esta resolución será capaz de frenar las violaciones y los delitos relacionados con la mala calidad de los artículos en venta, con aquellos incompletos en su composición o peso, o con el cobro de la mercancía por encima de los precios reales?

Porque ahí está la cuestión. Antes de la 54 existían reglas en cada entidad para normar y establecer conductas a seguir por parte de las administraciones, su personal y quien necesitaba el producto o servicio. Y pese a ello, la desatención y el maltrato coexistían impunemente en muchos de estos establecimientos.

Sin embargo, este asunto también nos toca de cerca. También depende de cada uno de nosotros que cumpla su cometido. ¿Cuántas veces hemos consultado los listados de precios, estudiado el peso del producto o comprobado la fecha de vencimiento? ¿Por qué no interpelamos a la recepcionista que nos roba el tiempo impunemente mientras cuenta, por teléfono, el insípido capítulo de la novela de turno? ¿Qué impide que preguntemos acerca de las fechas de rebaja o los productos de lento movimiento? Ese es nuestro deber.

Para este escribidor, el referido texto será tan eficiente en tanto el pueblo –los que compramos y padecemos, a los que nos roban el tiempo y el menudo, los que debemos comprar el pollo, el aceite, los jabones y hacer malabares con ellos para llegar a casa porque no hay jabas en la tienda– se apropie de él, lo haga suyo y comprenda en su totalidad sus objetivos. Nosotros tenemos el deber de consumidor, ese que nos obliga a cuestionar y exigir nuestros derechos.

Nadie ni nada, ni siquiera la 54, hará que se cumplan como si de magia se hablase. Se trata de una cuestión de principios. Una relación de amor, pero que implica respeto y entendimiento. Necesita explicaciones, razonamientos válidos, argumentos. Es un fenómeno este de exigir derechos, que involucra buen trato y justicia. Y pone la bola en el lado de las administraciones y todo el equipo que presta servicios.

Si la gerencia de cada establecimiento es capaz de extirpar de raíz todo lo anterior y el país puede resolver asuntos como la irregularidad en los abastecimientos, la relación precio-calidad, la insuficiente información que se le brinda a los compradores sobre las garantías de un producto, las pocas estrategias e iniciativas de promoción, o los síntomas de apatía y maltrato que en ocasiones muestra el personal que labora en tiendas y otros establecimientos, la batalla de los derechos puede estar cerca de ganarse.

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Ernesto dijo:

1

20 de junio de 2018

01:45:07


El ciudadano común no es un guerrero diario. Sale a la calle a recibir servicios y, si por cada uno de ellos debe "guerrear", "la vida no vale nada!" Yo quiero llegar a un lugar de servicio y ser atendido sin guerras inútiles. Y eso no es una utopía! Eso sucede, como ejemplo, en Italia! No porque sean BUENITOS, sino porque hay leyes muy severas! Si robas en peso o en calidad, etc - fuera. Y es seguro que no entras en trabajos semejantes jamás! Un solo ejemplo del por qué en Cuba no funcionará jamás este sistema de Protección al Consumidor: llegue al agromercado (cualquiera, pues en todos es igual - pida una cantidad de un producto, peselo y verá que le falta peso o volumen o calidad; regrese al vendedor y este, le devuelve dinero o le agrega producto. Y YA. Todo el mundo tranquilo y contento. El vendedor nunca pierde y, si un solo ciudadano no percibe el delito - siempre gana aunque sea una vez! Y en todos los lugares se puede comprobar el peso? O la calidad? NOOOOOO. Si no hay Represión a lo mal hecho y todo queda en MUELA, no hay ENTENDIMIENTO! Yo visito siempre el mismo agro; llevo siempre una pesa electrónica; diría que todos los vendedores me conocen y, sin embargo, son pocos los que me pesan bien la mercancía! Sera como una burla, o "por inercia" de siempre tumbar algo. Al final - no pasa nada real!

Santiago Respondió:


20 de junio de 2018

14:56:09

Totalmente de acuerdo. Parce que el culpable es el consumidor por no exigir sis derechos, ¿Y los que cobran para que eso no pase donde estan?

Lucifer Respondió:


21 de junio de 2018

09:55:28

Cuanta razón en tu razonamiento, la Ley de Protección al Consumidor será un eufemismo más, ya le encontrarán la vuelta, ayer 20/6 fuí a comprar dos bolas de pan de $1,60, y la muchachita, que es del propio barrio, que conoce a todos los que compramos en esa panadería me devolvió $1.40, con una sonrisa en sus labios que te desarma. Esda Ley no resultará, se ha escrito mucho de lo que hacer, pero, el sistema que rodea la Ley está podrido, en la feria agropecuaria, a pesar de los inspectores presentes las carne de cerdo estaba a $ 28.00 y a un precio menor la recortería y el gordo.

