ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Tiene que ver con todas las personas, grupos humanos e instituciones que comparten su existencia en espacios sociohistóricos y culturales concretos. Podría pensarse que es una cuestión de mujeres, o más bien de «algunas mujeres». Hay quien cree que no es un problema para Cuba, no es tan grave, o es simplemente una moda que quiere cambiar nuestro idioma forzando a la gente a hablar de «los» y «las».

LOS ORÍGENES

Vayamos por partes y comencemos por los orígenes. Antes de tener hijos e hijas, por lo general, las personas van conformando imágenes sobre cómo sería el proceso. Aun cuando no se piense concienzudamente o se planifique, en la cabeza se van activando ideas y sensaciones sobre cómo será, qué nombre se le pondrá, cómo se le vestirá, qué cualidades tendrá, cuál será su oficio u ocupación, cómo serán sus relaciones de pareja y hasta la descendencia que a su vez tendrá.

A través de los años se va construyendo un ser humano, proceso en el cual participan no solo la madre y el padre, sino el resto de las personas de la familia con sus diversas creencias, la vecindad, la escuela, las amistades, el grupo religioso, los espacios laborales, las organizaciones de pertenencia, los medios de comunicación social y muchos otros. En todo ese entramado, las enseñanzas y aprendizajes, como tendencia, van atravesados por diferencias en dependencia de si se le considera hombre o mujer a ese infante recien llegado al mundo.

Es común enmarcar la educación o socialización de acuerdo con creencias preconcebidas que vamos transmitiendo de generación en generación. El proceso se inicia en edades tempranas y se va reforzando a lo largo de la vida. En edad prescolar enseñamos canciones infantiles que prohiben a la niña jugar porque tiene que fregar, planchar, lavar, cada día de la semana: «lunes antes de almorzar, una niña fue a jugar, ella no podía jugar porque tenía que lavar…». Asimismo, en la canción de la hormiguita retozona: «…no hacía más que jugar y su mami le decía ven y ayúdame a limpiar…». Se le deposita el cuidado de su madre enferma, quien solo deja de realizar trabajo doméstico cuando tiene que guardar cama por cuestiones irremediables de salud. Con frecuencia a las niñas se les regalan escobas y trapeadores, juegitos de cocina, tablas de planchar, vestidos de princesa y sets de maquillaje. A los niños se le destinan camiones, máquinas, pistolas, bates de béisbol, espadas, etc. A medida que crecen se aprenden habilidades, oficios y profesiones diferentes para ellas y ellos, así como también modos de pensar, sentir y comportarse.

DE LAS DIFERENCIAS A LAS VIOLENCIAS

La sociedad como un todo va transmitiendo estas creencias y estimulando un modo único y válido de ser hombre o mujer que prevalece. Las mujeres deben ser lindas, delicadas, obedientes, pasivas, conciliadoras, sumizas, débiles, sacrificadas, madres, dedicadas al trabajo doméstico y al cuidado de personas enfermas y ancianas, dadas más al mundo privado de la familia. Los hombres deben ser fuertes, independientes, competitivos, viriles, activos, dominantes, poderosos, proveedores de los ingresos de la familia, intrépidos y osados, dados más a lo público. Este patrón incluye para ambos, la heterosexualidad. A medida que las personas se alejen de estos patrones sexistas tienen mayores posibilidades de ser rechazadas, discriminadas y violentadas. A este tipo de sociedad en la que se promueve el dominio de lo masculino y la subordinación de lo femenino se le llama patriarcado.

Si se tratara solo de diferencias no sería tan impresionante. La cuestión se complejiza cuando un análisis más profundo nos lleva a entender que esas diferencias se convierten en desigualdades con efectos negativos para unos y otras. Se tornan camisas de fuerza que aprisionan libertades y derechos de las personas, basadas en falsas creencias de género, en asimetrías de poder entre lo femenino y lo masculino que determinan la vida cotidiana.

La denominada violencia de género radica en el actuar (o dejar de actuar), de modo intencional, basado en desigualdades y asimetrías de poder ancladas en lo que se considera válido para lo femenino y lo masculino desde el patriarcado y que provoca daños físicos, sicológicos, sexuales y económicos.

Las víctimas de las violencias de género pueden encontrarse entre personas de cualquier edad, nivel escolar, clase social, territorio, nivel de ingresos o color de la piel. Ninguna de estas variables excluye a las personas de ser víctimas o ejecutores/as de la violencia. Claro que cuando existen condiciones de vida desfavorables, las situaciones de violencia y sus soluciones se complejizan.

Es importante decir que las violencias se cruzan. Una persona puede ser violentada por razones de género y al mismo tiempo por ser negra, profesar determinada religión, tener alguna discapacidad, tener bajos recursos y/o vivir en una región específica. Las posibles combinaciones exigen la atención de cada dimensión.

CONSECUENCIAS

Algunos de los costos de asumir la masculinidad sexista prevaleciente o hegemónica son: dificultades para expresar emociones dolorosas y sentimientos; presiones para mantener el control de la pareja y manejar violentamente los conflictos; paternidad no responsable y privación del disfrute de este rol; problemas con el autocuidado como la resistencia a realizar exámenes para la detección del cáncer de próstata o silenciar temas de salud como las disfunciones sexuales; sostenimiento de parejas simultáneas, promiscuidad, prácticas sexuales riesgosas y seducción permanente; suicidio y alcoholismo cuando no se puede cumplir con el rol de proveedor; obligación de procrear; contención de la orientación sexual e identidad de género; accidentalidad.

