ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Más vigente que nunca, el pensamiento vivo de Fidel se orienta estratégicamente hacia un horizonte de emancipación, teniendo en cuenta siempre la percepción concreta de la realidad. Así, en sus Reflexiones, avizoró las grandes amenazas que penden sobre el destino de nuestra especie. Enraizada en el conocimiento de los procesos históricos que han conformado nuestro país, su visión no es localista. Tiene alcance universal.

La gran tarea de hurgar en su ideario, indispensable en medio de los desafíos de la contemporaneidad, exige seguir paso a paso, en su integralidad y en sus contextos, la secuencia de sus discursos, adheridos siempre a las demandas de la inmediatez e inscritos en un marco conceptual riguroso y asequible a todos, nunca aferrado a doctrinarismos abstractos. Su rasgo característico reside quizás en su naturaleza dialógica señalada por el Che al describir en El socialismo y el hombre en Cuba su intercambio productivo con las masas en el inmenso espacio de nuestra Plaza de la Revolución. Otra clave imprescindible se encuentra en la singular capacidad de escuchar, aun en esos multitudinarios encuentros, las interrogantes de sus interlocutores. De ese toma y daca dimana la organicidad de sus respuestas y la consiguiente autenticidad de su palabra, hecha de verdad y de convicción profunda.

Para los que no habían nacido entonces y para quienes vivimos esa etapa, vale la pena recordar el inicio de los noventa del pasado siglo. Fidel preparó al pueblo, cuando todavía no se había producido el acontecimiento, ante la posibilidad de que la Unión Soviética se desgajara. Aunque resulte dura, la verdad constituye cimiento de unidad, fuente de confianza y plataforma indispensable para el diálogo. A lo largo de los difíciles años del periodo especial, tuve el privilegio de participar en numerosos encuentros con el Comandante. Había que juntar voluntades para emprender el áspero ascenso hacia la resistencia por la salvaguarda de cada uno y de la patria conquistada. La precariedad económica tenía inevitable repercusión en la vida de la sociedad. En esa coyuntura, los escritores y artistas reunidos en el seno de la Uneac concedieron prioridad al análisis de los problemas que emergían en su entorno.

Dejaron de lado preocupaciones gremiales para volcarse hacia el ancho territorio del país. Abordaron temas relacionados con la preservación de la ciudad, con la existencia de jóvenes alejados del estudio y del trabajo, con el rebrote de manifestaciones de racismo. Respetuoso siempre, Fidel escuchaba con esa excepcional capacidad de concentración que le permitía taladrar el trasfondo de las palabras y los gestos, profundizar en el examen de cada asunto, percibir la dimensión concreta del presente, captar las referencias del pasado y proyectar la mirada hacia las repercusiones futuras de cada fenómeno. En esa intensidad del pensar se articulaban la observación del detalle, las interconexiones existentes entre las distintas esferas de la realidad y las indispensables definiciones conceptuales. Vendría luego el habitual bombardeo de preguntas. Muchas solicitaban mayor grado de precisión. Otras, totalmente imprevistas por el interlocutor, revelaban acercamientos a costados más profundos del tema, así como la rapidez y la intensidad de la reflexión creativa que acompañaba en Fidel el modo activo y crítico de escuchar al otro. Sus comentarios no clausuraban de manera definitiva el debate, aunque en ocasiones se impusiera la necesidad de tomar medidas o de investigar de forma más exhaustiva algunos asuntos.

Percibíamos todos el afán por conocer los matices de una realidad compleja, ninguna palabra caía en el  vacío. En esa transparencia del diálogo, todos nos sentíamos partícipes y, por lo tanto, entrañablemente comprometidos, sabíamos que nuestra visión podía resultar parcial, que contendría quizás alguna apreciación errónea. Pero el conglomerado allí reunido procedía de todos los rincones de la Isla, ejercía prácticas artísticas diversas  y sostenía vínculos de variada naturaleza con la comunidad y con sectores de un público más amplio. Conformábamos entre todos un rico mosaico que abocetaba el paisaje de un universo social en rápida evolución.

El arte de escuchar revela las verdades ocultas tras las apariencias. Constituye la base de un permanente aprendizaje, en términos concretos, de las realidades contradictorias y cambiantes de la vida y de la historia. Asienta el diálogo y el compromiso entre los interlocutores. De esa manera, sin perder de vista el esencial propósito emancipador, el pensamiento vivo de Fidel penetró con mirada visionaria el palpitar de la época. Vio desarrollarse la hierba que aún no había nacido. En las páginas de La historia me absolverá, más allá de la lucha inmediata contra la tiranía, en el reconocimiento de la enseñanza martiana se advierte el lastre de la condición colonial junto al subdesarrollo heredado de ella. Ahí está la clave de la emancipación proclamada entonces. El pueblo se define a partir de sus componentes concretos reveladores de la miseria de muchos y la dignidad lacerada de todos. Por eso afirmará, al llegar a La Habana en el enero triunfante del 59, que el verdadero combate estaba  comenzando. Ajeno a dogmas y sectarismos, edifica la unidad y vincula la Isla liberada al movimiento descolonizador de los sesenta. En términos apremiantes, insiste desde fecha temprana en que el carácter depredador del capitalismo habrá de precipitar el exterminio de la especie.

