ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

De servicio hablamos, comentamos, escribimos para elogiar y criticar bastante en los días que corren, si bien de ese ejercicio intercambiable están impregnadas, desde hace siglos, las distintas formaciones sociales de la humanidad.

De dicho vocablo identificamos varias derivaciones semánticas de específicos significados como, por ejemplo, la de servidumbre, proveniente de los explotados siervos de la gleba del feudalismo y con el que en Cuba reconocemos al conjunto de sirvientes de las clasistas mansiones opulentas, las de ricachones de los tiempos de la esclavitud y las décadas de república neocolonial.

A su vez, el término servicio se prostituye al bifurcarse en servilismo y servil. El primero de ellos definido como «ciega y baja adhesión a la autoridad de alguien» y el segundo como «rastrero que obra con servilismo». Ejemplos sobran en la vida política, aunque pocos lo encarnan tanto en el presente como el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) o ministerio de colonias, Luis Almagro, listo a obedecer los dictados de Washington contra la dignidad latinoamericana, sea Venezuela o Cuba. Quién sabe si quede acuñado el «almagrismo» como sinónimo de lacayismo.

Pero hoy prefiero dedicar este espacio a las acepciones más positivas del servicio, las que nos ayudaron y seguirán ayudando a crecer ética, moral y materialmente, cuando se ha comprendido e interiorizado su alcance. Porque de las más de 20 definiciones de la Academia de la Lengua Española, me quedo con aquella que nos dice que se trata de la «prestación humana que satisface alguna necesidad social y que no consiste en producción de bienes materiales» u otra que lo ciñe a «un favor que se hace a alguien», lo que en cualquiera de los casos entraña un bienvenido acto de cooperación y solidaridad.

Al propio tiempo, retengo la palabra servidor no solo como «nombre que por cortesía y obsequio se da a sí mismo una persona respecto de otra», usualmente plasmado en despedidas de cartas, sino la del calificativo que merece todo aquel que por obligación institucional, legal, profesional, laboral, humanitaria, presta un servicio a otros miembros de la sociedad.

Servidores son desde los más altos y encumbrados dirigentes y funcionarios estatales y políticos, a quienes con toda justeza pedimos rendir cuenta, hasta los que desempeñan tareas aparentemente sin relumbres, pero indispensables,  pasando por incontables profesiones, oficios, y tareas frente a un público al que prestar atención, ayudar, orientar, responder a sus intereses, necesidades, aspiraciones, preocupaciones o dudas.

De la suma de producciones y servicios se hacen viables y se empinan los países e inclusive algunos de estos, desprovistos de ricos recursos naturales, han erigido eficientes economías de servicios con las que han aportado determinadas cotas de bienestar para sus propias poblaciones.

Pero a mi entender no basta con una macrocomprensión de todos estos mecanismos sistémicos, sino que se requiere en todo momento de ese factor individual, subjetivo y clave que es el gusto de servir al prójimo, de sentirse útil en la medida en que algo aportamos, mucho o poco, un cuidado y disfrute, una enseñanza, la información certera, el dato tranquilizador, la explicación,  la observación rectificadora, la sugerencia oportuna y hasta la perspectiva alentadora de cumplir deseos legítimos.

Por lo general,  la sola paciente disposición a escuchar al otro y el gesto educado y amable, pueden cambiarlo todo, frente a las incontables críticas que generan cotidianas deficiencias y desidias en la prestación de disímiles servicios a la población.

Se esgrimirán previsible y recurrentemente  insatisfacciones salariales, que puedo comprender tanto como que no son ajenas a nuestro propio sector profesional, pero en lo absoluto debe empañar o menoscabar el gusto por el buen hacer y el buen servir. Y así, de regreso al diccionario, tomo nota de que servicial  quiere decir «que sirve con cuidado, diligencia y obsequio»  y que se encuentra «pronto a complacer y servir a otros».

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Liuska dijo:

1

27 de febrero de 2018

23:52:46


Me salto a la vista desde que abri la pagina el titulo del artículo. Quede muy satisfecha con lo leído, sobre todo el último párrafo. Gracias por las reflexiones.

Alejandro dijo:

2

28 de febrero de 2018

16:30:30


Hoy mi padre fue bien servido en el cementerio municipal de San Luis. Santiago de Cuba. Fue a extraer los restos de sus padres, mis abuelos, y salió satisfecho de como fue atendido. Necesario análisis periodista. Se agradece.

Maga dijo:

3

8 de marzo de 2018

07:12:42


Excelente comentario: profundo ameno, enriquecedor. El final es de lo mejor, y como bien està lo que bien termina, le damos las gracias. Continùe sorprendièndonos con asuntos como este.