Usted elige si lo toma o lo deja. El café podría estar frío, la cerveza caliente… ¿marcharse o esperar hasta el día siguiente, conformarse con el anuncio que deja solo una opción, callar o decir algo ante el trato incorrecto en un restaurante, una tienda, una oficina…?
Pero no es tan fácil tomar o dejar si el dilema nos plantea, por igual, el maltrato, la falta de respeto o la mala calidad. Los ejemplos son tan abrumadores que por un momento parecen deformaciones ya incorregibles.
En ocasiones, cuando llega a un establecimiento, quienes han de atenderlo no se dan cuenta de que usted está ahí, esperando una seña para hacer una pregunta, y debe aguardar a que acabe la conversación, tal vez sobre el último capítulo de la telenovela.
¡Al fin, usted es descubierto!, pero le devuelven el silencio, quizá en ese momento el dependiente o la dependienta termina de morder el reducto de lo que fue un pan con croqueta. Usted no sabe si hablar porque le da la impresión de que molesta, y señala con el dedo el producto que necesita; en ese momento, ya a usted no le interesa que le traten bien sino llevar a casa lo que desea comprar.
En el restaurante, ¡ah, cuántos detalles de cortesía lleva un restaurante!, no ha pedido la cuenta pero ya se la traen como si le dijeran, «¡Se acabó el tiempo!»; mientras come, retiran un plato que le roza la nariz, o le llevan la cerveza, la carísima cerveza, antes de que usted vire el fondo.
En algunas oficinas donde se realiza el pago por un servicio público, mientras un ojo le cobra, el otro se fija en la pantalla del ordenador por la que pasan las imágenes de una apasionada novela colombiana. La persona que lo atiende no se fijará en usted, ni dirá: «¡El próximo!» A su cuenta, cada día le perturbamos la tranquilidad del entretenimiento.
En otras instituciones, mientras le dicen, « ¡espere un momento!», en realidad solo debe esperar que alguien termine de jugar. No faltan los que abren después de la hora establecida, y cierran antes de la hora porque hay que cuadrar la caja… Y, ¿por qué abrió tarde? No sabemos. Nadie se molesta en preguntar, lo importante es el producto, ese que señalamos con el dedo para no incomodar con alguna palabra impertinente.
Es como si el servicio se convirtiera en un favor con desgano; por eso, las interrogantes reiterativas molestan, y le miran con mala cara. Mucho podría discutirse sobre las causas del mal, pero creo que detrás de estas insuficiencias hay serias deformaciones educativas.
La mala calidad de los servicios manifiesta carencia de cultura, falta de idoneidad para atender al público y de las normas básicas de urbanidad y decencia, irrespeto al otro. Lo peor es que los mismos que maltratan, después, en algún lugar, serán maltratados.
Y ahí están los libros de Quejas y Sugerencias, o el listado en el mural que recuerda nuestros derechos como clientes. Cuando el mal servicio se convierte en algo normal, la queja no funciona, pero cruzarnos de brazos nunca será la solución.
Necesitamos una campaña de ternura y de educación cívica para que nadie nos imponga la mala calidad con los mil modos de la descortesía.
Si algo hay que tomar son los mejores ejemplos, que tampoco faltan, esos que convierten la decencia y el respeto en armas de buen servicio y de cultura. ¿Lo toma o lo deja? Usted elige cómo reacciona ante la prestación de un servicio.


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Nelson dijo:
1
4 de mayo de 2018
08:36:54
pablos Respondió:
8 de mayo de 2018
14:14:20
carlosvaradero dijo:
2
4 de mayo de 2018
08:55:24
pablos Respondió:
8 de mayo de 2018
14:21:45
Jge dijo:
3
4 de mayo de 2018
09:44:01
la cienfueguera dijo:
4
4 de mayo de 2018
11:33:11
Olguita dijo:
5
4 de mayo de 2018
12:02:25
pablos Respondió:
8 de mayo de 2018
14:27:16
Paloma dijo:
6
4 de mayo de 2018
13:51:19
diana dijo:
7
6 de mayo de 2018
15:09:45
Gualterio Nunez Estrada dijo:
8
7 de mayo de 2018
08:11:42
Roxana dijo:
9
7 de mayo de 2018
08:47:33
pablos dijo:
10
8 de mayo de 2018
14:07:19
Alexis Aguilera Hdez dijo:
11
10 de mayo de 2018
16:22:00
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