ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Nada hay en el mundo más sagrado que la libre determinación de los pueblos. Esa sabiduría intrínseca que los convierte en los únicos capaces de decidir el rumbo de un país y de trazar con claridad las líneas de su futuro. Cuando un pueblo llega a ese grado de madurez, difícilmente pueda factor alguno desviarlo de su curso y eso han sabido entenderlo muy bien los cubanos y cubanas.

Sin embargo, los enemigos de nuestra Isla no se conforman con esa realidad y han intentado de mil maneras desmoralizar al socialismo cubano, a sus líderes y obviamente a nuestro sistema electoral. Pero su paradigma está muy lejos de la transparencia y la democracia como intentan hacer parecer al mundo. No hay prueba más fehaciente de ello que el hecho de que un Donald Trump esté hoy al frente de la Casa Blanca y haya revivido las fibras más radicales de un nacionalismo hegemónico, que cree tener el poder de decidir el destino del mundo, que asegura tener una predestinación casi divina para entrometerse en los asuntos de otros estados.

Es en estos casos donde habla la historia, porque la pugna entre sus partidos, la suciedad que oculta la llegada al poder de una u otra tendencia y los millones que se mueven tras bambalinas, no son cosa de la actualidad que conocemos ni de un pasado cercano. Por suerte tuvimos un Apóstol que vivió en el monstruo, que conoció sus entrañas y tuvo la previsora iniciativa de legarnos su visión de lo que ocurría en esa sociedad, supuesto ícono de «libertad», cuando llegaban las campañas electorales.

«Se vuelcan cubas de lodo sobre las cabezas. Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno con tal de que aturda al enemigo».

Así de cruenta es la lucha por el poder, sin importar cuánto tiempo haya trancurrido.

«... el que aspira a ganar voluntades tiene que rebajar tanto la suya, que no sabe como se pueda, con grandeza de alma, soportar las vergüenzas que acarrea la conquista del poder».

Condiciones elementales para llegar a los más altos escaños del gobierno o, al menos para obtener beneficios de la campaña también estuvieron al alcance de la aguzada inteligencia del Apóstol. Tal parece que en vez de relatar lo que en el siglo xix acontecía, nos dibuja Martí el presente a todo color y en detalle.

«En las Convenciones mismas, a la hora de elegir ya el candidato, ¡qué desdeñar a los prohombres de reputación acrisolada, por aquellos de reconocidas faltas, que merced a ellas mismas pudieran, con menos escrúpulos, asegurar en la elección, más votos y en el poder, más empleos, y provechos! ¡Y qué venderse los diputados de la Convención a este o aquel postulante a la candidatura; bien por dinero, bien por la promesa de un buen puesto, en caso de triunfo».

Por eso el maestro convirtió su propia existencia en la antítesis de tales prácticas y decidió que el Partido Revolucionario Cubano sería espejo de la transparencia si de elecciones se trataba.

«El voto de un pueblo entero, de todas las entidades constantes y visibles del pueblo cubano que puede emitir francamente su voz, es honra tal, que unge a quien lo recibe, limpia su corazón de las pasiones que lo pudieran perturbar, y agiganta, como por dispensación divina, las fuerzas juradas por sobre todas las obligaciones de la tierra, a la primera y fundamental de levantar al hombre casa segura y decorosa en el suelo independiente de la patria».

Cuando el 10 de abril de 1892 fue electo delegado del Partido Revolucionario Cubano, asumió el Apóstol una de las misiones para él más sagradas en nombre de la Patria. Saberse portador de la confianza de sus hermanos de lucha, fue el detonante para que legara entonces lo que puede considerarse como sagrada cartilla de la otredad, del dejar de ser para sí por la entrega indescriptible hacia los demás.

No es casual acudir ahora a esa fuente inagotable que llamamos «pensamiento martiano». Vive nuestro país la coyuntura que implica continuidad de la Revolución, el momento supremo de la democracia que defendemos, y descansa en sus palabras la misión del delegado en su estado más puro, porque más allá de méritos y virtudes probadas, no abogamos por preservar una figura humana, sino una institución sobre la cual descansa la pirámide del poder más valioso: el que ejerce el pueblo por libre y espontánea voluntad.

«...Es a mi juicio obligación primera del Delegado del Partido Revolucionario Cubano solicitar el concurso de todos los que por su prestigio, su virtud y su inteligencia puedan contribuir a vigorizar la organización que no tiene por objeto el engrandecimiento, ni la victoria de unos cubanos sobre otros, sino la ordenación necesaria para fundar con todos los cubanos, con todos los habitantes honrados de la Isla, sin miedo a sacrificio ni exceso innecesario de él, un pueblo equitativo y feliz...»

