ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Existe una notable diferencia entre aspirar, de forma legítima y con todo el derecho del mundo, a vivir mejor –con la consustancial repercusión que en diversos planos asegura tal incremento de la calidad de vida–, y vivir del exhibicionismo público de cuanto se posee en lo material: ese «síndrome del pavo real» asolador de parte del cuerpo social cubano.
La ostentación se ha convertido en un deporte nacional a escala localizada, de dudoso beneficio. Antes bien, solo proporciona asideros a falsos pilares (esos tendentes a privilegiar la fugacidad del ahora y a olvidarse en cambio de la permanencia de lo esencial), inseguridad, consumo y la ansiedad síquica derivada de la sangría constante que, desde el punto de vista económico, implica la existencia diaria de un ostentador, de acuerdo con sus nunca satisfechos estándares.

Conocidos vulgarmente como «especuladores» (vocablo de uso incorrecto en el caso, pues ninguna relación guarda con su acepción en el diccionario), tales personas no piensan con arreglo a un mapa sentimental conducente a la adopción  de decisiones y proyectos de vida basados en la virtud moral, sino pasándolo todo por el tamiz de los bienes materiales.
Así, confieren importancia primera al «qué llevo» y no al «qué soy». La pérdida del sentido del medio donde viven los impele a procurar, por apelar a un solo ejemplo y no anecdotizar en demasía, el móvil de última generación recién lanzado, que bien puede costar entre 750 y 1 200 dólares.

No cejarán hasta que puedan obtenerlo, la mayoría de las veces gracias a la ayuda de algún familiar en el exterior, aunque hacerlo les implique la mar de privaciones en otros costados de la vida cotidiana. Por lucir en público el aparatico, habrán (en ciertos casos, no en todos, porque en nuestro archipiélago ya existen muchos tipos de personas e ingresos) de privarse de múltiples beneficios que podrían obtener por ese monto.

Si solo decidieran invertir un 10 % del gravamen del «supercelular de marca» en libros podrían acceder a títulos formidables de escritores cubanos e internacionales presentes en la red de librerías del país.

De leerse esos libros –con ese 10 % pueden costearse unos cuantos cientos de volúmenes en cualquier librería de provincia– acumularían parte del conocimiento y la sabiduría necesarios para convencerse de que la vida de nadie la hace una «marquita», un logo; sino los pasos y las acciones correctas en el camino de ayudar a la familia, su sociedad, el prójimo...

Quizá tengan la fortuna de encontrar, dentro de esos textos, algunos firmados por José Martí o Eusebio Leal, a quien se le dedica la Feria del Libro y, por tanto, se está ahora en posición inmejorable de contactar con su ejecutoria. Son dos expresiones, pertenecientes a dos épocas históricas distintas, de la sencillez y la modestia en los actos cotidianos y en el vestir.

Martí, sol que irradiaba desde el interior, suerte de implosión que se transformaba en soberbia espiritualidad al transmutarse en verbo, habló varias veces del traje raído y la importancia de vestir nuestra alma.

Eusebio, con órdenes y reconocimientos en todas las latitudes, solo anda de smoking en ocasiones muy solemnes. Siempre lo veremos, no importa el día, la hora o la provincia, con su eterna camisa grisazulada.

«Pero no vaya a extremos», me espetaron unos jóvenes alguna vez, cuando les grafiqué con los anteriores ejemplos. Es entendible su observación desde la perspectiva de sus años. Tienen una tierna edad, la bella y breve juventud. Es, para muchos, tiempo de mostrar y aspirar para, más tarde en la vida –cuando ya importará bastante menos el continente que el contenido–, encontrar, reposar y legar.

Sin embargo, «lucir» como un joven no implica obligatoriamente correr desenfrenado en busca del «último modelo», ese casi igual que el otro y que en corto tiempo cambiará, porque el mercado es un ciclo de producción continuo puesto en función perenne de su objetivo: el consumo, alimentado de forma permanente por los billones de dólares anuales empleados en publicitar la oferta y sembrar la falsa creencia de que «no eres si no tienes».

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Ariel Núñez Morera dijo:

1

2 de marzo de 2018

10:34:04


Sencillo, didáctico, directo... Necesitamos mucho más de esto en nuestra prensa (televisiva, radial, escrita...) para amunicionar padres y educadores.

Rendón dijo:

2

3 de marzo de 2018

08:44:47


Bien dicho. Y qué me dicen de las supercadenas al cuello para anunciar "tengo dinero"?. Recordé con este excelente artículo a Martí: "Quien lleva mucho por fuera, tiene poco adentro".

cvp dijo:

3

4 de marzo de 2018

12:53:52


Rendón, yo agregaría el refrán. Dime de qué presumes y te diré de lo que careces.

Ana Luisa González González dijo:

4

6 de marzo de 2018

12:54:08


Hay que recordar a aquellas personas obstentosas toda las frases del apóstol, relacionadas con el tema, no sé es mejor si presumimos de serlo, al contrario, es mejor no presumir y ser una persona sencilla.

Edel Nuñez Cardentey dijo:

5

12 de marzo de 2018

13:12:55


Ana Luiza en su comentário dice que es bueno recordarle las frases de José Martí a ese tipo de personas. Yo tengo muy claro que ese tipo de gente poco valor le dan también al maestro. No les interesa ver ni aprender de lo bueno. Su capital el cual para ellos es enorme, mal saben que no les pagaria ni el alquiler en un sistema basado en el capital. Pero como tienen lo que realmente es necesario para vivir decentemente gratis o a precios subsidiados, pues lo demas lo cojen para bobear y no para ser martianos.