ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Desde el Primer Congreso de Educación y Cultura que tuvo lugar en el año 1971, en La Habana, y mucho antes, entre ambos sectores siempre han existido estrechas relaciones. En esa relación, lo mejor de la intelectualidad cubana ha estado, de una manera u otra, aportando a los procesos educacionales, como recordó en sus palabras el miembro del Buró Político y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante una de las sesiones de la Comisión de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer, durante el pasado proceso previo al Noveno Periodo Ordinario  de sesiones de la 8va. Legislatura  de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP).

Y es que los intelectuales cubanos, que se unieron al proceso revolucionario de 1959, jamás se divorciaron de los preceptos humanistas de la Revolución y siempre la han acompañado en sus avances educacionales y culturales.
Si la familia es el núcleo de la sociedad, la escuela ha de ser el núcleo más creativo de esta, en su interrelación con el medio que la rodea. De ahí la importancia que tiene el que maestros e intelectuales integren un mismo ejército que defienda en cada comunidad la cultura y la historia.

Cuando se avecina por parte del Ministerio de Educación una tercera «revolución» en los actuales planes de estudio de la enseñanza secundaria en la asignatura de Historia, se hace imprescindible que a la hora de impartir los nuevos conocimientos, estos se hagan de una manera más atractiva y fuera de todo tipo de mecanicismo; urge hoy más que nunca que este ejército de maestros e intelectuales estrechen aún más sus vínculos de trabajo.

Esto no es nada nuevo. En esa relación histórica, por ejemplo, destacados intelectuales han contribuido al perfeccionamiento de los planes lectivos de asignaturas como el Español. Otros han servido de asesores a la hora de crear productos audiovisuales como filmes, documentales u otras publicaciones de apoyo en las que se han recogido importantes sucesos de nuestra historia patria. En el caso de los libros de historia, son quienes precisamente conciben los textos que en ellos aparecen, basados en profundas investigaciones. Muchos han sido o son pedagogos. Algunos han sido los propios protagonistas de muchas de las historias contemporáneas, que en blanco y negro han quedado recogidas para uso de nuestros escolares y público en general.

Ejemplos como estos hay muchos. No cabrían en las páginas de este diario. Pero no es ese el propósito de este cometario. La cuestión es llegar a aquellos que están más cerca de la escuela. Es necesario que la escuela no solo conozca, a través de los funcionarios de la cultura, el potencial artístico e intelectual que tiene la comunidad, sino que se apoye en ellos; que se sepa, por ejemplo, que en cada municipio del país existe un coordinador de la Uneac que se encarga de impulsar el trabajo comunitario en todas las manifestaciones del arte. Ahí es donde está el mayor potencial.

Se sabe que una buena imagen dice mucho más que mil palabras. Bueno, ahí están los fondos fotográficos guardados con celo por instituciones de todo el país que se dedican a resguardar para la memoria todos los episodios de nuestra historia y que llegan hasta nuestros días. Pero además hay muchos de esos fotógrafos que todavía están activos o jubilados que estarían dispuestos a compartir su obra con nuestros estudiantes.

Aún recuerdo a mi profesor de Historia cuando para explicarnos algunos de los hechos históricos, para motivarnos y describir los grandes combates o batallas se aparecía con su grabadora de cintas y emulando con Armando Calderón y el espacio la Comedia Silente, simulaba el sonido de armaduras y espadas en el fragor de los combates o el cruce de las caballerías por lugares llenos de agua o frío, donde el viento helado parecía que te quemaba la cara. Recuerdo que nadie se quedaba dormido en clase y exigíamos al profesor repetir al otro día o en otro momento, el estudio de una nueva anécdota utilizando este mismo u otro nuevo recurso. Al final, éramos más los que aprobábamos. Se los aseguro.

Ya lo expliqué anteriormente, no es mi propósito dar lecciones a nadie, sino sugerir algo que sé que se ha hecho en muchas de nuestras escuelas, pero que podría alcanzar hoy un nivel más alto de realización por el bien de nuestros estudiantes. Y si los intelectuales no van a la montaña, entonces la montaña deber ir a buscar a los intelectuales, invitarlos a caminar juntos una nueva manera de concebir la enseñanza de nuestra historia y de la historia universal.

Paneles, conferencias, charlas, conversatorios, cine-debates, proyecciones de películas y videos, entre otros, son algunas de las acciones que se pueden instrumentar en el trabajo cotidiano de la escuela cubana de hoy. Afianzar las alianzas con la Uneac, la ahs, las Casas de Cultura, los Centros Provinciales de Cine, los Centros de Investigación, el Icaic, y otros ubicados inclusive en el barrio donde está enclavada la escuela.

La Historia como la Cultura es también «escudo y espada de la nación». A la escuela es cierto que le faltan instructores de arte y promotores culturales, que quizá son los que más podrían ayudar a hacer realidad esta utopía. Incluso, le faltan maestros. Pero estoy seguro que con los que hay se puede dar alas a la creatividad si de explicar y hacer comprender la Historia se trata.

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wilfredo dijo:

1

19 de agosto de 2017

02:00:35


Ricardo,disculpa hermano que aproveche el titulo de tu comentario "Alas a la creatividad" para decir una inquietud,buscando en la sección cultura veo para mi asombro que todavía se mantienen anuncios de eventos del año 2015,Festival de Cine ,Teatro de la Habana y Feria del Libro,es que el diseñador de la página esta de vacaciones o es "Porque se ve bonita por los colores".Disculpa hermano que escribiera esto en tú sección,pero es horrible ese atraso y a lo mejor puedes llevarlo al Consejo de Dirección como una inquietud de un lector.Gracias.