La coyuntura no es la misma, la Cuba de hoy no es la Isla sangrante por la que padeció él, pero sigue siendo la capacidad de movilizar y nuclear al pueblo la misión sagrada de un delegado. Ni las más sencillas metas son posibles cuando no prima la voluntad compartida de alcanzarlas, el espíritu común de convertirlas en realidades.

Cuando un delegado ocupa su puesto en la Asamblea Municipal, es como si se sentaran allí los cientos, miles de electores que confiaron en él (ella), por encima de los demás. La visión del pueblo es incuestionable. Donde el pueblo ve méritos y capacidad es porque verdaderamente los hay.

Tocan al delegado retos inmensos, el batallar incansable ante lo mal hecho, ante cualquier manifestación de insidia o individualismo crónico que empañe la verdadera esencia de lo que juntos hemos construido. Solo quien ha rendido cuentas a un pueblo sabe lo que ello implica, pero si le asisten la razón y la fuerza moral para reconocer los errores y llamar a las cosas por su nombre, no habrá vergüenza alguna en ese acto, sino altruismo sin límites.

* José Martí: gobierno y elecciones. Ediciones Poder Popular. 2005

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Daniel Fuentes Almaguer dijo:

1

22 de noviembre de 2017

09:35:50


Leydis , cuando leo tu comentario recuerdo las palabras de nuestro José Martí en el Liceo cubano de Tampa “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, tales palabras las expresó Martí en el discurso que pronunció en el Liceo Cubano de Tampa, el 26 de noviembre de 1891, coincidentemente a 126 años de aquella fecha se relizan nuestras elecciones . Esta célebre pieza oratoria conocida con el nombre “Con todos y para el bien de todos”, se inicia con otra frase igualmente histórica del ideario martiano: “Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella”. Por eso coincido con el artículo y lo que planteas ... ¨Cuando un delegado ocupa su puesto en la Asamblea Municipal, es como si se sentaran allí los cientos, miles de electores que confiaron en él (ella), por encima de los demás. La visión del pueblo es incuestionable. Donde el pueblo ve méritos y capacidad es porque verdaderamente los hay¨.

Ángel parra dijo:

2

22 de noviembre de 2017

12:03:41


Felicitaciones al pueblo Cubano en su proceso electoral que le brinda al pueblo la oportunidad de premiar con su voto a aquellos candidatos que han realizado una buena labor a favor del pueblo y oportunidad también para castigar con el voto aquellos candidatos que se burocratizaron y se apartaron del pueblo que lo llevó a esas posiciones. No me pongo por principio a las elecciones, creo que hay momento que al pueblo hay que entregarle las armas para acabar con sus opresores, pero hay momento que se le entrega al pueblo la boleta para que elija sus mejores dirigentes, y Fidel Castro eso le enseñó durante su Vida ejemplar para el pueblo Cubano. Felicitaciones.!!!

Armando Ramírez González dijo:

3

22 de noviembre de 2017

15:34:41


Es refrescante leer comentarios hechos con profundidad, como los de Leydis, eso da confianza en el porvenir saber que hay jóvenes que conocen la idea martiana, saber que hay jóvenes como leydis con cultura política. Eso hace invencible nuestro pueblo.

Héctor dijo:

4

23 de noviembre de 2017

07:20:40


Cuando Leidys se refiere a la conducta de los legisladores norteamericanos, se asemeja mucho a la de los legisladores y el sistema argentino. Si en Argentina tuviéramos el sistema electoral cubano, hoy no tendríamos de presidente a un cipayo, esclavista y vendepatria como Macri.

alfonsito dijo:

5

23 de noviembre de 2017

18:07:07


este articulo no dice nada. Por favor dejen la retorica a un lado y hagan periodismo. Esta linea no tiene desperdicio: vivio en el monstruo. Leydis, cara

Daniel Fuentes Almaguer Respondió:


24 de noviembre de 2017

08:24:34

Alfonsito todavía nos hace falta leer y aprender de nuestro sistema electoral, creo que el artículo nos lleva pensar en lo que tenemos, en lo que tantos hemos luchado y lo que nos toca hacer en cada momento, ahora es la oportunidad de elegir a los que mejor nos puedan representar, a los más capaces y más comprometidos con el pueblo.