Henry Respondió:


26 de junio de 2018

15:58:50

...coincido al 100%, con todo esto...no existe funcionamiento de las leyes, y para colmo estamos atacando las consecuencias y no a las causas. No comparto nada de lo que está sucediendo, pero el que vende en el agro, y la que vende pan, tienen luego que comprar en la tienda o en otro lugar dónde también hay maraña, en fin, el pueblo es uno solo, y hay otros que no venden en estas instalaciones pero trabajan para el estado y no precisamente por un salario. No bastan las resoluciones, ni tampoco con que el pueblo salga a exigir lo que le toca, creo que la fómula es una sola......Atacar las causas, y luego las consecuencias..!!

jpuentes dijo:

2

20 de junio de 2018

09:05:59


Ya esta cuestión rebasa los límites de la Ley, para adentrase en un mundo mas complicado: la cultura. Todos nos hemos acostumbrado a que nos roben en peso y volumen. A que nos den un servicio de mala calidad. A pedir de favor y un "disculpe que la moleste", cuando queremos cambiar un color o un modelo. A que nos traten de "mami" y "papi". A que nos intimiden con groserías si exigimos derechos. A la indolencia de los administrativos con el falso criterio de que no pagan lo suficiente. A que la burocracia acabe con nuestros sueños. A que exista la Ley y que no se aplique. A que no atiendan nuestras llamadas telefonicas. A que nos desinformen en la era digital. A que a los 7 días se nos rompa un equipo que pagamos miles de pesos, el salario quizás, de un año de trabajo y que tengamos que ir a un taller a ver si tiene arreglo o que nos digan que no hay piezas. A que literalmente, nos "odien", cuando entramos a una tienda porque le damos trabajo a los dependientes. A que algunos funcionarios nos echen a fajar con los vendedores y los dueños y nos hagan una transferencia de responsabilidad. Y a lo que se acostumbra uno, a la larga, con el tiempo, viene a formar parte de nuestra propia cultura. Cambiar esa cultura tiene un costo muy alto, mucho mas que la aplicación de la Ley. es cambiar estructuras y maneras de pensar. En un país como el nuestro, donde la educación es gratis y la instrucción es un recurso, quizás no sea demasiado tarde.

Revenge dijo:

3

20 de junio de 2018

09:51:24


El servicio por el que se paga, o que se paga con el dinero de todos a traves del Estado, no hay por que que exigirlo. ES OBLIGACION del comercio u oficina atenderlo a usted como se debe; y la premisa no puede ser que a usted traten de estafarlo o maltratarlo, y solo si usted protesta, y de acuerdo a como usted proteste, se le de un buen servicio. Que tal si en lugar de que los ciudadanos salgamos todos los dias dispuestos a convertirnos en gladiadores le aplican expulsion, mancha en el antecedente penal y multas de no menos de 2000 pesos cubanos a administrador y empleados de todo establecimiento donde te venden productos adulterados, te roban en el cobro o te insinuan que si no das 'un toque ' tu tramite o gestion puede dilatarse hasta el infinito? Creo que esa es la verdadera proteccion al consumidor, lo que usted propone es un 'conteo de proteccion al consumidor'.

Roberto dijo:

4

20 de junio de 2018

10:20:07


el dia de los padres envie mensajes a mis amistades y resulta que pocas felicitaciones llegaron y mi saldo se consumio ,?como hacer para que sea reintegrado mi saldo si el servicio no se cumplio ?

Roberto dijo:

5

20 de junio de 2018

15:28:56


Prestar servicio es una ciencia por la cuestión de estudio que es, pero es un arte a partir de lo subjetivo que le pone cada prestador a lo que hace, es una obra de amor por el sentimiento que tiene que poseer el prestador por el cliente y por todos lo que lo rodean, pero es mi opinión que las instituciones que en su OBJETO SOCIAL tienen la prestación de servicio, no preparan adecuada, profunda, oportuna y sistemáticamente a los prestadores para que hagan bien las acciones de la PRESTACIÓN DE SERVICIO; tampoco estas instituciones, son profundas y sistemáticas en las acciones de control, que cuando se hacen a los establecimientos son dirigidas a los papeles de economía y casi nunca se controla la calidad de la prestación de servicios. Los dependientes, choferes de ómnibus, de taxis, trabajadores de ventanillas en correos, oficinas de trámites sienten que están haciendo un favor a quien requiere de su servicio y no sienten que los clientes les hacemo un favor al escogerlos para que nos presten el servicio; aunque en algunos casos tenemos que "morir en sus manos obligados"