ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Bajo el signo de la globalización neoliberal, nos ha tocado vivir una etapa de extrema complejidad. En el plano internacional y en el interior de las naciones se acentúa con rapidez la brecha que separa a los poderosos de los desposeídos. La acción de la política, de manera abierta y desembozada, con empleo de una supuesta institucionalidad judicial o mediante la fuerza represiva, sofoca las plataformas de resistencia.

Los medios contribuyen a manipular conciencias. Así, en brevísimo lapso, se ha modificado el panorama de América Latina. El dominio de las finanzas se ejerce con el respaldo de una ideología que se manifiesta  en el modo de representar la realidad y construir paradigmas.

Conflictos bélicos en áreas localizadas amenazan con bordear conflagraciones de mayor dimensión. Sobre ese panorama, el pensamiento conservador cobra fuerza y construye el gran relato de la historia. Situado desde  la perspectiva de lo que ahora conocemos como Primer Mundo, se evoca la imagen de una  «bella época», ubicada en el tránsito entre los siglos XIX y XX,  previo al estallido de la Primera Guerra Mundial.

En el París de entonces, las damas paseaban por el Bosque de Bolonia. En Montmartre nacía el cabaret. Era, en el entorno del Molino Rojo, la atmósfera de tantas películas disfrutables. Sin embargo, en aquellos mismos días, se estaba efectuando el reparto definitivo de África, la expansión colonial alcanzaba todos los continentes y en Cuba se libraba la guerra por la independencia. Es la otra cara de la luna, oculta por los grandes relatos, asumidos como verdades incontrovertibles que también colocan en segundo plano los gérmenes de rebeldía convertidos en larga marcha en favor de la liberación que ha transformado, en menos de un siglo, la configuración de Asia.

Descartados el mesianismo civilizatorio y la subestimación de los valores forjados por otras culturas, sería improcedente renunciar al legado de un pensamiento que integró en el Mediterráneo saberes de diversa procedencia, construyó una historia de la Filosofía, inspiradora del análisis crítico de lo que somos, sobre todo cuando conmemoramos el segundo centenario del nacimiento de Carlos Marx. En ese ámbito, muchas veces a contrapelo de los dogmas dominantes, cristalizaron importantes contribuciones al desarrollo de las ciencias exactas, naturales y sociales, así como una  valiosísima creación artístico-literaria.

Lejos de asumir un comportamiento mimético, nos corresponde apropiarnos de ese legado en beneficio propio. En carta a Armando Hart, el Che recomendaba la publicación en Cuba de algunos textos fundamentales tomados de la tradición histórica. Fidel, por su parte, se valió de la audaz iniciativa de las Ediciones Revolucionarias para garantizar la actualización respecto a las tendencias contemporáneas.

Sombras ominosas proyectan en América Latina el acelerado desmontaje de las conquistas logradas en años recientes. Atenidos a las realidades del mundo contemporáneo, se impone rearticular, con espíritu crítico, los fundamentos de un pensamiento de izquierda. No somos estatuas de sal, paralizadas con la mirada fija en el pasado. Pero no resulta ocioso redescubrir en nuestras propias fuentes las fuerzas motrices de un pensamiento armado con las herramientas más eficaces de cada época y afincado en el análisis de nuestras realidades específicas.

Evocaba Casa de las Américas en fecha reciente el nonagésimo aniversario de la publicación de los Siete ensayos de José Carlos Mariátegui, texto fundador  de un marxismo de inspiración latinoamericana que rompió fronteras y ejerció indiscutible influencia en el continente. Eran aquellos intensos veinte del pasado siglo, cuando una hornada intelectual se vinculaba a la vida política. Había ocurrido la Revolución de Octubre y poco antes, la Revolución Mexicana colocaba en primer plano las reivindicaciones agrarias, todavía  apremiantes en muchos países. Desde la lucidez de su juventud luminosa, Julio Antonio Mella  exploraba con pupila renovadora las ideas de Marx y de Martí.

Pensar desde el Sur demanda construir nuestro relato histórico remontando los orígenes y caracterizando la naturaleza de las contradicciones que sacuden nuestra contemporaneidad. Exige rescatar una tradición de pensamiento forjada en el proceso de lucha por la emancipación, entretejida a lo largo de un transcurrir secular, recordada a través de citas fragmentarias en acomodaticio olvido de la necesaria lectura en profundidad. Junto a Bolívar aparece el otro Simón, su maestro, quien bosquejó una temprana visión nuestramericanista.

Por universal y enraizado en nuestro contexto, José Martí escapa a todo intento de clasificación. En cada recodo del camino, son muchos los que han seguido uniendo acción y pensamiento, siempre informados acerca de las corrientes dominantes en el mundo para abordar con lucidez el desmontaje de las contradicciones latentes en cada momento, aunque su obra se diluya a veces en una desmemoria subdesarrollante. Por imperativos de la necesidad, aprendimos a pensar desde el Sur. Hacerlo ahora de manera consciente es exigencia impostergable.

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