Si bien existen costos negativos del patrón masculino para los hombres en el patriarcado, el castigo hacia las mujeres que se desvían de la norma establecida por este sistema ha sido muy extendido en la historia de la humanidad y en la actualidad. La violencia de género contra las mujeres es la más extensa y grave de las desigualdades de género. Entre las consecuencias de esta forma de violencia para las mujeres pueden mencionarse: secuelas en la personalidad como inseguridad, baja autoestima, poca perspectiva de futuro; depresión, angustia, miedo, trastornos del sueño y la alimentación; lesiones físicas y sicológicas; afectaciones a la salud por sobrecarga doméstica continuada a lo largo de la vida; aislamiento de espacios sociales (familia, escuela, amistades); limitaciones a la autonomía por prohibiciones a su inserción y ascenso en la vida laboral; infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados; secuelas de violaciones sexuales; suicidio y muerte.

El balance de daños trasciende historias personales. Las implicaciones alcanzan un alto costo económico para las personas y para un país que necesita optimizar recursos para procurar el desarrollo sostenible. La otra arista de efectos es social, mientras exista la violencia de género, constituye en sí misma un referente para la educación de todas las generaciones. Quiere decir que si no se presta importancia, si no se atiende, si no se le pone coto, seguirán reproduciéndose patrones sexistas de comportamientos e imaginarios sociales que «justifican» este tipo de violencias hacia las mujeres como algo «normal», que ha existido siempre.

CONTEXTO CUBANO Y LA BRÚJULA EN EL ANDAR

Gracias a políticas sociales implementadas hace décadas, el contexto cubano muestra indicadores de igualdad de género muy favorables. No se identifican en el país formas de violencia que aún existen en otras regiones del planeta. Por ejemplo, la ablación (amputación) del clítoris, la esclavización sexual y tortura a mujeres como botín de guerra en conflictos armados, o los asesinatos en masa a mujeres con total impunidad. Sin embargo, existen formas de violencias contra las mujeres en nuestro contexto, constatadas por las investigaciones sociales, instituciones de salud, instancias del sistema judicial cubano y las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia (COMF) de la Federación de Mujeres Cubanas, entre otras.

Existe violencia sexual, física, económica y psicológica. Esta última, siempre la más frecuente porque va unida a las anteriores y puede aparecer sola, se invisibiliza o desvaloriza; se cree que no deja huellas cuando en realidad se necesita «entrenar» los ojos para identificarla con sus consecuencias. Algunas de sus formas son los gritos, silencios a modo de castigo y condena, prohibiciones, imposiciones, descalificaciones, amenazas, chantaje emocional, etc. Las violencias de género y especialmente las perpetradas contra las mujeres constituyen un problema social, de salud y de derechos.

Si se viven situaciones de violencia, la primera recomendación es pedir ayuda. El problema no es privado aunque se presente en la familia u otro espacio social. Las personas pueden dirigirse a las COMF que existen en cada municipio, los consultorios médicos y policlínicos, Centros Comunitarios de Salud Mental, las estaciones de la Policía Nacional Revolucionaria y las Oficinas de Atención de la Fiscalía General de la República.

Las violencias de género requieren atención y prevención. Las soluciones necesitan de una mirada en sistema, del análisis de sus causas y de la participación no solo de profesionales, sectores e instituciones diferentes, sino también de la coordinación y monitoreo estatal. Este sistema está en construcción y para que pueda rendir reales y sostenibles frutos, es imprescindible que se involucre la sociedad toda. Nadie queda en exclusión. Y sí, tiene que ver conmigo y contigo, con los hombres y las mujeres que queremos una sociedad justa sin víctimas de violencias de género.

*Sicóloga del Centro Oscar Alnulfo

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arle dijo:

1

7 de diciembre de 2017

15:59:15


Es deplorable ver el comportamiento de algunos hombres que degradan el genero. pero todo se termina cuando las mujeres cogen dignidad.rompan con el silencio

Betty dijo:

2

7 de diciembre de 2017

16:29:08


En ocasiones somos víctimas de maltrato y no nos damos cuenta, o lo vemos como algo común, porque han sido taboes trasmitidos de generación en generación a seguir por sociedades demigrantes de qéneros o razas, principalmente somos violentados psicológicamente ya sea por una palabra vulgar, por algún gesto obseno o algún tipo de descriminación en cualquier sentido de la palabra. Debemos aprender a lidiar con las diferencias de los demás y a respetar empezando por nosotros mimos para ser mejores personas y vivir en armonía en una sociedad más libre y justa, donde no esista violencia.

Betty dijo:

3

7 de diciembre de 2017

16:30:26


En ocasiones somos víctimas de maltrato y no nos damos cuenta, o lo vemos como algo común, porque han sido taboes trasmitidos de generación en generación a seguir por sociedades demigrantes de qéneros o razas, principalmente somos violentados psicológicamente ya sea por una palabra vulgar, por algún gesto obseno o algún tipo de descriminación en cualquier sentido de la palabra. Debemos aprender a lidiar con las diferencias de los demás y a respetar empezando por nosotros mimos para ser mejores personas y vivir en armonía en una sociedad más libre y justa, donde no esista violencia.

Meilyns Rodriguez Estrada dijo:

4

8 de diciembre de 2017

15:48:32


Vivo con orgullo la dicha de ser mujer y es lo principal que debemos tener. Cada día se incrementa el irrespeto por parte del sexo opuesto y no existe un límite, la sociedad necesita reeducarse, está muriendo la sensibilidad y alimentándose la banalidad. Pienso que mientras existan féminas apoyando este tipo de conductas, el mal seguirá creciendo Meilyns Rodriguez Estrada Guáimaro Camagüey