ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

No hay acontecimiento cultural más importante en Cuba en los últimos 58 años que la propia Revolución triunfadora el 1ro. de Enero de 1959. Desde ella, de la expresión en hechos de su proyección, comenzamos a dotarnos del conjunto de conocimientos que ha llevado a este pueblo a desarrollar su propio juicio crítico.

Un país con altos niveles de educación proporcionado por esa emancipadora obra, ya con más de un millón de graduados universitarios y con una fuerza laboral cuyo 80 % tiene títulos de obrero calificado, técnico medio o de nivel superior, no se queda pasivo ante cualquier fenómeno político o social, siempre tiene criterios.

Hoy es 26 de Julio. Hace 64 años un grupo de valerosos hijos de Cuba asaltó los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, e irrumpieron para siempre en la historia de este país. Aquellos jóvenes no dejaron morir a José Martí, justo en el año de su centenario, reanudando su Revolución en lo que se conocería como el Programa del Moncada.

Después de 64 años por primera vez no está el Jefe de aquella gesta, el mismo que luego de ser amnistiado se fue a México para venir con otro grupo de conquistadores de sueños que hicieron de una embarcación de paseo un acorazado del futuro; el que tras la travesía del yate Granma vio masacrada su valiosa carga humana y a los pocos días, con solo 12 hombres en Cinco Palmas, en plena Sierra Maestra, se le escuchó la profética frase: «Ahora sí ganamos la guerra»; el que después de 760 días entró victorioso en Santiago de Cuba el jueves 1ro. Enero de 1959; el mismo que nos dirigió en defensa de la Revolución Socialista para derrotar al imperialismo en las arenas de Playa Girón, en abril de 1961; el que brilló más alto que ningún estadista en la Crisis de Octubre; quien nos ha mantenido invicto frente a guerras económicas, financieras, biológicas, mediáticas y cuánta agresión se conozca; quien nos convirtió en potencia médica, educacional, deportiva y social, pese a que el mayor imperio que haya conocido la humanidad hizo y hace todo por impedirlo.

Pero ¿quién dijo que no estará? ¿Quién podrá decirnos que no nos seguirá hablando y guiando? El 14 de julio pasado, el General de Ejército nos convocaba: «Al celebrar el Día de la Rebeldía Nacional, por primera vez sin la presencia física del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, propongámonos enfrentar los nuevos retos bajo la guía de su ejemplo, intransigencia revolucionaria y la fe permanente en la victoria».

Ejemplo, intransigencia revolucionaria y fe permanente en la victoria de Fidel. Raúl nos puso la varilla alta, ni Javier Sotomayor pasa esa altura, que digo Sotomayor, ni con una garrocha sobrevolamos esa gigantesca estatura, que sin embargo era humana, de carne y hueso, como nosotros. Pero el propio Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, también nos los ha dicho más de una vez, «el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno solo» y

«Fidel es Fidel». Sin embargo, solo actuar con esas tres cualidades nos permitiría convertir en realidad, en hechos palpables, la frase «Yo soy Fidel», que con el pecho lleno de orgullo y de fidelidad nos hemos escrito en el corazón.

No habría ilegalidades, subdeclaración ante el deber tributario, ni pago sin respaldo productivo, si cada día llevamos al puesto de trabajo –sea estatal o no estatal– esa triada de atributos; no habría robo y sí control en nuestras entidades administrativas, tampoco superficialidad en planes o complacencia en estos; produciríamos para alimentarnos y lo que es conveniente exportar.

Si nos vestimos con esa terna optimizaríamos más cada recurso, el que está para dar un servicio tendría más sensibilidad, el maestro por nada del mundo llegaría tarde a una clase, el médico sería el familiar del paciente; eliminaríamos los grandes inventarios ociosos y de lento movimiento y los procesos inversionistas no fueran presa de la improvisación.

Qué jefe a cualquier nivel, con ese tridente de valores no fuera el primero en llegar y el último en irse, conociera como nadie a cada subordinado por grande que fuera la plantilla y supiera hasta el más mínimo problema de su trabajador, bien en su puesto o en su familia.

El 13 de marzo de 1965, Fidel expresó: «Por el camino se han juntado todos los hombres dignos de esta tierra, en la larga lucha han muerto muchos hombres dignos de esta tierra. Los primeros no eran marxista-leninistas. Carlos Manuel de Céspedes no lo era, Martí no lo era, porque en la época en que vivió y en las condiciones históricas en que se desenvolvió su magnífica lucha no podía serlo. ¡Nosotros entonces habríamos sido como ellos, ellos hoy habrían sido como nosotros!».

Proponernos enfrentar los nuevos retos bajo la guía de su ejemplo, intransigencia revolucionaria y la fe permanente en la victoria es ser como Fidel. Así como él, Raúl, Almeida, Ramiro, Abel, Tassende y todos los que alumbraron aquella mañana la historia Patria no dejaron morir a Martí en el año de su centenario, nosotros para ser como ellos, nos toca mantenerlo vivo. Por eso hoy estará en Pinar del Río y toda Cuba, como hace 64 años, al frente de la tropa.

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Jorge dijo:

1

28 de julio de 2017

08:43:06


Tiene Usted mucha razón, Sierra. Leyendo su artículo recordaba que hay 2 ideas que Fidel repetía (y cumplía) que tienen mucha vigencia: Que una Revolución solo es hija de la cultura y las ideas y que hay que confiar en los hombres. Al mismo tiempo, yo pienso que muchas veces nuestra Revolución ha dejado solamente "la confianza" como único método de trabajo y se han obviado la exigencia y el control. Se puede apreciar en muchos aspectos de la vida cotidiana. Si no, ¿cómo se explica que a pesar de los reiterados reportajes sobre las deficiencias en la recogida de la basura en La Habana, este problema continúe? ¿Y qué decir del tema del robo de combustible? ¿Por qué no darle una tarjeta a cada "botero" con una asignación que tenga que comprar en los servicentros? Eso no elimina el robo de combustible estatal, pero estoy seguro que los pone en un aprieto. ¿Y por qué no se hace? Seguimos confiando en la buena voluntad de la gente (y es verdad, que hay mucha buena voluntad en nuestro pueblo), pero hay un grupo con mucha mala voluntad. Y esos, estimado Sierra, no leen el Granma, ni saben que Usted hizo un llamado a recordar a Fidel, ni ven la TV Cubana y otros muchos "ni". Por eso, ellos nunca se van a "vestir con esa terna", como Usted escribió con hermosas palabras y por el contrario, hay que dejar a un lado el idealismo que nos sigue consumiendo a veces y aplicarles la exigencia y el control. Porque, reitero, somos muchos más los cubanos que tenemos buena voluntad, pero el grupo que no la tiene hace mucho daño. Gracias.