En el pensamiento vivo de Fidel, los hombres y las mujeres de hoy han de encontrar una guía para la acción. Educado en el colegio de Belén, el hijo de Birán hubiera podido transitar por una brillante carrera profesional, según las normas de la sociedad burguesa. El arte de escuchar lo llevó a descubrir, en su tierra de origen, la infinita tragedia que pesaba sobre los desamparados. De ese vínculo con las realidades concretas, nacieron vocación, pensamiento y destino. No tuvo reparos en arriesgar la vida. Al igual que Martí, confió en el mejoramiento humano. Esa entrega lúcida de vida y obra a la causa de la humanidad dan la medida de la inmensa estatura del revolucionario. Es la razón de su vigencia.

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OrlandoB dijo:

1

27 de noviembre de 2017

05:15:58


Gracias, profesora Graziella, por su brillante descripcion del pensamiento de ese grande, llamado Fidel por la mayoria del pueblo cubano. Su inmensa estatura es la razon de su vigencia, como usted proclama.

Maribel Torres Raventó dijo:

2

27 de noviembre de 2017

10:51:05


Sin dudas como usted afirma, querida profesora nuestro líder tenía esa capacidad que algunos conocían y respetaban o temían. Su pensamiento es la base y la conquista de la Cuba que construimos.

Miguel Angel dijo:

3

27 de noviembre de 2017

13:43:04


Ud profesora Pogolotti ha abordado una de las características esenciales de Fidel, nacida de en su conducta de forma autodidacta, para afianzarse con el transcurso del tiempo, como piedra angular de su método y estilo de trabajo, lo q sin duda le proporcionaba un mayor caudal de conocimientos provenientes directamente de todos los sectores de su pueblo, de sus interlocutores, no importa donde ni de quien se tratara, desde la mas humilde de las personas hasta el mas prominente de los científicos, intelectuales o personalidades ilustradas. Un ejemplo vivo de tal interacción fue sus relación con el científico francés André Voisin, que alcanzó niveles extraordinarios. Existen múltiples ejemplos. Muchas gracias por su interesante reflexión.

Guillermo Morán Loyola dijo:

4

28 de noviembre de 2017

12:31:18


El gran poder de escucha de Fidel Castro, nuestro invencible y nunca olvidado comandante en jefe, es una de sus cualidades más grande, como gran y ejemplar hombre que es, un dirigente que era capaz de compartir con la persona más simple, un campesino que quizás no había recibido mucha instrucción educacional, un obrero, un pionero, un jóven comunista, un militante del partido, un intelectual, un artista, un médico, un científico, un arquitecto, en fin, cualquier tipo de persona, y entablar una conversación, en la cual el intelecto, y el pensamiento de Fidel Castro, no solo hacía de la conversación un tema entre dos, nunca hacía un monólogo unipersonal, ni imponía su criterio, sino que jocosamente reflexionaba con las personas, le hacía bromas, y a veces hasta le viraba la pregunta sobre todo en las entrevistas que muchos periodistas le hacían, y que siempre mirabamos con mucha complicidad para saber que respondía en algún tema específico. Motivador el documental de aquel campesino que conociendo a Martí, pero sin tener visión por falta de espejuelos, lo llega a concocer, con esa complicidad y esa manera del cubano de jugar bromas agradables, y es que Fidel Castro es nuestro, es único, es irrepetible. Gracias profesora por recordar una de las grandes cualidades que debe tener un ser humano, y que muchas veces las personas obvian en reuniones, en conversaciones, en la cual desean solo hablar ellos, y obvian el pensamiento del interlocutor. Gracias profesora, intelectual, y brillante periodista, y escritora, por no dejar que la memoria del invicto comandante en jefe, deje de ser recordada cada dia, Gracias por sus comentarios y artículos, me motivan siempre a comentarlos porque escoge usted temas muy agradables, y de fácil acceso al pueblo. Gracias.

Armando Ramírez González dijo:

5

30 de noviembre de 2017

15:59:37


¡Gracias doctora Graciela! por darnos una vez más sus enseñanzas desde su conocimiento del eterno comandante en jefe: es necesario aprender a escuchar, algo bien difícil, pero es necesario que nuestros dirigentes a todos los niveles desarrollen ese arte para una mejor gastión, usted puede influir mucho en eso, una vez más ¡GRACIAS!